La burbuja de Internet se desinfló en el Silicon Valley

San Francisco (EEUU), 13 diciembre 2001 (Natalia Martín Cantero, EFE). Muchos de los buscadores de fortuna que acudieron en masa a Silicon Valley, atraídos por el olor del dinero rápido que desprendía Internet, pasaron a engrosar este año las listas de desempleados, tras el desplome de las "puntocom".

Cuando en el popular cuento infantil de Cenicienta dieron las doce de la noche, la carroza se convirtió en calabaza, los caballos en ratoncillos y Cenicienta se cubrió de nuevo con sus humildes harapos.

De la misma manera Silicon Valley -el valle californiano cuna de las empresas de tecnología y del fenómeno Internet- se ha ido plagando a lo largo de este año de modernas Cenicientas, despechadas porque la burbuja de Internet se desinfló.

Los BMW, Audis y Mercedes dejaron de despacharse como rosquillas, mientras que las ventas de casas de lujo en el condado de Santa Clara, en el corazón de Silicon Valley, registraron descensos sin precedentes.

"Lo llevaron al límite. Creían que iba a durar siempre, pero se acabó de repente porque las ganancias no eran reales, sino virtuales", señaló a EFE Christine Finn, investigadora de la Universidad de Oxford en Gran Bretaña y autora del libro "Un arqueólogo en Silicon Valley".

Kien Siong Goh, de 30 años, reconoce que ganaba "una fortuna" trabajando como consultor para Organic.com, una compañía de Internet que en sus buenos tiempos empleaba a 1.200 trabajadores y que ahora, con 200 personas, lucha por sobrevivir.

A Kien Siong, graduado en administración de empresas, lo despidieron de Organic en abril, y tardó cinco meses en encontrar trabajo, con un sueldo mucho más modesto pero "más real", asegura.

Otros jóvenes hacen cola para trabajar despachando en tiendas de ropa como Gap o grandes superficies, como Target, con salarios diez veces más bajos de lo que disfrutaban antes.

La otra alternativa es buscar fortuna en otro sitio, puesto que el horno no está para bollos: en octubre, el paro en el condado de Santa Clara era de un 6,4 por ciento (frente a un 1,6 por ciento en el mismo mes del año anterior).

La crisis no ha afectado únicamente al sector de Internet, también ha arrastrado a muchos líderes tecnológicos como Hewlett-Packard, Cisco Systems o Palm, que han anunciado despidos masivos y reducciones en los beneficios de hasta un 90 por ciento.

Para Nirmal Pal, director del Centro de Investigación de Negocios en la Universidad de Pensilvania y co-autor de "La Frontera Digital", la fórmula mágica para hacer dinero rápido no existe.

"Hubo mucha avaricia. Mucha gente quiso hacerse rica muy deprisa, y los negocios no funcionan así. Las compañías de Internet son una extensión del mundo real", señaló Pal.

Para Pal, la mayoría de los éxitos en Internet son híbridos (mezcla de empresas reales y virtuales), como la librería Barnes and Noble (frente a Amazon.com, con elevadas pérdidas) o Walmart (frente a Webvan).

Para Pal, Webvan -el supermercado por Internet que se lanzó a bombo y platillo y que este verano se declaró en bancarrota- constituye un claro ejemplo del fracaso de la nueva economía.

Como ocurrió en el resto del país, los ataques terroristas del 11 de septiembre no han hecho sino empeorar las cosas, dando la puntilla a un estilo de vida que hace poco tiempo era la norma y que ahora es inconcebible.

Las fiestas navideñas a todo tren a las que estaban acostumbrados muchos empleados en Silicon Valley han desaparecido este año, y muchos restaurantes de San Francisco retiraron de sus menús los platos y vinos más caros.

Mientras que analistas y autores como Finn y Pal creen que Silicon Valley tiene que hacer un examen de conciencia, y que la recesión es buena para curar los excesos de la era de Internet, otros creen que la recuperación está a la vuelta de la esquina.

El informe titulado "El próximo Silicon Valley: lanzándose a la innovación", publicado en diciembre, asegura que el próximo boom, esta vez en el sector de la biotecnología, ya está a la vuelta de la esquina.

Como en la Cenicienta, son muchos los emprendedores de Silicon Valley que confían en un final feliz.

Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, nacion.com.


Portada nacion.com