Fadrique Gutierrez

Artista contemporáneo en medio de la nada

José Miguel Rojas


Este año se cumple el centenario de la muerte de Fadrique Gutiérrez (1841-1897), personaje legendario y pionero de la escultura en Costa Rica

A Gabriel García Márquez se le escapó incluir entre las páginas de su célebre novela Cien años de soledad, a Fadrique Gutiérrez, santero iconoclasta y derrotado miliciano.

De su semblante no existe más que una borrosa fotografía, sobre la que Juan Manuel Sánchez trazó un dibujo para darle rostro a su fantasma. Tampoco existe testimonio alguno acerca de su pensamiento estético.

Luis Dobles Segreda, en su biografía "Fadrique Gutiérrez: hidalgo extravagante de muchas andanzas", lo rescató del olvido, y Luis Ferrero le confirió un lugar como pionero dentro del panorama de la escultura costarricense, sin lo cual, su escasa obra escultórica hubiera continuado en el más absoluto anonimato.

No precisamente destaca Fadrique por ser un artista dotado, como un Lico Rodríguez o un Juan Ramón Bonilla. Incluso, observando aisladamente su obra, se nos presenta limitada en su propuesta y en calidad estética no ofrece grandes posibilidades. Sin embargo, su aporte al arte costarricense no radica en lo grandioso de su obra, por lo majestuosa, si la comparamos con toda la pretensiosa escultura que apareció posteriormente a su muerte, adornando las tumbas de la burguesía, las fachadas e interiores del Teatro Nacional y algunos parques.

Su aporte al arte local lo da precisamente en un momento en que lo único que existía en aquella Costa Rica pobre era, por un lado, lo precolombino, en aquel entonces desconocido, sepultado u oculto, y un arte imaginero importado y modesto, si nos referimos a lo realizado en aquellos humildes talleres imagineros.

Fadrique abrió el camino hacia la nueva escultura nacional, y por ende la independizó como disciplina, rompiendo con el anonimato y separando la escultura del concepto artesanal anónimo y dependiente de la iglesia.

Entre el arte y la política

Fadrique Gutiérrez Flores nació en la ciudad de Heredia el 7 de setiembre de 1841, en esa ciudad que por aquel entonces empezaba a emerger debido a la expansión cafetalera.

De sus antecedentes más remotos -gracias al relato biográfico de Dobles Segreda-, se concluye que Fadrique Gutiérrez desciende por parte de su abuela paterna de italianos florentinos.

Sus abuelos eran Ramón Gutiérrez y Andrea Uriza, esta hija de Angelo Uriza, quien llegó a Costa Rica a finales del siglo XVIII; era arquitecto y decorador de profesión, nativo de Florencia. Entre otros detalles, Angelo Uriza en el país dirigió algunas construciones y adornó varias iglesias y de paso, al parecer enseña arquitectura a Eusebio Rodríguez, a quien se le atribuye la primera fachada en piedra de La Catedral (1827).

A su vez, la hermana de Ramón Gutiérrez, María Gutiérrez, era esposa de Rudecindo de la Guardia y Robles, padres de Tomás Guardia, quien gobernó el país de 1870 a 1882. Dato significativo para un hombre como Fadrique Gutiérrez en una época en que "surge una generación de líderes políticos que se encargará de saturar el país de la idea liberal." (Ferrero, Luis: La escultura en Costa Rica. p. 31)

De aquí se desprende que Fadrique recibiera desde muy temprana edad una formación escolástica y, luego, liberal. Cuando contaba con apenas quince años de edad (1856), recibió el Diploma de Bachiller en Filosofía en la Universidad de Santo Tomás.

Por esos mismos años (1858-1859), es expatriado por causa políticas por vez primera, evidenciando con ello su espíritu inquieto, con miras hacia un camino político-militar que definirá su ideal: alcanzar la Presidencia de la República.

Aunque desde temprana edad ya se vislumbra su interés por el trance político, la escultura, si no ocupa un primer lugar en sus diversas actividades, forma parte de su conocimiento general de las cosas, siendo el arte en aquellos años algo extraño, si no, extravagante.

Exaltación creadora

Allá en el exilio perfecciona el arte de la imaginería, lo que le venía por tradición y que a su regreso a Costa Rica hace por encargo. Entre estas obras tempranas citamos: San Roque, (San Roque de Heredia); San Isidro Labrador, (San Isidro de Heredia); San Pablo, (parroquia de Heredia); San Antonio, (San Antonio de Belén); cuatro ángeles para el altar mayor de la parroquia de Heredia; la Virgen del Carmen que, según Luis Ferrero, se encontraba en el faro de Puntarenas, el púlpito de la parroquia de Heredia y el sagrario de la iglesia de San Isidro de Heredia.

A partir de la década de los años sesentas se inicia para Fadrique el período prolífico que abarca casi todo el desarrrollo de su obra escultórica (1862-1870). Es entonces cuando inicia la talla directa en piedra y es por ello el pionero. El conocimiento de este material lo aprende con el italiano Francesco Fortino, laborando como aprendiz a la usanza de la antigua tradición renacentista y no de manera anónima, como se hacía en los talleres imagineros.

En su obra, desarrollada entre 1862 y 1872 aproximadamente, el escultor, sin abandonar su interés por lo religioso, eligió la piedra como material. En lugar de esculpir para las hornacinas y el oscuro interior de las iglesias, o las procesiones, desafió el exterior, el viento, el sol y la lluvia con sus monolíticos santos. No obstante, tendríamos que decir que a pesar de su osada y titánica aventura, -porque sus santos son prácticamente obras monumentales-, el aspecto hierático y frontal que las caracteriza nos muestra a Fadrique Gutiérrez aún apegado a su tradición de imaginero.

Entre estas obras señalamos las imágenes de San Simón Stok (1862: iglesia del Carmen de Heredia); San Pedro (¿1863?: nicho central de la fachada de la parroquia en Heredia); San Juan de la Cruz (1862: iglesia del Carmen en Heredia) y Santo Domingo de Guzmán y San Rafael que fueron destruidos por los temblores de 1888.

En su poético libro Francisco en Costa Rica, Francisco Amighetti relata: "Iba también al Carmen cuya cúpula flanquean dos santos que talló Fadrique Gutiérrez, a fines del siglo pasado. Max Jiménez que llegaba a visitarme en Heredia, pudo ver de cerca esos santos cuando los bajaron para reparar la iglesia. Lo miré abrir sus ojos, asombrado de la fuerza que irradiaban aquellas figuras macizas, que una vez colocadas donde estaban antes, se vuelven en lo alto ligeras y pintorescas, se borra la exaltación tallada en sus rostros, pierden la gravidez románica y se disuelven en el aire."

En cuanto a su obra no religiosa e inspirada en la mitología clásica griega, Fadrique Gutiérrez ensaya por vez primera temas de carácter pagano.

Como pieza única destaca su "Esculapio" o "Asclepios" (dios de la Medicina e hijo de Apolo), dentro de la tradición imaginera, lo que nos hace pensar que en su caso concretamente, el paso de lo religioso a lo profano no se operó de manera abrupta sino lenta y progresiva. Por la escala de la pieza podría deducirse que es una imagen por encargo y, como tal, Fadrique Gutiérrez eligió la talla directa en madera y policromada, lo que acentúa su carácter de ícono tradicional.

Escultura en piedra y concebida para ser expuesta en el exterior, sobrevive su "Neptuno" (1863), fragmento de una fuente que fue destruida de manera inclemente. De esta formaban parte en sus costados el autorrelieve de Rebeca dando a Simeón el agua del pozo y un grupo de ninfas saliendo del agua, ambos destruidos.

También esculpió en piedra un desnudo conocido como La Eva (1863), considerado hasta la fecha como el desnudo más antiguo que se conoce en el país y por esto, un hito en la historia del arte costarricense. Al parecer formaba parte de un grupo de quince a dieciséis figuras, las cuales estaban colocadas en la parte superior de la tapia que bordeaba los Tanques Municipales de Heredia y que probablemente fueron destruidas al demoler dichos tanques.

Lo hierático, su frontalismo, y la falta de expresión en su rostro, pareciera seguir relacionado con el canon de la imaginería, sin embargo, curiosamente, en mucho recuerda la escultura arcaica griega (siglo Vll a.C.): nos referimos a los kuroi y a las korai, "ofrendas que tenían la finalidad de servir permanentemente a una deidad, en sustitución de la persona que las dedicaba". (Historia del arte, tomo 2, Océano, grupo Editorial, España, p.250).

Por estos años en que Fadrique esculpe la fuente del "Neptuno" llega al país (1862) el pintor francés Aquiles Bigot, quien perteneció a la Logia Masónica y se dedicó a retratar a las familias adineradas y políticos. Este artista será quien enseñe el oficio de la pintura a Fadrique. Según cuenta Luis Dobles Segreda, sus pocos retratos se perdieron "en esa dispersión anónima que sufren los cuadros familiares". No se sabe con exactitud cuándo se dedicó Fadrique a la pintura, pero se deduce que fue en esa misma década de los sesenta.

Trifulcas políticas

Se calcula que ya en la década de los setentas Fadrique Gutiérrez abandona casi por completo el arte y otras actividades para dedicarse de lleno a la vida política. Lo atestiguan algunos acontecimientos como, por ejemplo, el golpe de estado en contra de Jesús Jiménez el 27 de abril de 1870, donde Gutiérrez lucha al lado de Tomás Guardia.

Durante este acontecimiento se narra que, para el asalto al Cuartel de Artillería en San José, Fadrique utilizó como señuelo un tipo de cámara fotográfica que Luis Dobles Segreda describe de la siguiente manera: "Fadrique Gutiérrez cargaba al hombro un gran trípode, con fuelle y carro correspondiente, de aquellos que todavía eran novedad y sobre los que se enhorquetaban las antiguas cámaras fotográficas, casi del tiempo de don Nicéforo Niepce, que las inventó. Mercedes Gutiérrez, su primo hermano, llevaba a cuestas la cajona en que se suponía que iban las placas que entonces estaban en uso, según el sistema ideado por don Luis Jacobo Daguerre."

Después de tan sonada victoria, Tomás Guardia asigna a Fadrique a la Comandancia y la Gobernación de Heredia y casi inmediatamente fue ascendido a General. En ese mismo año es enviado por Tomás Guardia a la isla del Coco, bajo el cargo de Teniente de Gobernador, con la intención de que resguardara esa isla, pues temía que fuera ocupada por los Estados Unidos. Por esos meses, decepcionado, Fadrique desea abandonar la política para ocuparse de cultivar la tierra, siendo acusado de deserción, lo cual lo lleva a andar huyendo de la autoridad por todo el país.

Pasado cierto tiempo, en 1872, esculpió en piedra el busto de Próspero Fernández Oreamuno y en 1876 diseñó y construyó el Fortín de Heredia. Es una época en que se dedicó al dibujo de planos arquitectónicos, de lo cual dependió económicamente. No conformándose con dibujar, dirigió los planos del Instituto de Enseñanza de Alajuela y participó en la construcción de varias casas en Heredia. Entre esas, se conoce la casa que él mismo habitó, conocida como la Fortina (1876), de la cual Dobles Segreda señala haberla contruido Fadrique de manera "exprofeso para establecer en ella una fábrica de aguardiente clandestina".

No obstante, en ese mismo año (1876), nuevas causas lo llevan al exilio por segunda vez. A su regreso, y nueve años después según el decreto No. LXIV del 26 de noviembre de 1885: "Se priva a Fadrique Gutiérrez del grado de general de división y se le despide de las milicias nacionales por el delito de conspiración".

De 1882 a 1892 marcha al exilio por todo Centroamérica, período en el que, valiéndose de su experiencia como militar, sirve en varias comandancias de cuartel.

A su regreso al país, y a pesar del cansancio, sus amistades le instan para que participe como candidato en las elecciones del año 1894. Con entusiasmo, se postuló como candidato del Partido Agrícola. Después de las elecciones primarias, el partido que comandaba Fadrique Gutiérrez se unió a otros dos partidos: el Partido Liberal y La Unión Católica. De estos tres surgió un solo representante, el doctor Juan J. Flores. Para las segundas votaciones se enfrentaron el Partido Liberal con el doctor Flores y el partido de oposición, o sea, el Partido Civilista. Pero los tres representantes del Partido Liberal fueron encarcelados en el Fortín, se cometió fraude y eligieron como presidente de la República a Rafael Yglesias Castro.

Por tercera vez, Fadrique Gutiérrez es exiliado. En esta ocasión vivió en El Salvador y, al regresar al país, se le negó residencia en las provincias de Heredia y Alajuela. Finalmente fue confinado por el presidente Rafael Yglesias Castro a vivir en Esparza, donde murió el 5 de febrero de 1897, a la edad de cincuenta y cinco años.

Meses después, la Escuela Nacional de Bellas Artes se asentaría en el país y el Teatro Nacional se inauguraría con gran esplendor. Con ello principió el apogeo del arte académico en Costa Rica, y por ende, un arte laico-liberal, idealizado y pagano, del cual no solo Fadrique Gutiérrez es pionero y deudor, sino también el único artista, en solitario, que tuvo la visión de mirar más allá de sus fronteras...: un artista contemporáneo en medio de la nada.


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