Naranjo, Patria y Lennon

Gerardo Bolaños González


A las 10 en punto de la mañana del 9 de octubre de 1985, Yoko Ono Lennon, con sus infaltables lentes oscuros, cruzó la calle de los apartamentos Dakota en Nueva York hacia Central Park.

Vestida de blanco, la viuda del más famoso de los famosos Beatles caminó hasta la Puerta de las Mujeres y se adentró en un jardín de poco más de una hectárea, en forma de lágrima.

Ese día John Lennon habría cumplido 45 años. Ese día, Sean, el hijo de ambos, que caminaba a la par de Yoko Ono con un brazo en cabestrillo, cumplía 10.

Se la vio respirar profundamente. El jardín olía a recién plantado y las piedras de los senderos relucían como si acabara de llover. Árboles y plantas de 150 países (menos Costa Rica y los Estados Unidos) se disputaban un lugar en la pequeña historia de lo que fuera un oasis para ella y su marido: Strawberry Fields, así llamado por una canción de los Beatles, "Strawberry Fields Forever".

Yoko Ono bajó la cabeza y su mirada se depositó en un mosaico italiano, blanco y circular, formado de pequeños retazos de mármol, en el centro del cual vio la palabra "Imagine", desprendida del título de otra de las canciones de Lennon, en la que celebraba la hermandad y la paz entre los seres humanos.

Después se dirigió hacia el estrado donde se haría la declaratoria oficial del jardín de paz. "John Lennon fue un poeta que murió demasiado joven", dijo con voz firme a pesar de la emoción. Recordó que fue en ese parque donde dieron su última caminata juntos y como John se sentiría orgulloso de que le dedicaran un pedazo de naturaleza en lugar de una estatua o un monumento.

No fue fácil dedicar a John Lennon aquel Jardín Internacional de la Paz casi cuatro años después de que cayera acribillado por los balazos de un sicópata en el edificio Dakota. Algunos síndicos republicanos de la Ciudad de Nueva York, por razones ideológicas, querían que en lugar de Lennon el homenajeado fuera Bing Crosby, pero la moción, presentada en 1981, no prosperó.

Luego vino el problema causado por un anuncio de Yoko Ono en el diario The New York Times, en el que solicitaba árboles y piedras de todos las naciones del mundo. Algunos países comenzaron a enviar plantas que solo podían crecer en su propio suelo o prometieron regalos inaceptables para la Comisión de Parques de la ciudad. Por ejemplo, una fuente francesa, un tótem de las Islas Aleutas, o una amatista gigante del Paraguay.

La Comisión designó a un paisajista para que diseñara un plan que conciliara los anhelos de Yoko Ono con las regulaciones municipales. Al principio, el paisajista no le cayó bien, pero después de que este mencionó que su fecha de cumpleaños era la misma de la muerte de Lennon, un 8 de diciembre, Yoko Ono se congració con él. Incluso aceptó sin chistar que no se pusieran piedras de ningún país y que sólo escogiera uno de los regalos internacionales, por lo que se decidió por el mosaico italiano.

El paisajista comenzó a trabajar y plantó los cerezos silvestres que le envió la Princesa Grace de Mónaco, abedules rusos, arces canadienses y bulbos de narcisos holandeses. Plantas de países que no se llevaban bien comenzaron a coexistir: a la par de un cedro de Israel crecieron arbustos de Jordania, lo cual satisfizo a Yoko Ono.

Sin embargo, dos países que tradicionalmente se entienden muy bien no quedaron representados al inicio. Los Estados Unidos, donde Lennon vivía desde 1969, no respondió oficialmente a la solicitud de Yoko Ono. Hay que recordar que hubo intentos por expulsar a John Lennon por su oposición a la guerra de Vietnam, materializada en canciones como "Give Peace a Chance". Y el árbol de Costa Rica no llegó pues los burócratas ticos encargados de emitir los permisos de exportación no los tramitaron a tiempo para la inauguración...

Pero Yoko Ono cambió la idea de las piedras por poemas de todo el mundo. Así, el poema que representaría a Costa Rica le fue encargado, por decirlo así, a la poetisa Carmen Naranjo.

Alguna vez, Carmen me dijo que no había quedado satisfecha, comentario que atribuí a demasiada exigencia de sí misma, o a que presentía que su descripción de Costa Rica y los costarricenses se iba diluyendo a medida que lo escribía.

Como sigo creyendo que Carmen Naranjo es mejor poetisa que novelista, he rescatado el poema de mi Cajón Desastre, donde figuraba con mis notas de esa mañana de octubre de 1985 en que me tocó representar a la Fundación de Parques Nacionales de Costa Rica en la inauguración de Strawberry Fields, para cuya remodelación y mantenimiento Yoko Ono aportó un millón de dólares.


Punto de partida y regreso: Costa Rica

Carmen Naranjo
En cualquier parte del mundo
amanezco y anochezco
costarricense
con esa forma cortés
que cree en lo bueno
y sigue creyendo
después de la burla
y de la estafa.
No podría inventar mi tierra
porque la llevo
enredada en el alma.
No soy consciente
de lo que es ser costarricense
pero inconscientemente
por cada poro se me sale
y hasta sueño universos
con sus siluetas de montañas.
Cuando veo un mapa
siento que todo el país
me cabe en el puño cerrado
aunque sea una tierra
con la mano abierta.
No sé ni me importa
como la ve un extranjero.
Sé que es mi paisaje
el lugar donde duermo
y a veces oigo que me
canta canciones de cuna.
Hay días que me levanto
para admirarla
y se me hace luz
y fiesta de lluvias.
Hay días que no la veo,
la habito como la casa propia
que a veces no se siente.
Otros días se me hace silencio
y me agobia
con su mecanismo de cosa conocida.

Desde el avión es continente
y de regreso rincón dulce.
Dicen que somos mediocres
porque aquí todo es suave,
pasan cosas poco interesantes,
un crimen pasional duerme en las calles,
un chisme interrumpe esquinas,
una anécdota deshace prestigios
y una democracia de votos y libertades
navega sobre dependencias.
Somos pobres con terror de pobrezas
y a veces somos ricos en sueños,
cada uno quiere casa y parcela,
nombre y renombre fáciles,
cada quien ambiciona aire,
cielo azul y patria con pan
y algo más por si acaso.
No es extraño que lo extraño
asuste un poco
y asusta mucho
que asuste tanto
el quebrar hipocresías
y el deshacer eslogans
que es una forma de ser
sin ser en realidad lo que se es.
En cierta forma igual
a cualquier tierra del mundo.
Se encumbran conceptos de patria
y la patria es simple:
un lugar donde alguien te conoce
y a lo mejor te quiere.
Aquí en esta tierra
pronto tendrás lugar,
alguien que te conozca
y a lo mejor te quiera.


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