El Pacto de la Embajada de México

Oscar Aguilar Bulgarelli


l948: 50 años después es el ciclo de conferencias que comienza mañana a las 7 p.m. en el Centro Cultural de México. Se extenderá hasta el viernes 13 de marzo y ha sido organizado por la UCR, el Centro de Investigaciones en Identidad y Cultura Latinoamericanas (CIICLA), el Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH) y el Centro Cultural de México. Resúmenes de algunas de las exposiciones por presentarse conforman las páginas siguientes.

El 15 de abril de 1948 la Guerra Civil había llegado a un punto crítico y casi final para las fuerzas del gobierno de don Teodoro Picado. Ese día las del Movimiento de Liberación Nacional, comandadas por don José Figueres, ya habían tomado Limón y Cartago entre otras poblaciones importantes, por lo que se aprestaban a una batalla final en San José, que sería indudablemente sangrienta. A su vez los miembros del Estado Mayor del Gobierno, don Ricardo Fernández Peralta (hijo del ilustrísimo historiador don Ricardo Fernández Guardia) y don Daniel Sibaja Quesada informaron al presidente Picado de la precaria situación en que se encontraban las fuerzas oficiales por la escasez de armas y municiones.

Es en ese marco difícil donde surge con toda su plenitud y grandeza el espíritu humanista y la inteligencia especial del Lic. Teodoro Picado, quien comprendió que su deber como Presidente de la República no era aferrarse al poder a costa de la vida y el sufrimiento innecesario de muchos costarricenses, sino buscar una salida airosa e institucional a aquella compleja situación. Sobre esta actitud patriótica de don Teodoro Picado, el presbítero Benjamín Núñez, Capellán del Ejército de Figueres y negociador en aquel momento con el Gobierno, dijo años después lo siguiente: "...realmente nos retiramos a una oficinita donde don Teodoro dio mayor expansión a sus sentimientos humanos. Yo creo que don Teodoro era un hombre bueno, desgraciadamente las circunstancias y los hombres que lo rodearon lo indujeron a hacer cosas que la historia deberá juzgar y que en aquel entonces repudiamos muchos costarricenses. Don Teodoro en el fondo era patriota; en el fondo quería ayudar a Costa Rica; sabía, como historiador que era, la responsabilidad histórica que tenía entre sus manos y en aquel momento quiso actuar con toda la altura de un hombre de letras, de un hombre conocedor de la historia y como un ciudadano que quería terminar, por lo menos en sus últimos gestos, con actos que fueran juzgados favorablemente por la historia...". El mismo don Teodoro reconoció que para buscar la paz debía evitar un mayor derramamiento de sangre no solo de las fuerzas del gobierno sino también de los alzados en armas, y que para lograr la paz de la República, los vencidos no debían sufrir persecuciones.

Con este pensamiento, don Teodoro Picado reunió al Cuerpo Diplomático y le solicitó, a través del Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, que tomaran bajo su protección la ciudad de San José y estudiaran la posibilidad de negociar la paz con las fuerzas revolucionarias. Así, una comisión nombrada por el Cuerpo Diplomático solicitó una cita con el Estado Mayor de las fuerzas de Liberación Nacional, quienes fueron recibidos en el Colegio San Luis Gonzaga de Cartago, en donde dieron a conocer la propuesta de rendición negociada del Gobierno. La respuesta fue la solicitud de una rendición incondicional y el nombramiento, por parte del Congreso de los señores José Figueres, Alberto Martén y Fernando Valverde como designados a la Presidencia, y garantizaban las vidas y haciendas de sus adversarios, salvo las responsabilidades civiles correspondientes, declaradas por los Tribunales. También garantizaron el asilo diplomático. El mismo 13 de abril, don Teodoro respondió negativamente aquella oferta en lo que se refería a las designaturas ya que consideró, como en efecto lo era, que aquello no respondía a las aspiraciones de la mayoría de los combatientes, que lo habían hecho a nombre de los derechos electorales de Otilio Ulate. Por otra parte, el Partido Comunista solicitaba que se incluyera el respeto a toda la legislación social, que se había logrado en los ocho años anteriores.

En estas circunstancias y gracias a la intervención del Cuerpo Diplomático representado por el Nuncio Apostólico monseñor Centoz, el embajador de México, Carlos Darío Ojeda, y los embajadores de los Estados Unidos, Panamá y Chile, se logró que el grupo revolucionario de Figueres nombrara al padre Benjamín Núñez como delegado plenipotenciario para negociar directamente con el presidente Picado el fin de las hostilidades; reuniones que se celebrarían en la Embajada de México, la cual prestó su sede generosa y fraternalmente para que ahí se realizaran las entrevistas correspondientes.

El día 14 de abril se efectuó la entrevista del presidente Picado y el padre Núñez, que tuvo una primera parte de carácter privado entre aquellos dos hombres a los cuales el destino les había dado la responsabilidad de encontrar una fórmula que evitara un mayor dolor a la sociedad costarricense. Por eso era necesario una actitud de sinceramiento ético y espiritual, que solo podía lograrse con unos momentos de privacidad absoluta. Pasados esos minutos y ante la comisión de diplomáticos reunida en la Embajada de México, el presidente Teodoro Picado y el comisionado Benjamín Núñez se pusieron de acuerdo en las bases de lo que tradicionalmente se ha conocido con el nombre del "Pacto de la Embajada de México", y que consistió en garantizar, por parte de las fuerzas revolucionarias, la vida y los bienes de aquellos que habían participado en actividades de gobierno en los ocho años anteriores; además, el Lic. Teodoro Picado aceptaba renunciar a la Presidencia, al igual que el Segundo Designado, y entregar el poder al Tercero que era el ingeniero Santos León Herrera, persona ampliamente respetada, querida y de reconocida probidad. Esta última condición era fundamental, pues de esta manera don Teodoro Picado no rompía el orden constitucional y don Santos León Herrera, con una alta dosis de sacrificio que el país todavía no le ha reconocido, se haría cargo del gobierno de Costa Rica para terminar el período constitucional y así, las fuerzas de Figueres podrían entrar pacíficamente a San José y hacerse cargo del Gobierno el día 8 de mayo, una vez finalizado el período de Gobierno.

Solo quedaba un punto por resolver: el Partido Vanguardia Popular, representado por don Manuel Mora, exigía se garantizara la vigencia de la legislación social; era lo único que solicitaba el Partido Comunista y eso es digno de ser reconocido. Para esto se coordinó una entrevista entre Manuel Mora, Figueres y el padre Núñez en Ochomogo, en un lugar conocido como "El Puente del Fierro", en la que -también con la participación posterior del escritor Carlos Luis Fallas- Figueres y Núñez dieron las garantías que pedía el Partido Comunista.

Con estos acuerdos verbales, que se confirmaron por escrito en los días previos al 19 de abril de 1948, se firmó ante los representantes diplomáticos el llamado Pacto de la Embajada de México.

Muchos detalles quedan sin narrar en la brevedad de este artículo, y al tener que escoger algún punto por destacar para finalizarlo, creo que dos aspectos merecen subrayarse: 1)-La generosidad de los representantes diplomáticos y en especial del Embajador de México señor Ojeda y 2)-la actitud patriótica del ingeniero Santos León Herrera, al que don Teodoro Picado calificó de "varón excepcionalmente ecuánime, justo y honrado. Difícilmente podía encontrarse un hombre de mejores credenciales para desempeñar la Presidencia de la República en una época de peligrosa transición. El cargo en esta oportunidad era más pesado que en cualquier otra época..."

Cincuenta años después sería justo que el próximo 19 de abril, en homenaje a este gran costarricense, se develara su retrato en el Salón de Expresidentes de la Asamblea Legislativa, ya que no solo fue Presidente Constitucional de la República, por renuncia del titular, sino también ejemplo de entrega desinteresada en los momentos difíciles que vivió la Patria, cuando no se reclamaban honores sino que se exigían sacrificios.


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