Al César lo que es de él

Aurelia Dobles


César Maurel muestra sus avances artísticos en una exposición que se inaugura el próximo 7 de octubre en el Centro Cultural de México

Si distraídos y triviales nos atenemos a los estrenos de teatro, a las presentaciones de libros y a la fama, César Maurel quedaría encasillado como el marido de Ana Istarú. Alguna gente de intenciones ambiguas gusta de llamarlo príncipe consorte de actriz y poetisa tan famosa, para curiosear cómo reacciona el susodicho. Mas César Maurel, con la claridad en el trasfondo de sus ojos negros mozárabes de París, comprende el sustrato de las envidiecillas y se divierte pintando a grupos de personajes de coctel con caras de calaveras. También es profesor de francés en el Franco Costaricien y el responsable de que los alumnos se expresen en un periódico estudiantil.

Su pintura es la realidad trascendente de un artista que explora el dibujo y el color a impulsos de genuina creación.

El estudio en plena casa bulle como un caldero donde otro amigo pinta lo suyo pero también le ayuda a César a enmarcar, rodeados de rollos y bocetos, libros, dibujos de las hijitas pegados en las paredes, junto a una foto de Ana reinando en pequeño.

Su obra lo refleja: colores francos, atrevidos, bien contrastados, una alegría en el conjunto que no desdice la ironía y la crítica sutil del entorno social, y movimiento, mucho movimiento, como él cuando gesticula, camina raudo, esgrime un cigarro o se burla del mundo y sus contradicciones. "Nada me sorprende", nos dice a la fotógrafa Patricia y a mí, cuando lo ponemos horizontal en un diván.

Va a exponer 18 obras sobre papel en el Centro Cultural de México, de las que cuatro son grabados, su nueva incursión. Nos cuenta:

"Hay mucho juego con caligrafías que sirven de fondo; ese rollo de uno con la literatura y la lucha del cuadro entre plástica y anécdota narrativa. Hay varias obras de la serie de los Cocteles: esos viejos comiendo gente..., el carnaval de calaveras, antropofagias sociales... Aparte de la escritura también reivindico el futbol, que no es solo una pachucada; también pinto escenas de conflictos o peleas; me gusta enseñar cómo va uno buscando cuando trabaja y por eso también expongo bocetos de esta etapa de búsqueda que luego remata en un cuadro más grande; asimismo están los temas míos de los bailongos."

Hay una nueva definición exultante en los conjuntos: "Sí, las cosas se van aclarando cada vez más. Los grupos antes eran tajadas de muchedumbres; ahora el mismo espacio va definiendo las figuras, por medio del fondo; el grafismo ahí es un aire habitado, grafismo interior y exterior a los personajes. El acto de crear y pintar es organizar el caos: si estoy aquí todavía cuando tenga 80 años, seguiré en lo mismo, pero se va aclarando la temática."

César Maurel ha hecho mucho trabajo gráfico en periódicos y revistas, un tipo de dibujo de humor e historietas. "Antes eso era aparte de la pintura pero ahora lo asumo como parte de ella. Uno es un todo y quiero imprimirle un poco de humor, causticidad a los mismos temas. Para los dibujantes de humor yo era más pintor y para los pintores, más dibujante, pero ahora reúno los pedazos de ese rompecabezas que es uno."

Fue en 1980 cuando Maurel empezó a tomarse en serio como pintor. Formó parte de un grupo de pintores en Francia, de donde es oriundo. "Más que exposiciones hacíamos acciones plásticas: como pintar un mural entre cuatro durante un concierto de rock, subidos en andamios, o paredes de un París en demolición, con asistencia de la prensa y eso; hasta nos pedían pintar chaquetas y carros... Después me vine a Costa Rica: pasé a Venezuela a ver a un amigo y luego me instalé aquí."

Su primera exposición en el país fue en 1991, "He estudiado sobre todo en talleres, de aprendiz con pintores, como se practica mucho en Francia. Aquí en Bellas Artes estudié sobre todo en el taller de Juan Luis Rodríguez."

César es un pintor de impulsos; le gusta terminar el cuadro de una vez y para esa emotividad se le da muy bien el soporte de papel. "Me permite expresarme con mayor emotividad, fuerza, elegancia. Me gusta el olor de la tinta, tocar el papel, me permite mezclar el dibujo con las manchas."

Está muy entusiasmado con el descubrimiento del grabado sobre madera. En una época, la vecindad con Paco Amighetti en Sabanilla lo hizo conocer un poco la técnica y el creador Adolfo Siliézar lo conminó hace poco a practicarla. "Me gusta jugar con las gubias y la madera y el resultado que da; ahora expongo los cuatro grabados que me parecen más presentables y pienso seguir en ello."

Y qué del príncipe consorte

César y Ana Istarú tienen 16 años de casados. Ya que lo tenemos en el diván, no me aguanto: ¿Qué significa ser el esposo de Ana Istarú en la pequeña Costa Rica, donde es tan conocida?

-Tiene por supuesto muchas ventajas, pues me ha abierto puertas, conocer gente que de otra manera hubiera sido más difícil. Pero siempre corre uno el peligro de que se diga que Ana es muy buena escritora y su marido muy buena gente pero no tan buen pintor. En una época me identificaban por el poemario de Ana, Estación de fiebre, porque yo era el que ahí mencionaban, había una expectación sobre ese fulano a quien le dedicaban el libro... Si los decepcioné yo no lo sé pero sé que tuve muchos apodos. Es más una cuestión de figura pública porque hemos hecho uno que otro trabajo en común, pero muy pocos, pues somos muy distintos en el campo de la producción artística, y eso nos protege de los celos entre nosotros. Hemos mantenido una especie de patio privado, que es lo que hay que mantener en las parejas; incluso amigos propios que no son necesariamente los del otro. Claro que me importa su opinión y ella siempre me lee sus poemas u obras de teatro. Hay pequeñas influencias de uno en el otro, de la vida en común, pero no son directas.

No siempre es fácil ser el esposo de Ana, porque hay además una curiosidad. Yo soy extranjero y la misma Ana me ha hecho fama de buen esposo, padre y amante. No creo merecer coronas o flores por esto. No soy perfecto ni mucho menos, pero Ana me quiere y así me pone. Es una imagen pública difícil de llevar... Seguramente solo para Ana soy así, tan genial... Aquí tiene que ver más su talento que mis virtudes personales pues son como representaciones.

Vengo de una familia de actores, el arte y la literatura han sido muy importantes. Mis padres son grandes lectores y tienen muchos amigos escritores, así que no fue raro para mí ver parejas de artistas como modelos de vida en común que funcionaban. Que le dieran a Ana mucha pelota en Francia el año pasado, con les Belles Etrangères, me cayó muy bien, porque allá dejaba ella de ser la esposa de César y brilló por su propia luz. Mis amigos se dieron cuenta de que ella tenía méritos propios.

En Costa Rica no me gusta poner delante que soy el esposo de Ana, porque no quiero que parezca que me beneficio de eso. Es posible que alguna gente se haya interesado primero en mi pintura por esa circunstancia, pero si luego la compraron, es porque les gustó.

Francamente estoy muy contento de que ella sea famosa: que lo sea no me quita nada, ni directamente me aporta."


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