Una página del Talmud en Quijote


"Seamos sinceros: El Quijote es un equívoco.

Todos los ditirambos de la elocuencia no han servido de nada.

Todas las rebuscas eruditas en torno a la vida de Cervantes no han aclarado ni un rincón del colosal equívoco."

José Ortega y Gasset

Jurgen Ureña

La literatura, en su amplia dimensión documental, expresiva, lúdica y alegórica, ha posibilitado que desde sus inicios, hace más de cuatro mil quinientos años, los libros encierren varios sentidos más allá del literal. La trascendencia de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, ha hecho que el Día del Libro se conmemore en el aniversario de la muerte de Cervantes, y que la pertinente epopeya de Alonso Quijano, convertido en caballero de la triste figura por virtud de unos libros leídos, sea celebrada y discutida por miles de personas alrededor del orbe; sin embargo, es mucho lo que en nuestro viaje de lectores nos queda aún por recorrer. Un intelectual costarricense ha ampliado los caminos a través de ese complejo universo de símbolos, al descubrir una página del Talmud transcrita casi literalmente en la obra de Cervantes. Bernardo Baruch, autor de tan extraordinario hallazgo, ha accedido amablemente a conversar sobre el tema. Baruch es abogado, diplomático, protagonista en la famosa Ley de Neutralidad, y estudioso del judaísmo en Costa Rica, respecto de lo cual ha hecho importantes publicaciones.

Don Bernardo, ¿qué circunstancias históricas propiciaron la transcripción de una página de la tradición hebrea, en una sátira castellana de las novelas de caballería?

-Yo no creo que Cervantes tuviera la intención de criticar las novelas de caballería, como se ha dicho durante siglos. La crítica era más bien contra la Inquisición, representada en el enfrentamiento de don Quijote contra sus "gigantes peligrosos", los molinos de viento. El emblema del Santo Oficio era la cruz de San Andrés, que tiene exactamente la misma forma que las aspas de los molinos: la crítica debía hacerse de esa forma, oculta, para huir de la hoguera. Por aquella época, ya había pasado un siglo desde la gran expulsión de los judíos de España, y la Inquisición perseguía a los que practicaban en secreto su fe. Cervantes se las ingenió para vencer, a su manera, a ese gigante.

Los musulmanes denominaban antiguamente a los israelitas "la gente del libro", y Heinrich Heine hablaba del pueblo judío como una nación cuya patria es un libro: la Biblia. En este contexto, ¿qué significa el Talmud para la cultura hebrea?

-El origen de la denominación "el Pueblo del Libro", en mi modesto criterio, se origina en la tradición de la enseñanza a los niños de la Torá, compuesta por los primeros cinco libros de la Biblia, los veinticuatro de los profetas y el Talmud. Así, los judíos hemos aprendido a valorar y a querer el libro desde nuestra niñez. El Talmud es un compendio de diálogos y estudios intelectuales que datan del año 300 A.D. al 700 D.C., y está formado por 63 tratados que hablan de lo santo y lo profano, la medicina, la astronomía y fundamentalmente el derecho. Dentro de la tradición judía, la enseñanza es el pan espiritual, tan necesario como el pan material.

En el capítulo VI de la primera parte de la novela de Cervantes, el cura y el barbero revisan la biblioteca de don Quijote con la intención de quemar los libros que consideran peligrosos para él . ¿Podría entenderse el pasaje como una referencia a la persecución de ciertos textos como el Talmud?

-Sin duda, el Talmud era uno de esos libros considerados peligrosos. Había en aquella época una sentencia decretada por los Papas Inocencio III y Gregorio IX, que ordenaba la quema del Talmud, y con el libro, se quemaba a veces al propietario. De esta persecución hay muchas referencias en El Quijote, huyendo siempre de la Santa Hermandad y de sus atrocidades que violaban el propio evangelio, como lo ha reconocido recientemente el Papa en Egipto.

Se entiende entonces la necesidad de rescatar, mediante la transcripción, un conocimiento en peligro...

-Yo diría que la página transcrita pretende no solo el rescate de la sabiduría del Talmud, sino el de un todo que yacía apresado bajo la bota inquisitoria.

Usted decía anteriormente que de esa opresión surgió la necesidad de recurrir a un código secreto. ¿Podría referirse un poco más al lenguaje esotérico de El Quijote?

-Cervantes vivió el esoterismo en carne propia y eso se respira en toda la novela, donde al igual que en la Biblia, el significado interpretativo va dirigido a tres tipos de conciencia: para el lector común lo literal; para exégetas, las interpretaciones, y para mentes profundas, la metáfora. En el caso de El Quijote y las circunstancias que rodearon a Cervantes, Dulcinea del Toboso se relaciona con la expresión hebrea "la novia dulce del Shabat"; el cardenal Aquaviva podría entenderse como una referencia a la Torá, llamada por muchos autores "Maim Jaím" o "fuente de vida"; y el propio nombre de Cervantes Saavedra podría leerse como un seudónimo, medio muy utilizado por los autores cabalistas, de "el servidor del saber." El texto está lleno de este tipo de referencias; para mí fue relativamente fácil entenderlo de esta forma, por mi aprendizaje con lecturas de interpretación, y porque al leer desde niño muchas historias sobre el tiempo de la Inquisición, conocía bien la experiencia clandestina y riesgosa de los judíos conversos.

¿En qué circunstancias se produjo el hallazgo de la página transcrita?

-El hallazgo si bien de gran impacto, fue casual. Yo había leído El Quijote para el bachillerato y en la universidad. Más tarde, releyendo el libro para escribir un artículo periodístico, busqué las moralejas de la grandeza, la astucia e inteligencia de Sancho como gobernador y juez de la Isla Barataria, y las relacioné de inmediato con las clases del Talmud de mi adolescencia; pero ¿dónde?, ¿en cuál de los sesenta y tres tratados y en qué página había leído yo aquello? Varios años después, buscando referencias para otro tema, me topé con la página veinticinco del Tratado Nedarim: la historia conocida en la tradición talmúdica como "La Caña de Raba", en referencia al rabino encargado del juicio y al dinero oculto en la caña. Entonces me di cuenta de que se trataba de la página transcrita casi literalmente.

La pregunta resulta inevitable: ¿cómo es posible que no se hiciera antes tal descubrimiento?

-Por razones culturales, el desdén histórico y la prohibición del Talmud, que retrasó el avance de la ciencia durante varios siglos. El Talmud quedó destinado a las escuelas rabínicas y esto hizo que, difícilmente, quien lea a Cervantes, conozca también el Talmud y viceversa. Las circunstancias y oportunidades casuísticas me permitieron hacer el descubrimiento; algo que nadie encontró ni se atrevió a cuestionar durante casi cuatro siglos. Ahora hay muchos cervantistas que toman en serio la posibilidad de estudiar desde este punto de vista El Quijote y comparten la idea del origen sefardí de Cervantes.

Parece una feliz coincidencia que la página transcrita se refiera a un hombre que oculta un tesoro dentro de un báculo y a otro que lo descubre...

-La anécdota del dinero oculto en el báculo, en manos del acreedor cuando el otro jura habérselo devuelto, pone de manifiesto la sencilla inteligencia de Sancho frente a la "jugada del deudor"; pero también pudo ser usada por Cervantes como una referencia al problema de la fe oculta, guardada como un tesoro frente a la sociedad.

El lector es quien enriquece el libro. Usted ha ampliado, definitivamente, los criterios de lectura de El Quijote. ¿De qué manera ha dado frutos esta particular forma de leer el texto?

-Desde el descubrimiento, hace quince años, animado por Víctor Pérez e Isaac Felipe Azofeifa, publiqué un libro titulado Una página del Talmud en el Quijote, he dado conferencias en universidades y centros culturales de varios países y por todo ello, he recibido elogios pero también algunas críticas. En un periódico venezolano, un prestigioso periodista se preguntaba ¿cómo se atreve a decir, un judío costarricense, que Cervantes no era un español de "pura sangre"?; ¿cómo se atreve a manchar a Cervantes? Por otro lado, muchas personas se han mostrado positivamente sorprendidas con mi investigación. Un profesor español cervantista, me decía: "Yo tengo doscientas cincuenta ediciones diferentes de El Quijote; las he leído casi todas, y con su trabajo me di cuenta de la forma en la que a partir de ahora, tengo que comenzar a leer." Los frutos de la investigación llegan poco a poco, pero aumentan cada día. El hecho de haber despertado el interés de tantas personas, es para mí muy gratificante.

Finalmente, ¿que impresión tiene usted de El Quijote, a la luz del hallazgo y de la investigación posterior que ha realizado?

-Yo entiendo El Quijote como una meditación sobre el balance entre el bien y el mal, lo espiritual con lo material; meditación que está además muy presente en el Talmud y en toda la tradición judía. Hay una frase en el Talmud, que dice: "sin estudio no hay comida, sin comida no se puede estudiar", lo material y lo espiritual van siempre de la mano. La trayectoria de los personajes de El Quijote apunta hacia esa idea: Sancho Panza es al principio el representante del materialismo y don Quijote representa el espiritualismo. Al final, el Quijote se sanchifica y Sancho se espiritualiza. Pienso que ese es el mensaje básico de El Quijote, que los seres humanos necesitamos el balance, que la vida del hombre en la Tierra depende de la convivencia balanceada con su propio ser y con los demás.

Yo no pretendo dictar cátedra a partir de mis puntos de vista; más bien quisiera que fueran una invitación, para que otros más entendidos estudien El Quijote.


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