Vida de batalla y certidumbre

Virginia Grútter

Alfonso Chase



Ella no solo fue la muñeca de los Reyes Magos, la niña evocada por el poeta José María Zeledón: prodigio, bella, inteligente y desenvuelta. Ella es la mujer que recordamos: siempreviva, brillante, sensible, peleadora, grave, hermosa en su extravagancia nerviosa, una de las más grandes poetas de este tiempo, divergente y convergente, paradoja y estrella. Pero siempre la escritora de amplio espectro, recordada y tenida por leyenda cuando solo trataba de sobreponerse a las sombras, que la agobiaron siempre, por medio de la risa, la aseveración satírica, la palabra hecha miel cuando leía sus poemas, la mujer ensimismada a la hora de contar su historia en la modestia de su vida cotidiana.

Pero delante de todo: la poeta. Esa mente y ese corazón que escribieron, juntos, Dame la mano (1954), libro que trajo a nuestra literatura el aire del amor hecho cuerpo, de la amistad compartida, de los sueños y navegaciones, de la pasión expresada como canción. Ella, que sabía pulsar la guitarra en las noches bohemias para el enamorado presente o el que habría de venir.

Virginia-personaje

Su mundo estuvo lleno de dramas. Primero el de su propia existencia, a veces sin control, luego el estudio del montaje y la dirección teatral, sobre todo Brecht, que tanto influyó en su posición personal y en su propio arte del verso y de la prosa, en su estilo de ser un personaje, de evocarse ella misma en el distanciamiento para poder darle forma a su literatura.

En Poesía de este mundo (1973), un libro importante y hasta capital en su obra poética, Virginia se plantea su propia historia en el continuo ser en el amor, la vida cotidiana -en Cuba y en el infinito- así como su proyección política como escritora comprometida, como luchadora por la justicia social, como miembro de la internacional del deber y del ser en su pueblo, que fueron siempre todos los pueblos del mundo. Este libro enfático viene a definir en Costa Rica la poesía coloquial, ciertos tonos del realismo socialista criollo, pero siempre sentido el acto poético como un canto optimista para la transformación del ser humano, hermanado en el conjunto de los poemas por su infania, su residencia en Alemania y Cuba, por sus amores y desamores, por el vital sentido de sobreponerse a la historia y convertirla en materia memorable. Siendo poesía de este mundo podemos percibir, también, en casi todos sus poemas, una visión dialéctica de la historia, de las relaciones sociales, del entorno personal afectivo y la creación de un humor, muy propio de la Virginia Gr,tter coloquial, o de la artista que leía sus poemas en público con comentarios ricos en inteligencia y naturalidad expresiva.

Pedagoga del amor-humor

A esta altura de su vida, principios de los setentas, Virginia Gr,tter era dueña de un lenguaje poético que se caracteriza por el dominio del verso, la efectividad de la frase corta, el humor y la ironía como componentes del poema, pero sobre todo tenía, sobre sí, el reconocimiento como maestra de arte dramático, poeta, narradora, contadora de historias, profesora de historia de nuestro tiempo, en pedagogía del amor-humor y sobre todo en influyente personaje en ámbitos tan variados como Alemania, Cuba, Nicaragua, Venezuela y México. Luego, el ámbito de su talento la hizo también irse al Chile de la Unidad Popular, donde el dolor, el amor, la lucha revolucionaria, la convirtieron en militante del Partido de la Vida, combinado con un marxismo inteligente, corrosivo, borrascoso, y hasta bohemio, que definieron su personalidad para siempre.

Un trozo de razón en sus manos

Fui testigo de excepción del nacimiento de los diversos poemas que componen su libro Cantos de cuna y de batalla (1994), escrito en La Habana, Managua y San José, entre 1970 y 1989. Pude conocer la desgarradura total de una mujer admirable, volcada en poemas, trozos de diario, conversaciones, biografía de todos y autobiografía de esa Virginia Gr,tter profunda, en la cual la vulnerabilidad se transformaba en furia, la ternura en amor, la inteligencia en iluminación y la poesía en testimonio claro de su compromiso con la vida, luchando siempre por tomar un trozo de razón en sus manos, para sobrevivirse y sobrevivirnos. Cantos de cuna y de batalla es uno de los libros capitales de nuestra cultura, y en la Universidad Nacional lo disfrutamos con la presencia de la autora y la fascinación que ejercía sobre el público que la admira y ama desde el mismo momento en que, teatralmente, se sentaba a conversar con los estudiantes y a leernos sus poemas. Dividido en tres cantos, especie de sinfonía poética, el libro nos habla de una mujer que vive para ejercer el oficio de sibila, de payadora, de esencia total del significado del verbo en tres momentos de su vida, en donde el amanecer del nacimiento, la lucha real por la existencia, en esa batalla material y espiritual se conjugan para establecer el poema final: Cantar de Gabriel, Hijo de la tierra de Ilom, escrito de manera totalmente iluminada, alucinación verbal escrita en una sola noche y perfeccionada durante cinco largos años, en donde combina la herencia de nuestros antecesores mayas y el momento actual, en un espacio de eternidad que lo convierte, no solo en la historia de Guatemala, sino en la saga de todos lo que habitamos Mesoamérica, poema en el cual el triunfo de las fuerzas naturales, incluido el ser humano, hacen del mundo un espacio vital en donde las cosas y gentes adquieren la suprema proyección del ahora hacia el futuro. El Cantar de Gabriel, en su forma original, aún antes de ser libro, ha sido uno de esos textos míticos de nuestra cultura, admirado por todos y leído en las sombras de las sombras por múltiples compañeros combatientes en las selvas de Guatemala, Chiapas, Nicaragua y El Salvador, según testimonios revertidos a la autora y contados públicamente en eventos internacionales.

Virginia Gr,tter, con la franqueza que la caracterizaba, sabía y expresaba que este libro era una especie de deslumbramiento ante la ventana de su madurez total y que después de él solo le quedaba darle forma a la historia de su vida, por medio de conversaciones, diálogos, material fílmico o la escritura de un gran poema-río, en donde la forma poética se impusiera sobre la prosa que tan bien dominaba.

Una imprescindible

Pienso que la fuerza de su empeño fue minando lentamente su espíritu, sin poderlo doblegar totalmente. En su batalla, nacimiento y muerte, contra las fuerzas de la oscuridad, el ímpetu de su propia condición la fue fijando en una visión totalizante de la vida -pasado, presente y futuro- que le nubló algunos aspectos de su percepción visual y el sentido del espacio real de su trabajo literario. Siendo un ser humano de difícil comprensión algunas veces, la plenitud de su fuerza se fue centrando en su lenguaje, que al compartirlo era auténtica poesía, aleluya de diálogo, dulzura de persona que en el dolor supo encontrar el espacio suficiente para dar aliento a los otros. Los que la conocimos no pudimos sustraernos al encanto de su inteligencia y su bondad de piedra fina. No es cierto que fuera incomprendida en su vida o rechazada en su obra. Se le reconoció a pesar de sus actitudes y se le tuvo como maestra, amiga y compañera. Fue difícil entenderla a profundidad, pero en sus momentos de plena lucidez la conjunción de su obra literaria fue el mejor testigo de su talento, de su impulso hacia la grandeza, del lujo verbal que supo imponer a su trabajo literario.

Virginia Gr,tter no ha muerto ni se ha ido. Está presente en sus libros, en su lucha, en su furia por ser reconocida más allá de lo posible, en su ternura batalladora de madre, en su lealtad de amiga, en sus convicciones políticas y en la verdad de que su existencia se inscribe dentro de la historia de los imprescindibles.




Tú llegarás oliendo a madrugada

Tú llegarás oliendo a madrugada

A musgo y a camino

Traerás aún hojas desconocidas

Enredadas al pelo

Y no estarás cansado

Pero yo besaré tus ojos de águila

Hasta secar la última lágrima

La última gota de sangre

Y con ramos de veranera y de bellísima

Limpiaré la pólvora

Que aún quede entre tus dedos.

(Cantos de cuna y de batalla)




Alemania fin de la guerra

Hay una historia

De un grupo de fascistas y de un hombre

Al cual rodearon

Y al cual dijeron

Si logras averiguar quién de nosotros

Tiene un ojo de vidrio

Te perdonamos la vida.

Tras corto titubeo

El hombre señaló a uno de los fascistas

Y dijo

Ese

Cuyo ojo derecho

Me ha mirado sin odio.

(Poesía de este mundo)




Racionamiento

Cuba, 1969

Recordando mis dientes flojos

Por la ausencia total de vitaminas

Y las llaguitas en las orejas

Por el mismo motivo

Recordando el pan durísimo

La mermelada

De zanahoria rallada y sacarina

Recordando el vagón del tren

Con los vidrios reventados

Por las detonaciones de las bombas

Y el aire entrando a veinte grados bajo cero

Recordando los guantes

Demasiado livianos

Que me quitaba en el recreo

Para sacar el pan durísimo

Que me comía en la escuela

Donde se me hostigaba

Por ser de raza inferior

En Alemania

En la última guerra mundial

Recordando que todo eso condujo

A la destrucción de muchos pueblos

Recordando que áun vive la mano

Que ambiciona

Imponerle a la tierra

El hambre

El frío

Para seguir sentados

Unos cuantos

En sus sillones de oro

No dejo de soñar ni trabajar

Por montes de queso y mantequilla

Sin embargo

Con qué delicia

Me como hoy, aquí,

Mi potaje de chícharos

Cubanos y rebeldes.

(Poesía de este mundo)


[Volver al inicio]