Frida, lenguaje de espejos

Carmen Naranjo



En la obra Frida Kahlo: una experiencia de límites, Roxana Pinto demuestra la profundidad del estudio que ha realizado sobre la pintora mexicana. Con una erudición envidiable, con una acuciosidad ejemplificante y un deseo totalizador investiga cada detalle de la obra pictórica y escrita, ambas autobiográficas, de esta mujer tan singular en su forma de vida y en sus manifestaciones artísticas. Así, en esa indagación exhaustiva, Roxana enseña límites ilimitados en que la escritora de poéticas íntimas abre puertas nunca abiertas antes a la artista de poéticas difíciles de atrapar en una mirada que se circunscriba a las simples circunstancias.

Frida actualmente está en peligro de sucumbir ante la estrategia de sus múltiples anécdotas, que tan bien manejan los mercados que explotan la hazaña asombrosa de las vidas no comunes a los hechos ya definidos por la normalidad. El gesto excepcional de su dolorosa y angustiante biografía puede detenerse en ser una de las pocas mujeres que aumentó voluntariamente su edad, quedó mutilada en un terrible accidente que

prácticamente la invalidó a muy corta edad, se pintara a sí misma exclusivamente en múltiples autorretratos interpretados como testimonio de su propio dolor, se casara dos veces en una turbulenta relación con un genial pintor y viviera con libertad según sus convicciones sexuales, políticas y culturales.

El éxito de su trascendencia inmortal, tan lleno de apetitosas cotizaciones en el mercado, la pone en la onda de la moda como cualquier artículo en el juego descarado del consumo. De todos esos peligros salva a Frida y a sus fíeles y antiguos admiradores, esta obra de Roxana, pues ni siquiera se ocupa de lo anecdotario. A la manera de la pintora construye y profundiza una realidad, no la refleja, no la inmoviliza, no la interpreta, no la hace historia. Tiene muy de cerca ese axioma de Paúl Klee: "El arte no reproduce lo visible, el arte lo hace visible."

Sin caer en la apología, sin perderse en los elogios y en las glorias, sin llegar a conclusiones contundentes, la obra de Roxana es ante todo un ensayo denso, lleno de descubrimientos profundos en un tono inquisitivo con una carga de preguntas en cuyas respuestas sentimos que participamos todos, incluso Frida detenida en sus ojos testigos irónicos, desafiantes, vivos en la espesura de sus ilimitados mensajes.

El "yo soy la desintegración" lo afirma con la presencia de su propia voz, para integrarse a nuestro pensar-sentir en un acto de absoluta libertad que va más allá de cualquier límite. En su creación no hay tiempo, el color ilumina la eternidad de lo mestizo que es la esencia limpia de adornos que ennoblece al ser humano.

Roxana se detiene en el misterio de las palabras para enseñamos ese lenguaje de espejos en que dialoga eternamente Frida. Entonces surge el Frida su-Frida, versión-subversión, encanta-miento, pero la creadora se escapa, siempre va más allá, porque sabe que logró menos y más de lo que creyó decir. El ser que se desdobla para verse, el que nos ve de frente para encontrarse por siempre en el idioma de los ojos y las miradas, habita un espacio infinito sin límites.

Roxana con su propio pincel y su decisión especial y caprichosa de colorido nos pinta una Frida que vuela con un destino hacia el más allá, más allá de lo que vemos, leemos y sentimos. Así lo definió muy al principio André Breton: "El arte de Frida es como una cinta que envuelve una bomba."

Frida Kahlo: Una experiencia sin límites.

Roxana Pinto

Editorial UCR/Plaza y Valdés


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