
Carlos
Rubio
Ríos es el apellido que la retrata. También, el símbolo de un cauce por donde corren diversas corrientes literarias, una marejada de frescura para los lectores niños, tal cual si toda ella fuera eso: un río. Así es Marilyn Echeverría Zürcher de Sauter -¡qué nombre más complicado para que se lo aprendan los lectores!, diría ella misma-, por eso, prefiere ser llamada Lara Ríos, una mujer que ha sabido tejer, con los mismos hilos del afecto, cuatro hijos de carne y hueso, así como otros hijos de papel que ya han recorrido muchos senderos.
No viene a ser fortuito que, en un espacio de casi treinta años, se hayan vendido 300 mil ejemplares de sus libros. Es común escuchar que los niños leen a Lara Ríos en las escuelas, pero también la leen padres y abuelos, porque como suele ocurrir con esa literatura adjetivada de "infantil", es de difícil clasificación.
Lara Ríos puede ser considerada una autora de irrupción en Costa Rica. Se publica, por primera vez, en la década del setenta, cuando ya los modelos de escritura fundamentados en la búsqueda del folklore, la oralidad, la poesía "primigenia", empezaban a desgastarse en las líricas y narrativas nacionales.
En 1975, la Editorial Costa Rica convocó, por primera vez, al Certamen Carmen Lyra,. En esa ocasión, el poemario Algodón de azúcar obtuvo el premio, constituyendo en sí una renovación. Después, surge uno de los personajes más populares y leídos en la novelística costarricense de las últimas décadas: Arturo Pol. Este es un muchacho que se escribe a sí mismo en un diario o, para ser más exacto, en un "pormediario", pues hace un texto de día de por medio. En su monólogo interior existe el juego de la exploración de sí mismo, la familia, el entorno educativo, los amigosÖ en resumen, el mundo de cualquier niño de principios del milenio. Por eso, la trilogía compuesta por Pantalones cortos, Verano de colores y Pantalones largos constituye un universo con que cualquier niña o niño de hoy puede identificarse y hacerlo suyo.
Mo es una joven indígena que sueña con ser sukia. Y aquí viene a plantearse una triple transgresión. Primero, Mo debe rebelarse ante los discursos patriarcales de su propia cultura; segundo, la muchacha profundiza en la magia de sus raíces ancestrales, en medio de un mundo inclinado hacia el positivismo, el pensamiento científico, lo que se comprueba; tercero, Mo llega a conciliar la cosmogonía indígena con la ciencia de Occidente, cuando al final de la novela, se convierte en la primera mujer - sukia - dentista.
Martín y Lisa son los protagonistas de El círculo de fuego blanco, jóvenes que se atreven a cometer otra irrupción: la de cuestionar los formalismos de la ciencia occidental y la de explorar los poderes que ocultan tres piedras de cuarzo. La lucha entre el bien y el mal, tal como ocurre en los cuentos de hadas, se ve librada, nuevamente por dos adolescentes de nuestro tiempo.
En el último libro, La música de Paul, se encuentran dos representantes de culturas diversas y tal vez, antagónicas: lo latinoamericano y lo europeo. Rigo es un niño que vive en la costa y Paul, un viejo solitario que proviene de Alemania. Rigo y Paul nos muestran que la amistad y la tolerancia son posibles en estos tiempos, donde la paz y la compresión parecen, cada vez, más lejanos.
Los libros de Lara Ríos son testigos de nuestra propia niñez, de una palabra fresca, alegre, esperanzadora y nunca ingenua. Palabra de una mujer incansable que ha sabido renovar y enriquecer una literatura dispuesta a ser leída, una y otra vez, por miles de lectores, hoy y en el futuro.