
Iván
Molina
El escritor y filósofo social salvadoreño, Alberto Masferrer, al describir su ingreso a San José, en los últimos años del siglo XIX, advertía: "bajamos del tren, y... descendemos por la Avenida de las Damas, alameda bordeada por bonitos chalets, donde vive la aristocracia josefina; por el Parque de la Estación, el edificio Metálico y el lindo Parque de Morazán, sombreado por grandes árboles, matizado de las flores más raras, con sus primorosos surtidores que saltan de los céspedes verdinegros".
|
Además: |
El paisaje que encantó al joven Masferrer pronto consolidaría su perfil social y culturalmente diferenciado, al configurarse cerca de esos símbolos liberales de distinción, riqueza y progreso (en su sentido capitalista y positivista), un barrio sin precedente. El Amón, con el aire francés de su nombre y los variados estilos arquitectónicos de sus viviendas, pronto se convertiría, en efecto, en el eje de la cultura burguesa de San José. La creación y expansión de este residencial, junto con la vida cotidiana que le estuvo asociada, es el tema de esta obra, escrita por una talentosa, entusiasta y comprometida amonense de fin de milenio.
El libro de Florencia Quesada Avendaño es, sin duda, una valiosa contribución a la cultura costarricense, ya que se trata del primer estudio detallado y a fondo sobre la cultura material y la sociabilidad de la burguesía josefina. El contexto en que alcanzó tal logro fue apropiadamente aprovechado por la autora para tratar un conjunto de temas poco explorados por la investigación histórica: la vida cotidiana de las familias, las identidades de género, las experiencias diferenciadas de niños y jóvenes, los vínculos entre patronos y sirvientes, y la inserción de los vecinos de Amón en el universo urbano de San José.
El fructífero diálogo logrado por la autora con sus diversas fuentes (actas municipales, obras literarias, datos censales, periódicos, revistas, testimonios orales y fotografías antiguas) fue alimentado por una perspectiva teórica y comparativa, que le permitió incorporar oportunamente los aportes de otras investigaciones y, a la vez, contrastar el caso de Amón y de San José con distintas experiencias urbanas en Europa y Latinoamérica, y confrontar sus propios enfoques con -por ejemplo- los de José Luis y Luis Alberto Romero, Jeffrey D. Needell, Ángel Rama, Richard Morse y Jorge E. Hardoy.
El texto de Quesada, precisamente por ser un competente estudio de historia urbana, debidamente contextualizada en términos sociales y culturales, es un modelo en cuanto a su estrategia de investigación. La autora combinó con destreza técnicas y fuentes cuantitativas (vinculadas con el procesamiento de los datos censales de 1927), con procedimientos y fondos documentales cualitativos, entre los cuales destacan las extensas entrevistas con mujeres y varones vecinos de Amón, y todo un cúmulo de viejas y atesoradas fotografías, cruciales para examinar las fachadas y los interiores de las viviendas, y asomarse a un estilo de vida prácticamente extinto.
La prosa de Quesada, que suma a la profundidad del análisis la sencillez de la exposición, facilita que el lector se apropie de esa experiencia citadina que supuso el barrio Amón desde un punto de vista crítico y reflexivo, atento a las diferencias de clase y a las especificidades de género y generacionales de los amonenses de los años 1900-1935. El esfuerzo por descifrar sistemáticamente el trasfondo social y cultural de su objeto de estudio coloca el presente libro entre los mejores exponentes de la historiografía costarricense de la década de 1990, y lo convierte en un aporte básico a la bibliografía sobre la historia urbana latinoamericana.
El San José que deslumbró a Masferrer un siglo atrás, desapareció velozmente después de 1950. El valioso patrimonio arquitectónico de la ciudad, en el contexto de una urbanización tan espontánea como caótica, tendió a sucumbir frente a las fuerzas del "progreso" capitalista. El caso más célebre de esta tragedia cultural fue la demolición del viejo edificio de la Biblioteca Nacional para "construir" un parqueo. El complemento de este proceso de transformación del casco capitalino fue una contaminación creciente (que se expresa en el humo vehicular, el bullicio de bocinas y motores, y la ubicuidad de la basura y de la publicidad) y el deterioro del espacio público, evidente en particular en la fisonomía de eso que los costarricenses con excesiva imaginación llaman avenidas, calles y aceras.
Florencia Quesada Avendaño, al ofrecerle este libro a los costarricenses de finales del siglo XX, los invita a subirse a una máquina del tiempo y volver a una época en la que el casco josefino era definido como una cautivante "metrópolis en miniatura". El viaje, sin embargo, no es gratis: el precio del boleto implica tomar consciencia del San José que, más que perdido, sus vecinos dejaron que se perdiera; y enfrentar el compromiso de preservar lo que no ha sido destruido, y recuperar lo que se pueda salvar del naufragio urbano posterior a 1950. Las personas que se sumen a esta cruzada cultural tendrán el privilegio de compartir el campo de batalla con una muchacha de Amón que, como esa otra muchacha de Amón que fue Carmen Lyra, jamás ha pensado en rendirse.