Libros

Picaresca de la descomposición

Rodrigo Soto


Bajo la trama paradójicamente policial, la novela de Barahona puede y debe- ser leída como una novela de análisis y crítica social.

En el pueblo costero de Corroóre suceden cosas extrañas: la prostitución, los casinos y otros negocios más que dudosos se han extendido, mientras que el gringo Snell afirma su dominio sobre todo lo que ocurre en esta hermosa costa tropical. Esto tiene lugar ante los ojos indiferentes, y probablemente cómplices, de las autoridades locales, y en medio del atemorizado silencio de la mayoría de la población.

Tres turistas se proponen averiguar lo que en realidad está ocurriendo. Así, a lo largo de varios veranos consecutivos, desarrollarán una suerte de investigación policial, empírica, torpe, y a menudo desencaminada y tardía, que los llevará a descubrir poco a poco la profunda descomposición moral y social en que se encuentra sumido el que otrora fuera paraíso tropical.

El hotel La Orilla es así el sitio donde converge el curioso contingente que da vida a la narración: desde la familia de origen italiano propietaria del hotel -enfrascada, ante la inminente muerte de la matriarca, en sordas disputas por la posesión del negocio-, hasta los turistas reincidentes que, en una suerte de aventura veraniega, de peligroso pasatiempo vacacional, se encargarán de averiguar los negocios y andanzas del turbio Snell.

Tal y como había hecho en su primera novela (De qué manera te olvido, 1990), Barahona rehúye aquí hablar expresamente de Costa Rica, y prefiere situar la acción de su novela en el inexistente país de Guadalupe. No obstante, las referencias son abundantes como para que los lectores nacionales identifiquemos sin dificultad la costa pacífica costarricense.

Este es, en grandes trazos, el mundo que nos propone Dorelia Barahona en su segunda novela, Retrato de mujer en terraza, publicada originalmente en España (Editorial Verbum, 1995), y que ahora la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia pone al alcance de los lectores nacionales, en su colección Vieja y Nueva Narrativa Costarricense.

No obstante, bajo la trama paródicamente policial, la novela de Dorelia Barahona puede -y debe- ser leída también como una novela de análisis y crítica social. Lo interesante y narrativamente riesgoso del libro, es su afán de combinar un tema denso como es la descomposición social que acarrea el turismo, con un tratamiento que a menudo resulta emparentado con la picaresca.

Paralelo a la investigación de los turistas-detectives de pacotilla, la novela despliega otras líneas y registros narrativos, que la enriquecen y le dan mayor densidad. Particularmente logradas son las descripciones del paisaje -una serie de marinas y naturalezas vivas intercaladas a lo largo de la obra-, así como las escenas y reflexiones sobre el erotismo y el deseo. Es aquí donde la autora despliega lo mejor de su prosa -una prosa sensual y lujuriosa como la vegetación tropical, y luminosa como el océano Pacífico que la inspira. Ni siquiera algunos descuidos sintácticos y gramaticales comprometen la fuerza que alcanza la prosa de la autora en numerosas páginas del libro.

Novela de ambiente cosmopolita, en donde los personajes son dibujados en alto contraste y el humor alterna con el apunte psicológico y social, Retrato de mujer en terraza es un libro cuya vigencia se acrecienta a casi diez años de su edición original.


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