De cómo Tío Conejo se hizo de piedra

Manuel Bermúdez


El Museo de Arte Costarricense inaugura hoy la primera de tres exposiciones con obras de Juan Manuel Sánchez, el célebre ilustrador de los no menos célebres Cuentos de mi Tía Panchita, de Carmen Lyra.

En la memoria de varias generaciones de costarricenses perviven con un recuerdo grato, al vaivén de una silla mecedora, un banco en la cocina, arrebujados en la cama tibia, mientras afuera un aguacero insomne o un viento juguetón y helado se apropiaban de las calles, los dibujos de línea que acompañaban la edición de los Cuentos de mi Tía Panchita, de Carmen Lyra.

Además:
  • Animalia Escultórica de Juan Manuel Sánchez
  • Créditos
  • Eran los dibujos de Juan Manuel Sánchez. Un Tío Conejo de orejas muy grandes, pícaro y embaucador; una tristísima flor del olivar, el caprichoso Uvieta, un tigre enigmático y feroz, la niña bonita y sus hermanas envidiosas y feas; en fin, todo un universo de historias para entretener, capturadas en figuras de líneas breves pero con intensas sugerencias.

    Para esa memoria aquellos dibujos son una parte esencial de su vida, de su niñez y de sus primeros cuidados como madres y padres que se estrenaban.

    Pero tras el trazo de escasas siluetas, sombras y rasgos apenas sugeridos, había mucho más.

    Juan Manuel Sánchez, dibujante y escultor, es uno de los artistas plásticos más importantes del país. Su obra es la de quien parece sacar las formas de los trazos. Da la impresión de que las formas las extrajera de dentro de la línea, y a la vez no deja espacio para nada más.

    Uno de los pocos artistas con los que existe una sabida relación en cuanto a la calidad y forma de sus obras, es Carlos Salazar Herrera. Aunque más conocido por sus cuentos, Salazar también trabajó el dibujo y el grabado con gran maestría, y en ellos se evidencia una similitud con las obras de Sánchez.

    El Museo de Arte Costarricense (MAC) cuenta con una buena colección de obras de Juan Manuel Sánchez: 253 esculturas y 4.437 dibujos que su viuda, Berta Solano de Sánchez, quiso donar tras su muerte, y los entregó en 1998 para que fueran expuestos permanentemente.

    Para este año, el MAC organizó tres exposiciones con este importante artista. La primera se abre hoy y consta de 28 piezas escultóricas pequeñas con figuras de animales. El curador o encargado de seleccionar y presentar la muestra es el escultor José Sancho. La segunda es una selección de dibujos de Berta, escogida por el pintor Fabio Herrera a partir del sentido lírico. Y la tercera, con la que cerrará el año, corrió por cuenta de la escultora Marisel Jiménez, quien escogió teatrinos, retablos y marionetas callejeras.

    Sánchez y Sancho tienen además de su vocación por la escultura, otras razones de vínculo: en ambos prima la exquisitez de la línea, el gusto por los materiales de desecho y una inclinación por la figura animal.

    Atisbando animales

    Animalia Escultórica de Juan Manuel Sánchez es como la llamó José Sancho.

    Lo que el público podrá disfrutar en esta exposición es un viaje por la sensibilidad de un artista genuino, quien presentía las formas en objetos inanimados. Piedras, material de desecho, algún tronco detenido en el tiempo, del cual el ojo del artista percibe la forma y la sugerencia de una actitud, una acción contenida.

    Así, Juan Manuel Sánchez obtenía formas cargadas de emoción y sentimiento. Casi todas en formato pequeño, proponen a quien las mira una sensación provocada por la figura; apenas intervenidos los materiales para mantener la evidencia de su origen.

    Sancho quiso respetar la obra al máximo, por lo que apenas preparó unos pies cuadrados para sostener las esculturas.

    Oxidadas láminas de hojalata que encierran la acechanza del felino, la cerrada esfericidad de una piedra oscura que alberga la timidez del conejo, el tronco desgarbado y erecto que irrumpe con la figura imperial del zopilote tomando el sol. Todo es formas que estaban ahí y que el escultor apenas tocó con su genio para hacerlas aparecer ante nuestros ojos.

    Se podrá disfrutar aquí una exposición razonada a partir del proceso de trabajos con figura de animal, que en nuestro país existe desde la época precolombina.

    Además de las 28 esculturas de Sánchez, se incluyeron dos del también escultor animalista Hernán González y otras piezas precolombinas, para dar a la muestra un sentido integral.

    La exposición está dividida en tres grupos: piedras a partir de cantos rodados, ensamblajes de chatarra metálica y maderas con desechos de mueblerías y troncos. En todas, el observador puede identificar la forma original del material.

    Para su mejor apreciación, Sancho diseñó un módulo con vidrio y madera de estructura cúbica.

    Tradición

    Néstor Zeledón Varela, Juan Manuel Sánchez, Hernán González, Marisel Jiménez, Aquiles Jiménez y el mismo Sancho, han continuado la tradición animalística, que aborda la estilización de la figura animal.

    Este último no solo reconoce la relación de su trabajo con el de Sánchez, sino que explica que sus primeras aproximaciones al arte tienen relación directa con el maestro.

    "Cuando era estudiante de secundaria fue mi profesor de dibujo en el Liceo de Costa Rica", cuenta. "Mi primer encuentro con la obra de él es en los Cuentos de mi Tía Panchita, que ilustró con figuras predominantemente animalística. Esos son mis primeros recuerdos de su obra".

    "Entonces no tenía la menor idea de que podría yo llegar a ser escultor, simplemente me gustaba hacer dibujos de mujeres, disfrutar la línea, o hacer caricaturas. Cuando, ya en la edad madura, decidí dedicarme a la escultura, lo busqué como amigo."

    Juan Manuel Sánchez, en palabras de José Sancho, es un artista paradigmático en el arte costarricense, no solo desde una perspectiva estética, sino también ética, pues desdeña riqueza y fama, hace sus obras para él y su deseo al morir es donarlas al Estado. Entrañablemente costarricense, no se va del país y de aquí se nutre para desarrollar su trabajo, auténtico y puro.


    Animalia Escultórica de Juan Manuel Sánchez

    José Sancho

    La escultura es, seguramente, la expresión artística primordial y con la animalia escultórica aparece la primera obra de arte. El ser humano primitivo, el mismo que somos todavía, ha expresado entonces y ahora su impulso de veneración hacia todo lo viviente por medio de la estilización de la figura animal. Es así como con la piedra, el barro, los huesos, la madera y los metales reproduce algún gesto característico mediante la síntesis de los rasgos emblemáticos de animales en acción. Con ello logra sugerir la vida misma.

    Desde un bisonte de Dordoña de hace 23.000 años, pasando por un caballito de Siracusa de unos 2.800 años, hasta una foca imaginaria de Brancusi tallada hace tan sólo 60 años, o desde un armadillo precolombino de unos 1.500 años, hasta una gallinita de Hernán González esculpida hace apenas 40 años, las obras de la animalia escultórica de Juan Manuel Sánchez se inscriben también dentro de la tradición naturalista presente en todo tiempo y lugar, vale decir, en la cultura universal.

    Aprendí con el maestro Juan Manuel que no se requiere ser un artesano prodigioso, que tampoco los materiales deben necesariamente ser preciosos, ni se necesitan herramientas costosas. Que para un espíritu sensible, es suficiente una vocación para evocar, mediante la reproducción de un rasgo característico, como por ejemplo: la armoniosa liviandad de una ardilla, la tranquila sagacidad de un sapo en acecho, la taimada mansedumbre de una paloma, la temible sinuosidad de una culebra o, en fin, la solapada cautela de una lechuza, para evocar, repito, la idea de la vida contenida en el animal representado.

    Todo eso sin necesidad de que desaparezca la identidad original de los materiales empleados, ya se trate de una astilla desechada por algún mueblero, de una piedra redondeada por rodamiento fluvial, de una sugerente rama desgastada, envejecida y sucia, o del simple ensamblaje de partes metálicas desechadas.

    Escogí solo 28 de todas las esculturas donadas por Berta al Museo, que son 253. Relativamente pequeñas, conforman una muestra representativa de la obra animalística de Juan Manuel. Las piezas seleccionadas tienen un común denominador: fueron trabajadas a partir de materiales encontrados por acaso (maderas, metales y piedras). El escultor, quizás sin proponérselo conscientemente, buscó y encontró formas sugerentes que le estimularon su ingeniosa intervención artesanal para transformarlas y recrearlas, con ello evoca la vida contenida en cada uno de los animales que representó.

    Si, como escultor que soy, interpreto así las fases finales del proceso creativo es porque en las piezas seleccionadas es fácil reconocer la naturaleza original de los materiales empleados.

    Recuerdo que el maestro Juan Manuel explicaba que tenía dificultades para trabajar las rectas y los planos y que por eso evitaba empeñarse en la confección de las bases y pedestales para sus obras. No me inhibí entonces y a cada una de las 28 esculturas les manufacturé sus respectivas bases por cierto que bien cuadradas. Traté, no obstante, salvo en dos casos, de no tocar las figuras. El tal Felino (fig. Nº 7) de aluminio no había posibilidad de estabilizarlo por lo que osé colocarlo encima de un palo encontrado. Algo similar hice con una ardillita de metal (fig. Nº 10) pues me vi forzado a anclarla sobre un pequeño prisma de madera. Nada más. Me cuidé en todos los casos de no afectar el trabajo original ni la pátina adquirida posteriormente.

    Muy sucintamente, lo anterior es lo que interpreto de la obra animalística que nos heredó Juan Manuel Sánchez, maestro y escultor amigo que fue.


    Créditos

    Puesta en línea: Alex Méndez Madrigal Email: adobles@nacion.com EDITORA: Aurelia Dobles Trejos. CONSEJO EDITORIAL: María Elena Carballo, Carlos Cortés, Aurelia Dobles, Emilia Macaya, Eduardo Ulibarri, Roberto Villalabos. COLABORADORES: Manuel Bremúdez, José Sancho, Froilán Escobar, Pablo Gámez y Víctor Hurtado. DIRECTOR DE ARTE: Luis Roberto Rojas. Coordinador de diseño: Augusto Ramírez. Diseño: Augusto Ramírez.


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