Luis Chaves: Unos hacen los zapatos otros escriben

Foto: Garrett Britton / La Nación.

Ana Wajszczuk
chicaiguana@hotmail.com



El cable de la agencia de noticias decía: "Costarricense Luis Chaves gana premio de poesía en España". El mensaje de correo electrónico que envió el mencionado, también escueto, decía: "¡Todavía no me lo puedo creer!".

Una semana después ocurre esta entrevista, y Chaves ya cayó en la cuenta de que su cuarto libro, Chan Marshall, ganó el III Premio de Poesía Fray Luis de León (convocado por la Diputación de la provincia española de Cuenca), que el premio son 12.000 euros y que será publicado por la prestigiosa editorial Visor.

No es este el primer reconocimiento importante que recibe su obra. Sus dos libros anteriores, Los animales que imaginamos, e Historias Polaroid, han ganado sendos premios (el Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, y mención en el Festival de Poesía de Medellín, respectivamente), además de que parte de sus textos se han traducido al italiano y es un invitado reconocido en antologías, festivales y encuentros de poesía desde Buenos Aires -donde reside desde el año pasado- hasta Oaxaca; desde Santiago de Chile a la Casa de América en Madrid.

Apoyado sobre el desayunador de la casa en donde su abuela le enseñó a leer y escribir 30 años atrás, Chaves dice que envió Chan Marshall al concurso para dejar de "manosear" el libro.

"Lo sentía muy cercano, como un reflejo de cosas que todavía estaba viviendo", cuenta. "Lo envié primero a un concurso; no pasó nada. Luego a este. Sé que los que llamo los Caballeros Jedi de la poesía creen que los poetas de verdad no participan en concursos; opino que quienes así piensan son los mismos que afirman que la poesía va a cambiar el mundo. Y si eso es ser poeta de verdad, yo no lo soy". Toda una declaración de principios, desde el principio de la entrevista, y casi sin darse cuenta.

Su primer libro fue El anónimo, publicado en 1996. "Después de leerlo mi madre me dijo: 'Yo no entiendo lo que usted escribe, pero lo vamos a apoyar siempre'. Ahí mismo decidí que nunca escribiría otro libro con ese registro", dice Chaves, y ahí va otra declaración involuntaria de principios, algo sarcástica, simple y sin concesiones, como su poesía, como las respuestas a continuación:

No tomarme en serio

-¿Qué significa -además, obviamente, del dinero-, ganar este último premio?

-Me siento profundamente agradecido por el premio Fray Luis de León, lo mismo que por el Sor Juana. Pero creo que hablar tanto de los premios es darles más importancia de la que tienen. Con cambiar a uno de los jurados el premio se lo pueden dar a otra persona; así es. Respecto a la publicación en Visor, es una de las editoriales de poesía con mayor difusión en Hispanoamérica. Me alegra saber que el libro se publicará bajo ese sello. Ahora, no creo que publicar allí signifique que uno es mejor escritor. La mayoría de los poetas que me interesan publican en editoriales pequeñas.

- Tus tres últimos libros son radicalmente diferentes al primero. Y entre sí tienen una línea común: vos como testigo de las cosas, lo cotidiano como signo de lo trascendente, San José como experiencia urbana, la familia, la memoria, la desilusión, la ironía. ¿Cómo fue escribir cada uno?

-Como mucha gente que escribe, no me planteo los temas de antemano; voy juntando cosas que tienen alguna relación entre sí. Cada libro es el resultado de un momento distinto. Lo que pensaba cuando escribí El anónimo no es lo mismo que cuando escribí Chan Marshall y no me refiero exclusivamente a lo que pensaba sobre la literatura. Son diferentes al menos en la manera de escribirlos; creo que le llaman estilo. Trato de no tomarme en serio, de no sobredimensionar mi deseo de escribir. Unos hacen zapatos, otros escriben, punto.

-Sin embargo, en "Los animales&...;" hablás de la poesía como una desgracia o una deformación del pensamiento; en "Historias Polaroid" hablás de tener un oficio equivocado, una sensación de irremediabilidad del hecho poético o de vos como poeta.

-Creo que al escribir esos versos le adjudiqué demasiada importancia al mismo cliché que creía atacar: ese cliché de la poesía como arte sublime que me da dolor de estómago. Me aburren los escritores que se lo creen. No volvería a escribir eso.

Honesto al mentir

-Algunos ven a la escritura como una lucha cuerpo a cuerpo; otros como un placer; otros, sencillamente, como algo inevitable. ¿Cómo te sentís vos ante el acto de escribir?

-No siempre es igual. A veces lo disfruto mucho; a veces me siento enfrascado en una lucha desigual. Hay momentos en que tengo que escribir; otros en que no. No soy un escritor profesional. No me siento todos los días a escribir, ni me siento comprometido a generar una "obra literaria". Sospecho que eso se nota.

-Desde hace más de un año estás viviendo en Buenos Aires, y conocés bastante la poesía que se esta escribiendo actualmente en Argentina. ¿Influyó o influye en tus textos?

-Lo mismo que en la poesía norteamericana, en cierto sector de la poesía argentina encontré una gran libertad y experimentación con la manera de decir. Alejada de los ornamentos, de la retórica vacía. No me siento como alguien que pueda inventar -si eso fuera posible- un estilo; la originalidad es un concepto cuestionable y en todo caso muy ajeno a mis posibilidades. Los animales que imaginamos es notoriamente gelmaniano, por ejemplo. Trato de ser lo más honesto que puedo con un género en el que se miente todo el tiempo. Mezclo eso con muchas otras lecturas, con los norteamericanos, con alguna poesía italiana, con las letras de canciones que me gustan

-¿Qué literatura no te interesa?

-No digo, como años atrás, víctima de las hormonas literarias, que lo que me gusta es lo bueno y lo demás lo malo. Sé que me identifico con ciertos registros, con determinadas opciones estéticas. Desde hace tiempo disfruto más de la austeridad, la claridad, lo despojado. The Clash antes que Neruda, Dylan antes que Lezama Lima.

-¿Porqué creés que San José es una presencia tan fuerte en tus escritos?

-Porque es la ciudad donde vivo hasta cuando no estoy, y porque me he ido moviendo en dirección contraria a la abstracción y al tratamiento directo de "los-grandes-temas", por mi propia incapacidad de abarcarlos.

-En tus libros noto cada vez más acercamiento a la narrativa y sé que terminaste una "nouvelle" que cuenta el viaje de una pareja por las rutas ticas. ¿Te ves escribiendo solo narrativa en algún momento?

-No sé, soy perezoso y hasta ahora nunca se me ha ocurrido un buen argumento. Respecto a Asfalto, que lleva por subtítulo un road poem, está por ahí guardado. Es como la radiografía de una nouvelle. Cuando lo escribí me interesaba la idea de un poema escrito en narraciones cortas&...;; hasta cuando quiero parecer inteligente estoy escribiendo poemas de amor. Lamentable.

No servir para nada

-Después de sentir que se termina un libro, y encima te lo premian, ¿Te da miedo no volver a escribir, o no volver a estar a la altura de ese libro?

-Hace unos años ese pensamiento me angustiaba. Ahora no. Si no puedo escribir más es mejor dejarlo que forzarlo. Y no hablo de la altura de los libros porque eso es relativo. Altura para quién, para el criterio de quién. En definitiva uno escribe primero para uno mismo, luego para los amigos, por último para quien se quiera acercar. No me siento obligado a escribir el resto de mi vida. Hay miles de actividades y oficios para ocupar el tiempo; después uno se muere.

-Y entonces, ¿para que sirve la poesía, o por qué escribirla?

-Si me preguntás a mí, no sirve para nada. Pero es allí, justamente, donde está su valor.


La poesía como música de fondo

Historioretornógrafo. En 1998, Luis Chaves tenía 29 años y había ganado el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz por Los animales que imaginamos, su segundo libro. Siempre lo tenía a mano, como tantos otros aspirantes a escritores en mitad de un Festival de las Artes. Pero lo que diferenciaba a Chaves de estos era, precisamente, el libro: no era el capricho de un aspirante a escritor, sino que realmente había allí algo para decir con una voz ya muy propia, donde el hecho poético no distinguía entre prosa y verso, donde lograba develar metáforas tan bellas como despojadas. Como esta: "(&...;) es cierto que todo muere o acaba o lo acabamos/ Pero igual no se puede negar/que la belleza es insistente como la hierba/ y crece donde menos se la espera".

Si intentamos un historioretornógrafo de su obra, marquemos entonces puntos de inflexión: ese libro lo ubicará a la cabeza de un nuevo panorama en la literatura costarricense.

Para una definición de poesía. Un panorama donde poetas como Mauricio Molina, María Montero o Jorge Arturo - a quienes Chaves reconoce cercanos - inscriben ciertos elementos y temas en común: la melancolía de la urbe siglo XXI, lo trivial y cotidiano como lugar poético, la economía de recursos, la renuencia a tratar los "grandes temas" de la poesía. Escribe Chaves de sus pares, pero bien podría ser de sí mismo: "La poesía, la que a ellos les interesa, no está en las palabras. O no solamente en ellas. Lo marginal, lo secundario, el humor (no el chiste), lo circunstancial (&...;) Brincando entre géneros, adoptan elementos propios de la narrativa, el cine, la música popular. Poesía bastarda. Textos contenidos que de manera orgánica parten de lo pequeño hacia lo pequeño donde, justamente por no hacer de este rasgo una bandera, logran que sus aciertos ondeen con una frescura y descaro inusuales en la poética costarricense".

Historioretornógrafo II. Con Chan Marshall y su segundo premio importante marquemos otro punto de inflexión: la certeza de que Chaves ya no tiene solo un par de buenos poemarios, sino que, mal que le pese a su sarcasmo, ya tiene una obra literaria a cuestas. Dice hoy el poeta Osvaldo Sauma, quien fue jurado en aquel primer concurso: "Con este nuevo premio y después de la brillante trayectoria que ha tenido, se nos revela como el más importante poeta joven de nuestro país y uno de los más importantes de su generación, en toda Iberoamérica".

Para usar una metáfora del tipo de las cuales Chaves es afecto: como si esa banda que nos gusta hubiera demostrado que es capaz de mucho más que un hit.

Chaves sound system. Como en las mejores canciones, esas en las que uno piensa: "exactamente lo que yo diría si pudiera", el registro de Chaves es también musical. Si en Los animales&...;era Nina Simone como antídoto del invierno en el trópico, y en el spleen de Historias Polaroid la banda de sonido eran las canciones de Memo Neira que tarareaba la empleada en la casa paterna; en este libro, desde la cantante que le da nombre hasta la modernidad de Lali Puna, sirven de fondo para escribir sobre el absurdo del mundo cotidiano, donde lo culto y lo profano se enrarecen y se mezclan, donde lo que ves es lo que hay, donde "no hay razón para nada/ un día algo está sano/ la mañana siguiente lo arrancan de raíz". Dice Raffaella Raganella, quien tradujo parte de su obra al italiano: "Luis Chaves es el blues hecho poesía. La poesía es para él una rara forma de vida que se encarna en situaciones comunes. Imágenes flash, como fotografías, para capturar el instante y guardarlo para siempre".


Algunos poemas de Chan Marshall

Slender fingers / slender legs

No se trata del compacto
que sonó mientras dormías.
Ni siquiera es la noche
que una ambulancia enloquecida
rasga por la mitad.

Entonces por qué esa voz
que te ordena:
basta ya de lloriquear
por lo que no te fue dado,
de dónde la voz que dice:
basta ya de esa cebolla
en lugar de corazón.

Repaso

Se acelera el corazón
por medios artificiales
y los vientos alisios
son vehículo de polen y
epidemias.
De la belleza de la fealdad
otros hablan mejor.

¿Con quién dormirás ahora?
es una interrogante
para los años que vienen.
Lo de hoy es la brisa en la
espalda
y todo lo que dura
menos que el plástico.

De las dos, una tenía mirada inteligente

De las dos, una tenía mirada
inteligente.
Con la izquierda sostenía la
cerveza,
con la otra izquierda el cigarro
al que acercaste tu encendedor. No recordarías nada de esto
sino fuera por la canción
que entonces hizo de soundtrack
y que ahora suena en el bus
cuyo trayecto te lleva a una situación
en la que deberías concentrar tus reflexiones.

XXXX

Será labor del tiempo
convertir este periodo
en tres o cuatro anécdotas.

Masaya: 35 grados a la sombra.
La casa que guardó su olor.
Los jabones blancos del Hotel Rosario.

Los otros

San José no fue más
que luces a la distancia:
una constelación administrativa
que de noche disimula el
subdesarrollo.

El resto, latas vacías de una
cerveza
que despreciaron por tibia;
la bombilla insuficiente
de un carro con puertas abiertas;
el sentimiento que, devaluado,
llamamos afecto.


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