Librero: Entre el cuento y la anécdota

Tanto esfuerzo para nada. (Foto: Alberto Cañas / La Nación.)

Rodrigo Soto


El nuevo libro de cuentos de un clásico: Alberto Cañas

Nada puede agregarse a lo mucho que se ha dicho acerca de la trayectoria de don Alberto Cañas en el campo de la literatura y las artes de nuestro país. Con una veintena de títulos publicados a lo largo de cinco décadas, su obra literaria incluye novelas, cuentos, obras teatrales y ensayos, para no mencionar los géneros periodísticos.

Coetáneo de algunos de los escritores del llamado "realismo social" (Dobles y Gutiérrez, señaladamente) Cañas se aparta de ellos, sin embargo, en la elección del mundo recreado y, a menudo, también en el tratamiento que dispensa a sus historias. En efecto, mientras que en sus principales obras aquellos centran su mirada en las contradicciones del mundo rural y del campesinado costarricense de la primera mitad del siglo XX, este lo hace en los estamentos medios de las zonas urbanas del país -no solo de la capital, sino también de las ciudades de provincia o, más precisamente, de las cabeceras de cantón, a través del mítico San Luis-. Y mientras el tono narrativo de aquellos tiende a lo dramático, el de Cañas se inclina a menudo hacia lo irónico y lo satírico. No obstante, los tres tienen en común -y a ellos se suma un nutrido grupo de autores y autoras nacidos en el primer cuarto del siglo pasado-, su marcada inclinación hacia el realismo, el cual funcionó como paradigma estético de la narrativa nacional durante buena parte del recién concluido siglo. No fue hasta la irrupción de la siguiente generación literaria -hacia la década de los sesentas-, cuando ese paradigma comenzó a ser impugnado por escritores y escritoras como Naranjo, Durán Ayanegui, Chase y otros más tardíos como Herra, Alvarez Araya y Ducoudray, por citar solo a algunos.

Recientemente la Editorial de la Universidad de Costa Rica publicó Tanto esfuerzo para nada, un breve volumen que incluye 13 relatos del autor que nos ocupa. Aunque algunos de ellos habían sido publicados previamente en diarios y revistas, la mayoría permanecían inéditos y ven la luz por primera vez.

Quienes conocen la obra de don Beto Cañas saben qué esperar de ella. Sin embargo, encontrarán como novedad que en este caso el peso temático del pasado y los recuerdos, la vejez y la infancia -el tiempo, en suma- es mayor que en sus anteriores libros. En general, el autor despliega aquí una mirada liviana y socarrona -pero de ninguna manera superficial ni complaciente-, sobre sus personajes y las situaciones que enfrentan. Para ello hace gala de una precisión verbal decantada por muchas décadas de oficio y de un envidiable conocimiento del lenguaje. La construcción de las frases y de los párrafos es ajustada, precisa, impecable. No obstante, el autor no muestra el mismo rigor a la hora de construir sus historias, ya que algunas de ellas adolecen de debilidad en su estructura, y no trascienden del plano de la anécdota.

Sabemos que un buen cuento es algo más que una anécdota interesante y bien escrita, pero en general fallamos al precisar cuál es o en qué reside esa diferencia. Personalmente creo que esa diferencia es la capacidad del cuento de referirnos como lectores a algo que está más allá de la anécdota relatada. Un buen cuento sugiere, insinúa, propone relaciones que nos sacan del pequeño mundo narrado y nos lanzan de vuelta a nuestro propio universo como lectores. En resumidas cuentas, el del cuento, desde mi punto de vista, es el arte de convertir una anécdota en una metáfora de la condición humana.

En algunos cuentos incluidos en este volumen, don Alberto Cañas consigue dar este giro a sus argumentos -pienso en Ginger sin Fred, en El clavel reventón, y en el que considero el mejor logrado del volumen, El amor entre dos ejecutivos-, pero en otros tantos decididamente no lo logra (quizás ni siquiera lo intenta). Pienso en Manola, Emus o en Tragedia en casa de las tías.

En cualquier caso, este nuevo volumen de cuentos de don Alberto Cañas le aporta a su vasta obra narrativa un dejo melancólico y evocativo escaso o ausente en sus anteriores libros. Y hace esto sin sacrificar los aciertos que por derecho propio la convierten en una de las voces más significativas de la segunda mitad del siglo recién concluido, pero sin superar, tampoco, algunas de las debilidades que la han acompañado desde el inicio. Don Beto ha declarado que el volumen se titulaba originalmente Más de lo mismo. Por todo lo que hasta aquí hemos dicho, le hubiésemos respondido: sí y no.


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