El discreto encanto de Teodoro B. Castro

Gerardo Bolaños González
bolanosgerardo@hotmail.com


La literatura de no ficción se inaugura en Costa Rica con el libro notable de Marjorie Ross

Aunque Lenin no figura como personaje directo de El discreto encanto de la KGB. Las cinco vidas de Iósif Griguliévich, de Marjorie Ross González, es muy sugestivo que el libro aparezca en el año en que se han cumplido ocho décadas de la muerte del fundador de la Cheka, es decir, de la Comisión extraordinaria para combatir la contrarrevolución y el sabotaje. Tras su creación, la Cheka se metamorfoseó en diferentes órganos represivos y de inteligencia, generalmente conocidos como KGB, empleador de Iósif Griguliévich, cuya vida y milagros constituye el meollo de la obra. Sin embargo, no estamos ante una biografía ni ante una novela, aunque pueda parecerlo.

Este meticuloso y brillante trabajo es resultado de una década de investigaciones a nivel internacional y de una laboriosa pero clara redacción. A quienes se admiren del tiempo invertido, se les puede recordar al escritor portugués Antonio Lobo Antunes: "Escribir es principalmente un oficio de paciencia". Mucha paciencia se requiere, efectivamente, para meterse en una mina de oro documental y extraer las mejores pepitas para configurar el perfil extraordinario de un hombre que le hacía los mandados duros a líderes comunistas como Stalin, Beria y Molotov.

60 años

También es sugestivo que el libro haya sido lanzado al mercado cuando se celebran los 60 años de las relaciones entre Rusia y Costa Rica. Si bien ambos países coqueteaban y sus gobernantes se carteaban desde mediados del siglo XIX, y que ya en 1912 Costa Rica contaba con un cónsul honorario en Moscú, Moritz Borisovich Berstein, no es sino hasta 1944 cuando ambos países se deciden a establecer relaciones diplomáticas formales. Pero el embajador Konstantin Umansky, destacado en México, a quien se le recargan funciones en Costa Rica, muere en un misterioso accidente de avión de la Fuerza Aérea Mexicana que lo debía transportar a San José. Circularon rumores de que Umansky había sido víctima de un complot del Kremlin, o de seguidores de León Trotsky, el revolucionario y enemigo de Stalin que había sido asesinado en 1940 con un picahielo en la ciudad de México por Ramón Mercader, quien después de 20 años de cárcel en México es recibido como héroe en la URSS y recibe una jugosa pensión hasta el fin de sus días. Por culpa del sospechoso avionazo de Umansky, las relaciones entre la URSS y Costa Rica no se materializaron sino hasta febrero de 1972 cuando presentó sus cartas credenciales a José Figueres Ferrer el primer embajador, Vladímir Kasimírov, en un capítulo pletórico de intrigas muy propias de la Guerra Fría.

Calderón Guardia

Igualmente tiene sentido que el libro haya sido lanzado en el Museo Rafael Ángel Calderón Guardia, pues fue en su época de gobernante cuando Costa Rica volvió a tener acercamientos con Moscú. En febrero de 1943, Calderón Guardia envió a Moscú un telegrama de felicitación con motivo del Día del Ejército Rojo, saludando en nombre de los costarricenses las victorias de las tropas soviéticas contra Hitler. Un mes después, el ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica indica su buena disposición a examinar las relaciones con la URSS, y Calderón vuelve a expresar su júbilo en julio del 43 cuando los soviéticos derrotaron a las tropas hitlerianas en Stalingrado. Y es el 8 de mayo de 1944, cuando Calderón Guardia le ciñe la banda presidencial a Teodoro Picado Michalsky, cuando Umansky y el embajador de Costa Rica en México, Carlos Jinesta, intercambian notas para establecer las relaciones diplomáticas que la curiosa muerte de Umansky dejó en el congelador durante 28 años.

La ambición

Este libro de Marjorie Ross, el número 11 de una espléndida cosecha como periodista y escritora, es de una gran ambición. Con todos los materiales desenterrados, bien podría haber escrito una novela. Este es un dilema que ocurre a menudo. Tomás Eloy Martínez cuenta que tenía tanta información documental sobre Perón, de quien quería escribir una biografía, que no sabía qué hacer. La solución fue escribir La novela de Perón, fascinante relación de hechos ciertos manejados al antojo ordenado de su imaginación de escritor. Marjorie escoge otro camino, el de la literatura sin ficción, o "literary non-fiction". Este tipo de literatura es un término amplio que se caracteriza porque la materia prima no es la ficción. En ese sentido se parece más bien al documental para el cine, como sería el caso de Farenheit 911.

En todo caso, en la literatura sin ficción la investigación debe ser sólida, la experiencia debe tener profundidad y se debe conocer el tema a fondo. Marjorie encaja muy bien en esta definición. La literatura sin ficción es creativa, como todas las formas de contar historias, y la autora combina el poder de lo real con la resonancia literaria. Busca los hechos, los narra en busca de la verdad pero con sus propios ojos, como ella misma dice. Escritoras como Susan Sontag y Joan Didion utilizan esta técnica. Marjorie habla de temas concretos, lugares reales y emociones ciertas, en una mezcla de historias pequeñas y grandes, que conforman las intrigas de Iósif en el marco de tenebrosas exterminaciones dictadas por Stalin y sus secuaces. La fuerza de los hechos desenterrados se redobla con la propuesta literaria, que es evidente en muchas situaciones.(Ver recuadro)

Lienzo y santoral

Desde el comienzo estamos ante un lienzo de intrigas, un santoral de espías con más alias que el poeta portugués Fernando Pessoa, comenzando por el propio Iósif, hombre de mano, útil y refinado, quien se hace llamar Miguel, Felipe, Padre, Maximov, Daks, Maks, hasta que se transforma en Teodoro B. Castro, deslumbrante personaje que con su gracia, intelecto y generosidad cautiva a Figueres Ferrer, Daniel Oduber, Mario Echandi, Mario Esquivel, Fernando Lara Bustamante y otros notables pero inocentones ticos. Con influencia en círculos eclesiásticos, Teodoro B. Castro podía conseguir una cita con el Papa con más facilidad que otros reciben ahora un premio de una compañía telefónica. Conocedor de la vanidad de los ticos, inventó por consiguiente la Condecoración de San Andrés de Serravalle, que de seguro adorna todavía los recuerdos de algún distinguido hogar tico. Iósif-Teodoro nació en Lituania pero se hizo pasar por alajuelense sin haber estado nunca en el parque de esa ciudad ni haberse comido un mango, mucho menos un jocote, y llega a ser Enviado Extraordinario y Plenipotenciario de Costa Rica ante Italia y Yugoslavia. Fue una leyenda viva y real a cuya invención contribuyó uno de nuestros literatos más destacados, Joaquín Gutiérrez Mangel, con quien comparte en algún momento de su vida intrigas y ambiciones literarias.

Intelectuales y espías

Este libro es un diccionario de la intelectualidad y del espionaje en España y América Latina antes, durante y después de la Guerra Civil en aquel país. Intelectuales y espías a veces son los mismos. Se lee como un "libro azul" de la aristocracia del espionaje soviético y de "entrañables camaradas" latinoamericanos y de otras latitudes: Tina Modotti, David Alfaro Siqueiros, Pablo Neruda, Ernest Heminghway, Frida Kahlo, Diego Rivera y muchísimos más, incluyendo a Farabundo Martí, todos signados por el "fierro de marca" de la solidaridad internacional. Mujeres como la Modotti, especializadas en "trampas de miel" con su cuerpo divino (el colmo, dice un personaje, es matar por ella y por el partido a la vez). Mujeres con nombres delirantes como África de las Heras. Mujeres de ambos bandos sexuales como la Kahlo. Hombres con nombres desconocidos e imposibles, como Parlantino Parlante. Y, como hay tantos personajes, Marjorie ha confeccionado una serie de 118 minibiografías muy útiles para entender los múltiples trazos y tramas de su historia, una mazurca exigente dividida en cinco partes que corresponden a otras tantas etapas y personificaciones de Iósif, y enmarcada en capítulos breves con títulos seductores. Como si fuera poco, una serie de fotografías son pruebas al canto de cómo era Iósif: gordito, bigote recortado, pelo negro lustroso y rizado, que acaba sus días en Moscú como académico escribiendo biografías de prominentes latinoamericanos.

Este es un libro sabroso por sus eufemismos de la jerga del espionaje, más imaginativos que los manuscritos del Marx muerto. Por ejemplo, las mokrie dela, o tareas húmedas, donde la humedad la pone la sangre de los otros. Es también un libro alucinante, que solo lo podía haber escrito una mujer que sabe mucho de cocina, pues requiere la paciencia alquímica de los buenos cocineros. Cuatro de los 11 libros de Marjorie son sobre cocina y gastronomía, y esa relación se nota desde el primer esbozo de Iósif con el que nos abre el apetito para que sigamos leyendo. Muchos otros pasajes nos hacen literalmente la boca agua con sus referencias gastronómicas.

Marjorie Ross ha logrado un "bocado de cardenal" con las numerosas vueltas, atajos y caminos de una historia de sangre, intriga y, por qué no decirlo, de amor por una revolución que marcó el siglo XX.


Bocados del propio libro

Página 55

"Lo que no hay en la olla del hotel aquellos infamantes días de mayo es comida, aunque el personal insiste en presentar una apariencia decorosa, que se torna extrañamente patética. Una de esas noches, la cena es frugal en demasía: una sardina para cada persona, sin mendrugo de pan; paradójicamente, los vinos que acompañan los exiguos alimentos son los más añejos y más costosos de las cavas, los únicos que han quedado rezagados. Además de disfrutar de la ocasión de beber botellas de cosechas privilegiadas, Iósif se da el gusto de comerse algunas naranjas que han descargado al frente unos camioneros franceses. Les quita la cáscara "a la rusa" mondándolas en redondo, como si fuesen manzanas y saborea cada gajo con deleite. Un placer de gourmet, con un toque de erotismo, en medio del forzado racionamiento de esa semana alucinante".

Página 170

"Entre el supuesto empresario cafetalero y los figueristas se establece una inmediata corriente de simpatía. Ellos vienen montados sobre la euforia victoriosa de su particular revolución. Han tomado la histórica decisión de fundar un nuevo partido, con el nombre de Liberación Nacional, y están ávidos de generar dinero con las exportaciones de café. No tarda mucho don Teodoro en seducirlos, con su amplia cultura y savoir-vivre. Con Oduber habla de arte y de literatura latinoamericana; le menciona con propiedad a Asturias y a Octavio Paz. Con Figueres, cuyos conceptos iconoclastas no lo sorprenden, porque ha estudiado sus discursos y declaraciones, dialoga sobre filosofía política. Pero Iósif conoce sus inclinaciones ideológicas. Sabe bien que en julio del 48 la Junta figuerista proscribió al Partido Comunista de Costa Rica (Vanguardia Popular), por considerarlo enemigo del régimen democrático, y que esa prohibición está incluida en la Constitución Política. No obstante, también que Figueres no es un reaccionario y lo escucha con atención".

"Don Teodoro, estoy empeñado en una cruzada de búsqueda de la abundancia. No me interesa si a eso se le llama socialismo, cristianismo social, comunismo, cuaquerismo, trostkismo o corporativismo. Que las etiquetas se las pongan otros. Mi debe es trabajar por el bienestar del mayor número. Justicia social con libertad. Por el bien común".

"Con Orlich, Griguliévich despliega, como un ave de cortejo, sus amplios conocimientos sobre café. Pronto se ponen de acuerdo y se decide que al regresar a Costa Rica, montarán una empresa exportadora, con la que Castro Bonnefil hará negocios a su nombre. Los políticos ven la negociación con muchas esperanzas de éxito y el lituano sabe que debe ser eficaz, para poder cumplir con los verdaderos objetivos de la misión."


[Volver al inicio]