Lúdica: Una bocanada de aire fresco

Foto: Garrett Britton / Archivo.

Rodrigo Soto
paralelo10@correo.co.cr


Un rescate teatral necesario, aun cuando el hecho escénico sea efímero

Entre los numerosos espectáculos de calidad que nos trajo la última edición del FIA, tuve ocasión de disfrutar de uno sobre el que nada se ha dicho, y que por ningún motivo debe pasar inadvertido. Me refiero al montaje de Yvonne, obra teatral de ese escritor inclasificable nacido en Polonia (1904), que es Wiltold Gombrowicz, que pusiera en escena el Grupo Abya Yala, en coproducción con el Teatro Universitario y el Teatro Nacional.

Quienes siguen de cerca la producción teatral en nuestro país, saben de la trayectoria iconoclasta del grupo Abya Yala, co-dirigido por David Korish y Roxana Ávila. El único elemento en común en sus numerosos montajes (entre los que recuerdo El caso Otelo, ya hace muchos años y, más recientemente, La historia de un soldadoy Sade, audaz y provocativo espectáculo sobre la vida y obra del marqués a quien por ningún motivo llamaré "divino"), quizás sea una búsqueda incesante de renovación formal, el hecho de que ninguno de sus trabajos se parece en nada al anterior. Esta característica me inclina a ubicarlos entre los artistas que podríamos llamar "exploradores", y explica en parte que la mayoría de sus trabajos hayan pasado inadvertidos para el gran público, no así para quienes se interesan por las artes. Otra característica destacable de su producción, es su interés por los procesos creativos. Sade, La historia de un soldado y, ahora también Yvonne, son fruto de procesos creativos muy prolongados, en algunos casos de más de un año, asumidos invariablemente por un pequeño grupo de actores jóvenes. Quizás ello tenga que ver con la vocación pedagógica del matrimonio Korish-Ávila, el otro oficio al que se dedican ambos. Una tercera característica vendría a ser el interés que se evidencia en todos sus montajes por lo que podríamos llamar la dimensión espectacular y multidisciplinaria del teatro; es decir, la integración de diferentes disciplinas -música, danza, canto, acrobacia, y en ocasiones también video y multimedia-, en el hecho teatral.

Violentar las convenciones

El montaje al que me refiero responde a todas las características antes mencionadas, pero agrega a ellas la utilización de máscaras, títeres y marionetas, y lo hace con una frescura y una libertad maravillosas, por momentos desconcertante. Parece que los miembros del grupo se hubieran propuesto violentar en un solo espectáculo todas las convenciones de la representación teatral, pues en Yvonne, un actor o actriz interpreta simultáneamente a varios personajes; varios actores interpretan sucesivamente al mismo personaje; un personaje es representado simultáneamente en escena por dos intérpretes; actores y marionetas coexisten en el espacio escénico, más luego la escena continúa representada únicamente por actores o exclusivamente por marionetas... Sin embargo, su propuesta es tan consistente que uno rápidamente entra en el juego, entra a jugar con ellos. Y disfruta. Y se maravilla. Y se ríe. Y piensa.

Pero no, digo muy mal: por ningún motivo uno tiene la impresión de que la ruptura de las convenciones sea el objetivo de la puesta. (Eso sería demasiado fácil.) El objetivo de la puesta es desde luego dar vida al texto de Gombrowicz, pero hacerlo con frescura, ingenio y con un enorme sentido de la espontaneidad y la libertad.

Sin embargo, sería ingenuo suponer que hay espontaneidad en un montaje teatral. Desde luego cada detalle ha sido cuidadosamente trabajado, minuciosamente dispuesto para crear en nosotros la ilusión de que las cosas suceden de la manera más fácil, espontánea y natural posible. Por eso me gusta pensar que los intérpretes y directores del espectáculo han conseguido en esta obra una trabajada simplicidad, mérito estético de los más altos, según mi entender.

El texto de Gombrowicz es abierto, pleno de sugerencias metafóricas, y la lectura que de él hicieron los responsables de este montaje tiende a subrayar lo irónico, lo satírico y lo grotesco. Mas todo está hecho con delicadeza, enorme alegría y, en mi opinión, con muy buen gusto y ritmo escénico. A pesar del carácter un tanto enigmático del texto, la forma -y si se quiere, el "espíritu"- con que se lo abordó en este montaje, lo hacen altamente placentero para niños, jóvenes y adultos. Sería una pena que no se representara de nuevo. Los intelectuales y otras especies encontrarán aquí referencias, alusiones y metáforas que les ocuparán el cerebro, y los demás disfrutaremos como niños del ingenio y los inagotables recursos escénicos con que nos sorprende constantemente el grupo de jóvenes y talentosos intérpretes.


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