Librero

Rodrigo Soto


MIENTRAS AGONIZAS

Jorge Franco Ramos

Rosario Tijeras

Novela

Seix-Barral

Es sintomático que de Rosario Tijeras se hable y se escriba más por la película recién estrenada en diversas ciudades del mundo, que por la novela que le dio origen. Sintomático, digo, de los tiempos que corren, en los que cualquier cosa, para existir, debe llegar a la pantalla -grande, chica o de Internet-. Pero es del libro del que hablaremos aquí. Publicada inicialmente en 1999, Rosario Tijeras ha conocido numerosas reediciones y traducciones, ganado varios premios y cimentado un merecido reconocimiento entre los lectores de todo el mundo. No obstante, tras leerlo, uno queda con la impresión de que su celebridad, en parte, nace de un equívoco.

La primera vez que escuché del libro me lo refirieron como "la historia de una sicaria" en Medellín. En las notas de la contratapa de la edición que llegó a mis manos (Seix Barral), Mario Vargas Llosa afirma: "A quien este artículo le haya abierto el apetito sobre el tema de los sicarios, recomiendo... Rosario Tijeras, de Jorge Franco". Y lo cierto es que Rosario Tijeras es muchas cosas, pero no la historia de una sicaria. Es, ante todo, una novela-retrato; lo que en las clases de literatura solía llamarse "una novela de personaje", y el personaje es, desde luego, Rosario, una hermosa joven de las barriadas de Medellín modelada por la violencia de esa ciudad y de Colombia. Por la violencia -ojo-, no solo delincuencial, sino también familiar. Una hermosa joven marcada por la violencia desde su niñez, que seguirá el camino de miles de jóvenes de las barriadas de Medellín y de muchas ciudades del mundo, incluida San José. Expulsada del hogar, se refugia en el mundo de los jóvenes -"las pandillas"-, donde rigen otras leyes y otras reglas que en "el resto" de la sociedad. Ahora bien, Rosario no es una joven cualquiera. Además de su belleza y frialdad, la caracteriza, en la novela, el grado superlativo de estas cualidades, hasta convertirla en una suerte de "leyenda urbana". Pero la leyenda se exacerba por el punto de vista por el cual no es presentada, pues el narrador es, ni más ni menos, un enamorado secreto, un enamorado frustrado, de la célebre Rosario. Así, la leyenda y las cualidades de Rosario son exacerbadas por la lente del narrador. Entre la prostitución y el amantazgo, entre la libertad y la sumisión, entre los marginales y los burgueses, entre la cocaína y el bazuco, Rosario busca su lugar en el mundo, sospechando de antemano que esa es una lucha perdida, y que la vida de los jóvenes de las barriadas debe apurarse hasta el fondo y con intensidad, pues será fatalmente breve. "La pelea de Rosario no es tan simple, tiene raíces muy profundas, de mucho tiempo atrás, de generaciones anteriores; a ella la vida le pesa lo que pesa este país, sus genes arrastran con una raza de hildalgos e hijueputas que a punta de machete le abrieron camino a la vida, todavía lo siguen haciendo; con el machete comieron, trabajaron, se afeitaron, mataron y arreglaron las diferencias con sus mujeres. Hoy el machete es un trabuco, una nueve milímetros, un changón. Cambió el arma pero no el uso. El cuento también cambió, se puso pavoroso, y del orgullo pasamos a la vergüenza, sin entender qué cómo y cuándo pasó todo. No sabemos lo largo que es nuestra historia pero sentimos su peso". (p. 42)

Si me permití parafrasear el título de la novela de Faulkner, (Mientras agonizo) para este comentario, es porque viene a cuento para describir la estrategia narrativa que escogió Jorge Franco para elaborar su relato: mientras tú agonizas yo recuerdo. Tal es la fórmula que el autor maneja con solvencia y propiedad.


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