Librero

Chaves ON THE ROAD

Luis Chaves
Asfalto, un road poem
Ediciones Perro Azul

Clara Astiasarán
clara.astiasaran@gmail.com


Afuera —en la blanquísima portada— la autopista que ahora divide el Mall San Pedro de la Universidad. La foto de otro tiempo simula la intrusión del cemento en el, entonces, casi paisaje rural. Adentro una chilladura de gomas, al más franco estilo beat: Asfalto un road poem, la más reciente entrega de Luis Chaves.

Le digo a Chaves: “estoy enredada con un libro beat”; a esto responde: “beat is dead”. Entonces, como con esos subtítulos en que se deja claro que se trata de la opinión de quien escribe, Chaves más que “no-responsable” se hace irresponsable de esta opinión. Así que ahora estamos en la misma mesa: un libro beat y yo.

Otra vez el sello Perro Azul y una portada que invita a robar; sin embargo hay un título, un autor y un precio que nos obliga a repensar la libertad, la calidad y la ventaja. En ese orden. Y detrás, el Centro Cultural de España, que sigue manteniendo a raya la poesía local. La cita oficial es en este sitio el próximo martes 28, pero sin presentadores. Insisto: la celebración y la rebeldía le pueden a los discursos para intelectuales.

Con el viento fresco en la ventanilla, ya esto no es más poesía. O sí, pero no en términos ortodoxos. En el camino se dejaron de contabilizar los versos y solo se cuentan los kilómetros. Sobreviven las frases cortas y filosas, pero el contexto literario es distinto. Si bien Chaves siempre ha coqueteado con la prosa en sus poemarios, esta vez acabó por convencerla –y convencerse– de que son el uno para el otro.

Alrededor de 30 fragmentos de un viaje en carretera terminan por ser un libro. El cuerpo de este texto disfraza su entereza entre mutilaciones. Son Él y Ella en un recorrido sobre un mapa personal que, el vértigo que da enfrentarse a sí mismo, perfila en una imagen muy elocuente: la cruzada sobre el asfalto, es decir, sobre la aridez. Todo narrado por un tercero omnisciente con muchas opiniones, porque es más sencillo mirar como otros cuentan los días que saber disponer los propios en un saco vacío. Son Ellos, ante las malogradas relaciones con “otros”, ante la incomunicación y el paisaje tan ordinario como absurdo, sobre la única ruta posible de un país que a pesar de no tener futuro, convirtió sus trenes en cosas del pasado.

Es frecuente, en la literatura de Chaves, ese desplazamiento del asunto más insignificante e íntimo como comentario a temas que rondan el orden social y político. Este detalle insiste en su conexión con la estética beat, particularmente con un libro como On the road de Kerouac, que se convirtió en himno de su tiempo. No se trata de decir que Asfalto pretende u obliga a ser leído desde un lugar predeterminado, pero como en sí mismo no es uno solo, se traduce en espejo de innumerables situaciones y reflexiones con las que toda una generación se siente identificada. No es gratuita la insistente imagen del retrovisor, como una bola de cristal que mira al pasado, como tampoco las señas de una generación nacida en el asfalto del tercer mundo; aquel que exhibe su esterilidad por partida doble. Es por eso que el título también se antoja guiño con el poeta que inmortalizó la route 66, aunque acá la Interamericana no será nunca motivo para la pasarela y donde lo único que crece son los accidentes.

Definir un libro con una palabra es temerario. Eso también nos sorprendió de lo anterior de Chaves: Chan Marshall. El nombre de una cantante indie en la portada de un libro costarricense no explicitaba lo que el autor sí: querer escribir un libro de canciones. Ahora al nombrar con Asfalto un viaje al interior de este país, concluye en cementarlo todo. La imposibilidad de hacer camino, cuando uno es un cometa mecánico en dirección contraria al porvenir.


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