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| Esta edición |
| Domingo 01 de abril, 2007 |
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Creación (detalle),de la serie Máquinas . fotografías: Jorge castillo / LA NACIÓN |
Creador de ideas materiales
Heterogéneo. La obra de Édgar Zúñiga: identidad, tecnología y dinámica.Edgar Zúñiga les enseña a respirar a las piedras, a contar historias a la madera y a filosofar al hierro.
Recorrer la trayectoria de este escultor alajuelense es mucho más difícil que decirla: aprendió las bases del oficio de su padre, el escultor Manuel María Zúñiga, y de su madre, la artesana Consuelo Jiménez; empezó con su propio taller de imaginería religiosa a los 16 años; a principios de los años ochenta, vivió varios procesos con la escultura en bronce, y, hace poco más de diez años, se topó con su veta artística contemporánea a la sombra de un horcón.
Entretanto, encontró tiempo para convertirse en el escultor nacional con más piezas de arte público, muchas de las cuales se encuentran en el país, pero además en México, Tailandia, Alemania y próximamente en Japón.
Su obra del último decenio ha estado literalmente sostenida por horcones ya que la experimentación en la talla de estos maderos rústicos le permitió, simultáneamente, depurar un ideario y una estética visual tanto en estas piezas como a través de su evolución a las columnas en metal y a las máquinas escultóricas.
Sobre maderos. A partir de 1995, Edgar Zúñiga buscó un nuevo lenguaje que le permitiese adentrarse en la escultura contemporánea. Ideó entonces un tipo de pieza que lo acercara al lenguaje de la instalación, pero que mantuviera un arraigo con la cultura costarricense.
“El horcón fue una fuerza importantísima porque me permitió juntar todas esas aspiraciones que perseguía de una identidad, una arquitectura, un discurso nuestro”, explica el artista.
Zúñiga rescata horcones de viejas casas para liberar de ellos rostros y formas anatómicas cercanas a las fisonomías criollas, en una mezcla de abstracción y figuración. Para ello emplea la talla directa, además del ensamble de materiales como la piedra y el metal.
El artista sostiene que este trabajo ha sido muy bien aceptado como discurso contemporáneo, pero que los sectores más populares también lo sienten suyo.
Sobre metal. El trabajo con bases verticales llevó a Zúñiga a experimentar con formas análogas en otros materiales. Así descubrió sus Columnas del pensamiento , pilares que sostienen el vacío, pero que le dejan hablar del ser humano, de su condición social y planetaria.
“La columna es un símbolo de permanencia, de resistencia; pero además es la comunicación de la tierra y el cosmos: representa el deseo de trascender hacia arriba con el arraigo en la tierra”, explica.
Según el artista, a diferencia de su trabajo con los horcones –que reflejan las energías que vibran alrededor de un hogar–, las columnas metálicas son lenguajes que comunican en un ámbito más filosófico.
El ensamble de materiales crea un diálogo y un conflicto entre ellos. Por ejemplo, una piedra, símbolo de lo primigenio, se insinúa como fuente de energía dentro de un monolito metálico, símbolo de lo tecnológico. En otra pieza, las raíces buscan la vida y rompen la solidez del metal.
“Ese elemento me gusta mucho: cómo lo suave y lo tierno logran romper el metal o atravesar la resistencia. Quiero hablar de las virtudes humanas, de la perseverancia, de una fe en el futuro capaz de traspasar muros”, manifiesta.
Deus ex machina . Como una variación de sus horcones, Zúñiga empezó a atrapar otro tipo de espacios con obras de madera horizontales y oblicuas, las cuales tomaron la apariencia de maquinaria. Asimismo, la observación de las máquinas reconstruidas con base en los modelos de Leonardo da Vinci lo convenció a crear piezas inspiradas en la poética de estas creaciones: mezcla de dinámica y escultura.
Entonces creó obras satíricas mediante artilugios que juegan con resolver grandes problemas de la humanidad: la comunicación con lo divino, la dualidad entre la razón y el sentimiento, el ser humano vendido como carne, etc.
Por ejemplo, La creación es una máquina que ensambla las manos de los personajes de Dios y Adán de la famosa escena del soplo divino de Miguel Ángel. La obra aproxima y aleja la diestra del creador y permite a cualquiera generar el milagro con solo girar una manivela.
En estas máquinas, elaboradas con ejes y engranajes de madera, Zúñiga integra manos, torsos y cabezas de estética ya no criolla, sino renacentista. Sin embargo, estas anatomías añaden, a su “carne”, elementos como tuercas y tornillos, lo que habla de un arcaico organismo cibernético: es una fusión entre la herramienta y el propio ser.
Mediante esta estética, se nos habla de un ser compuesto por –y componente de– un engranaje frío y tecnócrata.
Zúñiga trabaja simultáneamente la resina, la piedra, el metal y la madera, entre otros.
El artista se explica: “Yo respeto mucho el material pues cada uno tiene su propio lenguaje. Los materiales me sirven para canalizar una idea o un concepto de tipo ideológico; no hago la forma por la forma. Sin embargo, también es importante el disfrute estético pues, si no lo hay, el espectador no entra en la obra y no la decodifica”.
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Sobre la pareja,de la serie Máquinas. E. Zúñiga para /LA NACIÓN |
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La boca, Adolescente, Mujer cyborg y Poeta.de la serie Horcones . |
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La boca y Mujer indígena,de la serie Horcones . |
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Pensar con el corazón (detalle),de la serie Máquinas. E. Zúñiga para /LA NACIÓN |
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Mercado del conocimiento,de la serie Máquinas . E. Zúñiga para / LA NACIÓN |
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Rostro,de la serie Horcones . |
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Edgar Zúñiga,al lado de sus Columnas del pensamiento . |
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