Esta edición
Domingo 26 de agosto, 2007
Foto id: 1702030

Carlos Luis Fallas (1909-1966),aquí, en una foto inédita. Escribió obras como Marcos Ramírez y Mi madrina. Archivo
Literatura

Relectura de “Mamita Yunai”

Revelaciones LA NOVELA DE ‘CALUFA’, PUBLICADA en 1941, ES UN VIAJE A LOS DRAMAS SOCIALES DE LA COSTA RICA de ENTONCES

Víctor Hugo Acuña Ortega
Universidad de Costa Rica@nacion.com

La primera parte deMamita Yunai, de Carlos Luis Fallas, se titula Politiquería en el Tisingal de la leyenda y relata el viaje del autor-protagonista de Limón a Amubri (Talamanca). Es la narración de un viaje a los confines del territorio de Costa Rica, donde el Estado y la nación apenas existen, y a los lugares más sombríos de la democracia, en los cuales los comicios son una farsa racista, grotesca y degradante.

Es un viaje a un lugar en el cual los mitos de la Costa Rica liberal aparecen en forma invertida: allí ni hay Estado educador, ni nación homogénea, ni mucho menos una centenaria democracia ejemplar. El viajero es un costarricense del Valle Central. Según su propia definición, es una persona de raza blanca y –dato muy importante– que no habla inglés y menos aún ninguna lengua indígena de Talamanca.

Este viajero se improvisa en etnógrafo y nos ofrece una etnografía de sentido común en la cual nos describe un conjunto de diferentes grupos étnicos y nacionales en el marco de un mundo opresivo, decadente y deprimido dominado por una United Fruit Co., en proceso de abandono de esa región y de traslado al Pacífico sur de Costa Rica.

Diversidad. Esta parte de la novela es también una etnografía o una radiografía de la forma en la que operaba el fraude electoral en Costa Rica antes de 1948. Se muestra la manipulación de los indígenas por parte de las autoridades de policía por medio de guaro y comida, manipulación que el protagonista debe tolerar con el fin de negociar el monto de los votos irregulares.

En esta primera parte, los indígenas son presentados como una raza degradada por la compañía, no por la colonia ni por los españoles. Son gente muy triste que no tiene cantos, unos “pobres diablos”, seres infrahumanos, “seres idiotas” percibidos como lo otro, como lo ajeno. Sus costumbres son repulsivas; por ejemplo, dice el protagonista, desayunan “un sancocho miserable y maloliente”.

La degradación de los altivos talamancas –quienes desafiaron por siglos a los españoles– fue causada por “los conquistadores imperialistas yanquis, secundados por criollos serviles”. En esta etnografía improvisada de los indígenas de Talamanca abundan, de parte del autor, las palabras de denuncia y compasión; pero el fundamento de su percepción es su profunda condición de alteridad.

Y otros… Un juego de percepciones similares se presenta en la relación con los nicaragüenses. Así, en el contexto de una descripción de una faena de trabajo en la cual hubo que hacer explotar candelas de dinamita, el autor nos describe la reacción de los obreros tras el estallido: “De todos los rincones se levantó un clamor alegre de gritos y dichos jocosos. Los ticos recordando las alegres fiestas de sus pueblos lejanos; los nicas, los combates sangrientos de su tierra mártir”. En este caso es evidente la conocida y arraigada oposición entre la imagen de paz y concordia de Costa Rica y la de conflicto y discordia de Nicaragua.

Los negros forman parte de esta etnografía de sentido común. Para designarlos, el autor emplea los términos de ‘raza de color’, ‘negros’, ‘morenos’ y ‘negritos’. Ellos también son ‘lo otro’, pero de manera diferente de como son los indígenas porque los negros son alegres, pero también salvajes y lujuriosos. En determinado momento un personaje emite una expresión típicamente racista: “Parecen congos”.

Como en el caso de los indígenas y también de los nicaragüenses, hay en el autor una gran compasión por los negros. En uno de los momentos en los cuales el autor se ocupa de hacer la tarea pedagógica y de denuncia en el texto, dice: “Pareciera que para los negros se ha detenido la rueda de la historia”

Soledades. La segunda parte, A la sombra del banano, es una descripción de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores bananeros, de los llamados linieros, del Caribe de Costa Rica en la década de 1920. Como es conocido, es un mundo de hombres solteros –donde casi no hay población femenina–, de proezas, fantasías, soledades, ilusiones rotas, alienaciones, lealtades y solidaridades masculinas.

Es un universo de hombres muy machos que llevan palo continuamente, pero que también lloran y buscan consuelo en el guaro o el ron y en las prostitutas. Es un mundo miserable, sucio y sórdido, en el cual imperan la explotación, la arbitrariedad y la injusticia.

Por eso, los días de pago son como una representación teatral de todo lo que ese mundo contiene y cuyo desenlace suele ser de sangre, muerte y cárcel para algunos. Solo la solidaridad y la fraternidad masculinas permiten soportar y tolerar tal universo.

Sin embargo, estos hombres no solo enfrentan la aspereza de otros seres humanos o de las relaciones sociales que representan, sino que, además, deben enfrentar otro enemigo poderoso e implacable que los abruma continuamente de temores: una naturaleza hostil, llena de peligros, agresiones y enfermedades. El miedo a las serpientes quizás sintetice esa percepción de la naturaleza como expresión de una realidad ominosa permanente.

El clima también es adverso y cobra al cuerpo y también al alma su cuota de sufrimiento porque este Caribe no parece ser el de las tarjetas postales, sino un lugar de lluvias continuas, gris, húmedo, fangoso, con vahos o emanaciones letales y, por doquier, pletórico de insidiosos insectos.

La vida del liniero o la historia de su vida es también un viaje hacia la destrucción, ya sea porque desemboca ––como sucede con varios personajes– en una rebelión individual terminada en un hecho de sangre que conduce a la prisión, ya sea porque queda trunca con una muerte repentina, en un momento de descuido en el trabajo, como le ocurrió a Calero, el personaje más famoso de esta novela.

Convicción. Ese viaje puede ser también, como fue el caso de su protagonista, una salida de las tinieblas y un ascenso hacia la luz, hacia la toma de conciencia y hacia la rebelión colectiva, la lucha social y el compromiso político.

Precisamente, la tercera parte,En la brecha , aporta la moraleja final: el protagonista saca las lecciones del bananal, termina su periplo por el corazón de las tinieblas y recibe la iluminación, es decir, descubre el sentido de sus sufrimientos y el de sus compañeros, y la tarea o misión que le corresponde asumir.

Si la parte primera es un viaje a un mundo oscuro de alguien que ya se ha liberado de sus sombras, las partes segunda y tercera pueden verse como un viaje inverso de iniciación o de descubrimiento del camino de la emancipación, es decir, de la ideología comunista.

La relectura de la obra de Carlos Luis Fallas me ha reconfirmado la hipótesis de que el problema fundamental de la nación costarricense desde mediados del siglo XIX es su relación con los Estados Unidos, cuestión que es central en el texto, como su título lo indica.

Casi dos tercios de siglo después de la primera edición de esta obra, me parece siempre de actualidad preguntarse si podría ser distinta nuestra relación con el país de donde procedía la United Fruit Co.

EXTRACTO DE LA CONFERENCIA DICTADA EN EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA DURANTE EL CICLO ‘FICCIONES DE LA NO FICCIÓN’, QUE SEGUIRÁ ESTE JUEVES A LAS 7. P. M. CON LA CONFERENCIA DE CARLOS CORTÉS SOBRE ‘EL INFIERNO VERDE’, DE JOSÉ MARÍN CAÑAS.