Libros
Domingo 04 de febrero, 2007
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Librero

La embestida del jabalí

Adriano Corrales
El Jabalí de la media luna
Cuento
Arboleda Ediciones

Rodrigo Soto
paralelo10@correo.co.cr

Adriano Corrales Arias (1958) tiene una larga y destacada trayectoria como poeta, novelista y animador cultural.

Es autor de las novelas Los ojos del antifaz (1999) y Balalaika en clave de son (2005), así como de cuatro poemarios.

Con El jabalí de la media luna nos entrega su primera colección de cuentos y relatos, los cuales han sido elaborados –según se nos informa en la contratapa– a lo largo de un par de décadas.

Por cierto que el libro forma parte de la entrega inicial de Arboleda Ediciones, una nueva editorial impulsada por varios escritores (el mismo Corrales entre ellos), que a finales del año pasado lanzó, de manera simultánea, varios libros.

El jabalí de la media luna está constituido por una docena de relatos de diversa extensión.

Aunque a primera vista podría parecer que entre ellos no existe unidad alguna, una lectura atenta revela, por el contrario, que la gran mayoría aborda, de diferentes maneras, el erotismo y la pasión: así, en líneas generales, lo que nos presenta el volumen es un variado menú de encuentros y desencuentros eróticos y amorosos.

En los cuentos de Adriano Corrales, el erotismo constituye una fuerza incontenible y salvaje, a cuyos pies quedan tendidas las convicciones morales o políticas, que también disuelve las barreras sociales, los lazos amistosos y aun los vínculos familiares.

En los cuentos de Corrales, el erotismo es, pues, ese jabalí que embiste furiosamente en la selva de los convencionalismos y las normas sociales; es una fuerza profunda que por igual edifica y destruye, nos pierde y nos redime, y ante la cual los seres humanos somos poco menos que títeres o monigotes...

Muchas de las narraciones están ambientadas en el mundillo universitario y artístico; algunas otras, en el escenario más amplio de la ciudad.

Algunas dibujan a los personajes con trazos satíricos –especialmente cuando se trata de atacar las jerarquías sociales–, pero la gran mayoría lo hace desde una perspectiva que podríamos llamar, sencillamente, de empatía dramática.

De ese mundillo artístico y universitario –iconoclasta, heterodoxo, anticonvencional (drogas e izquierdismo incluidos), a menudo decididamente fatuo– Corrales nos ofrece una imagen que a la larga resulta descorazonadora, en la que sobresalen la ambigüedad moral y lo que podríamos llamar, quizás, “su espíritu disoluto”, si por ello entendemos la fragilidad de los vínculos, amenazados siempre por los dictados del deseo.

Desde el punto de vista del tratamiento literario, queda la impresión de que, entre el Adriano Corrales poeta y el Adriano Corrales narrador, sale ganancioso el primero.

En efecto, los textos hacen gala de un cuidadoso trabajo del lenguaje, a menudo con largas parrafadas plenas de imágenes, sobre todo cuando se trata de metaforizar la energía erótica: “Entre sus brazos, entre sus muslos, bajando y subiendo desde sus tiernos y jadeantes pechos, prendido de sus sinuosos labios y de su vulva humedecida, la noche giró doblemente colocándome en otra dimensión.” (P. 63)

En cambio, desde el punto de vista puramente argumental, los textos parecen oscilar entre el cuento –en el sentido estricto–, el relato, el retrato y, en alguna ocasión, incluso la anécdota...

No obstante, esa riqueza del tratamiento textual siempre los redime, confiriéndoles la intensidad necesaria para transportarnos, como lectores, a los territorios deliciosos y aciagos donde embiste el jabalí.

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