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Domingo 17 de junio, 2007
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Librero

CALSAMIGLIA, RECUPERADO

Eduardo Calsamiglia Arias
Obra literaria
Editorial Costa Rica

Mario Alberto Marín
mariopoet@gmail.com

Poco antes de morir en enero del 2001, nuestro acucioso investigador literario Álvaro Quesada Soto dejó apenas esbozado un proyecto de recuperación y revaloración de la obra literaria del legendario escritor y militar costarricense Eduardo Calsamiglia Arias (1880-1918).

Un apasionado de las letras nacionales, Luis Gustavo Lobo Bejarano, fue el valiente continuador y culminador de este proyecto que a la postre alcanzó dimensiones titánicas.

Durante más de una década, Lobo Bejarano fue uno de los “ratones oficiales” de la Biblioteca Nacional, de donde arrancó a periódicos de la época y a las primeras ediciones de la obra de Eduardo Calsamiglia, todo el acervo discursivo y gráfico necesario para trasladar a este autor, en viaje directo desde el olvido, hasta las nuevas generaciones de costarricenses.

Como en muchas otras ocasiones, la Editorial de la Universidad de Costa Rica (EUCR), apadrinó con entusiasmo tal empresa, y la ha concretado en un volumen recién publicado y que supera las seiscientas páginas, titulado Obra literaria .

La educadora María Eugenia Dengo Obregón prologa este volumen. Para ella, la recuperación de este personaje romántico y novelesco –cuyo estilo presenta ribetes humorísticos, satíricos y filosóficos– constituye un acto de reivindicación, justo antes de conmemorarse los noventa años del fallecimiento del escritor, acaecido en Guatemala.

Antes del corpus antológico, Lobo Bejarano ofrece un estudio introductorio segmentado en Vida y obra . Este trabajo hace gala de una vasta documentación acerca de la producción calsamigliana.

Luego se agrupan la mayor parte de los textos recuperados, en un orden cronológico de publicación, a excepción de los textos dispersos en periódicos o revistas. Es imperativo señalar que Eduardo Calsamiglia cultivó de preferencia los géneros de poesía lírica y teatro.

En poesía lírica son dignos de mencionarse, entre otros títulos, Versos y cuentos (1898), su primera publicación en libro; Gordos y flacos (1904), un poemario sui géneris para ser leído “manos arriba”, bajo el lema de “Calda el que no se ría de principio a fin”. Se trata de un tomo cáustico e irreverente, escrito “a diez manos” por cinco cómplices satíricos: Eduardo Calsamiglia, Óscar Baudrit, Próspero Pacheco, Tranquilino Sáenz y Aquileo J. Echeverría.

A su vez, Las siete palabras (1908) es un texto eminentemente lírico dentro de la producción de Calsamiglia; sin afectaciones místicas, recrea el sacrificio de Jesús en el Gólgota. La producción dramática de Eduardo Calsamiglia es mucho más consistente, aunque no se aleja del tono humorístico y satírico de sus poemas.

Cabe mencionar las piezas El Diablo en el Cielo (1910), Poderes invisibles , El combate y ¡Ni en el Cielo! (1914), y su drama Bronces de antaño (1919), publicación póstuma considerada su mejor logro dramático según la crítica de la época y del propio encargado de la edición del texto, el periodista Joaquín Vargas Coto.

Probablemente, la trayectoria de este galán y militar de las letras nacionales haya sido desterrada de la memoria popular por su vinculación directa con la dictadura de los hermanos Tinoco. No obstante, una de sus acciones acertadas fue haber repatriado, en 1915, los restos mortales de su gran amigo el poeta Aquileo J. Echeverría. Los restos permanecían en Barcelona desde 1909, año en el que Echeverría había muerto.

A fin de cuentas, estamos ante la memoria de un ser humano cuya valiosa contribución literaria ha ganado un sitial en la Colección Retorno de la Editorial de la Universidad de Costa Rica.

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