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Domingo 20 de mayo, 2007
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Cine

REGRESO A EL DORADO

Filme español. EN 1987 SE FILMÓ AQUÍ UNA CINTA DE CARLOS SAURA QUE, SE CREYÓ, PUDO ‘LANZARNOS’ AL CINE EN GRANDE

Rodrigo Soto
paralelo10@correo.co.cr

Hace 20 años, el director español Carlos Saura filmó en Costa Rica la que era, hasta entonces, la producción más costosa del cine español, El Dorado , cuyo presupuesto ascendía a 10 millones de dólares.

En el país, algunos se apresuraron a afirmar que ese hecho marcaría el nacimiento de una industria cinematográfica nacional; otros consideraron que abriría, al menos, el mercado para una “maquila” de películas extranjeras, y algunos más soñaron que sería el inicio de una fulgurante carrera artística internacional.

A dos décadas de distancia, cabe preguntarse cuáles de esas expectativas tenían fundamento y cuáles no pasaban de ser simple ilusión.

Ilusiones. Por aquel entonces se supo que Saura rodaría en Costa Rica su versión de la aventura del conquistador Lope de Aguirre, aquel que, tras numerosas traiciones, intrigas y asesinatos, terminó por sublevarse contra Felipe II y proclamó un reino autónomo en lo profundo de la selva amazónica.

La noticia trastornó por completo el alicaído medio cinematográfico del país, o lo que quedaba de él tras la crisis económica de los años ochenta.

Se trataba de uno de los directores españoles más prestigiosos; en vísperas de la conmemoración del quinto centenario de la llegada de los europeos, el proyecto se anunciaba como la producción más costosa de la historia del cine español.

Una corazonada de la entonces embajadora de España, Carmen Rico-Godoy, la llevó a sospechar que los canales de Tortuguero podían ser el lugar que el cineasta de Huesca buscaba desde hacía meses. Se requería un sitio que, a los ojos de los espectadores europeos, pudiera pasar por el curso alto del río Amazonas, pero que, a diferencia de los difícilmente accesibles e inseguros parajes de Colombia o Perú, ofreciera adecuadas condiciones de infraestructura para la filmación.

Sabido es que Saura –cineasta sobrio, elegante y preciso– nunca compartió la afición por las filmaciones extreme del alemán Werner Herzog, quien quince años antes había estrenado una célebre versión de la misma historia bajo el sugerente título de Aguirre o la cólera de Dios .

Así pues, la embajadora invitó a Saura a Tortuguero. Poco después, el director, el productor Andrés Vicente Gómez, la embajadora y autoridades del gobierno de Costa Rica anunciaron, con bombos y platillos, que el proyecto se filmaría aquí.

Otra babel. Además de algunos actores y técnicos nacionales, en el rodaje participaron varios centenares de extras de la ciudad de Limón, así como indígenas bribris, borucas y malecus. Durante algunos meses, la producción dio empleo a decenas de personas en los campos más variados: peones, choferes, carpinteros y soldadores, servicios de seguridad y alimentación, hospedaje y transporte.

Entre los mayores retos de la producción se contaba construir un “bergantín” y varias barcazas capaces de navegar, para lo cual se hizo venir un equipo de especialistas británicos.

Los luminotécnicos, los “dobles” y parte del equipo de producción, eran mexicanos. Entre los actores, el protagonista, Omero Antonutti, era italiano; Lambert Wil-son, francés; Féodore Atkine, ruso-polaco...

Durante las 16 semanas que consumió el rodaje, el paradero turístico Moín –donde se estableció el “cuartel general” de la filmación– se convirtió en una auténtica Torre de Babel. Entre los cargos más pintorescos de la producción, había un antropólogo que “tenía a su cargo” la atención de los indígenas y un veterinario responsable de cuidar lapas, serpientes, cangrejos, caballos y algunas ovejas que se utilizaron en el rodaje.

Desafortunadamente, la película fue un rotundo fracaso comercial y la crítica especializada tampoco la recibió bien. En Costa Rica, la película se proyectó tan solo un par de veces, siempre en funciones privadas.

El vehículo y la cámara cinematográfica que la empresa productora cedió al Centro de Cine como contrapartida por su apoyo durante la filmación, permanecieron –y quizás permanecen aún– aguardando la avalancha de películas que debían venir pero nunca llegaron, y así, tristemente, inexorablemente, fatalmente, El Dorado y su historia sucumbieron al olvido.

Revisión. Hace pocos días tuve la oportunidad de mirar de nuevo la película, con motivo de un festival de cine de España que el Centro de Cine costarricense, la embajada de ese país y la municipalidad local organizaron en Limón.

Para mi sorpresa –pues tenía un recuerdo muy vago de aquellas proyecciones–, encontré que El Dorado es una película con numerosos méritos artísticos.

El argumento está brillantemente estructurado: iniciando como una película coral y multitudinaria, se convierte progresivamente en un drama intimista sobre la ambición y el poder.

Las historias secundarias que modulan, contrastan y enriquecen el relato son la relación de Lope de Aguirre con su hija, así como el drama de Inés de Atienza, la hermosa mulata que pasa de un hombre a otro conforme los sucesivos jefes de la expedición sucumben a las conspiraciones de sus subalternos.

La fotografía de Teo Escamilla, las actuaciones de los principales intérpretes, la ambientación y la cuidadosa musicalización –ya se sabe la atención que presta Saura a la música– brindan aportes a una película que, sostuvo mi interés de principio a fin, si bien acusa por momentos un ritmo un tanto moroso.

En cuanto a la participación de los nacionales, destacan la presencia de Alfredo y Gladys Catania. Anecdóticas y conmovedoras para quienes los conocimos, resultan las breves intervenciones de los luego fallecidos Rodolfo Cisneros, Pepe Solano y David González. Actores como Mariano González, Gustavo Rojas, Álvaro Marenco y Manuel Ruiz, entre otros, también lucen bien en sus apariciones.

Aventura pendiente. No obstante, si todo ello fuera cierto, si mi opinión de la película no estuviera sesgada por haber participado en ella como ayudante de dirección (ayudante del ayudante del ayudante de Saura), ¿cómo explicar, entonces, el fracaso de la película a ambos lados del Atlántico y su prolongado olvido?

Aquí se abre un paralelismo evidente entre el argumento de la película y la historia del proyecto cinematográfico, pues –tal y como las expectativas de los españoles que se embarcaron en pos de El Dorado eran fantasiosas y nada real hubiera podido saciarlas– las expectativas que se generaron en España alrededor de la cinta eran desproporcionadas, y el resultado difícilmente hubiera estado a su altura.

Lo mismo cabe decir de lo que esperábamos los costarricenses que la película significaría para el país. El Dorado no colocó a Costa Rica en el mapa de la maquila cinematográfica internacional, ni mucho menos significó algo para el despegue de una cinematografía nacional. Tampoco lanzó al estrellato a ningún artista ni actor costarricenses. En cambio, al cabo de los años, sí significó una experiencia valiosa y enriquecedora para algunos técnicos y actores que pudimos participar en ella, y marcó el destino de unos cuantos.

Como sabemos hoy, 500 años después de la aventura de Lope de Aguirre y 20 años después de la película de Saura, El Dorado no existe: hay que buscarlo, construirlo y encontrarlo día a día.

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Ancora, La Nacion

Gran presupuesto. El Dorado se filmó en Tortuguero, Limón, y fue la producción más costosa del cine español que se había rodado hasta ese momento.

María Lourdes Cortés para / LA NACIÓN
Ancora, La Nacion

Carlos Saura.El prestigioso cineasta español dirigió la cinta histórica.

María Lourdes Cortés para / LA NACIÓN
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