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Costa Rica, Domingo 7 de diciembre de 2008

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Historia

Un libro para los pobres

  Beneficencia En 1908, muchos escritores ticos colaboraron en un singular ‘libro navideño’

Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr

A finales del siglo XIX e inicios del XX, la prensa costarricense empezó a tratar, cada vez con más interés, el problema de la pobreza.

A la vez, asociaba rápidamente a los pobres con la enfermedad física o mental, el alcoholismo, la vagancia, la falta de higiene, la mendicidad, la prostitución y la delincuencia.

El trasfondo de este proceso fue la creciente diferenciación social que experimentaba Costa Rica, y que se expresó, en el campo, en un alza en la proporción de jornaleros. El universo urbano no se exceptuó de un fenómeno similar, que se manifestó en el incremento de los artesanos asalariados y, ante todo, en la proliferación de niños y jóvenes que laboraban como limpiabotas, pregoneros y en otras ocupaciones por el estilo.

En ese contexto, en 1908, Guillermo Vargas y Rafael Villegas, junto con la Sociedad de Señoras de San Vicente de Paúl, solicitaron a los principales escritores del país “algo ameno para hacer un [volumen] popular, atrayente y educador, [cuya venta depararía fondos para] festejar a los pobres en los días de Navidad y Año Nuevo”.

Esa iniciativa fue acogida con entusiasmo por los escritores convocados y, una vez que el texto estuvo listo, sus gestores se preocuparon por “el medio de hacer la edición, sin que fuera un negocio para nadie, ni menoscabara el haber que se destinaba a los pobres”.

Añadieron: “Con tal fin pedimos a la Dirección de la Imprenta Nacional un cómputo preciso del costo que rigurosamente tendría una plana de letra y dimensiones determinadas, en papel cuya muestra presentamos, y [...] el cálculo estricto de lo que costarían DOS MIL ejemplares de un libro de unas doscientas páginas [...] y debidamente encuadernados. [Con esa] estimación [700 colones] nos presentamos al señor Presidente de la República [Cleto González Víquez], para solicitar de él que de los fondos públicos se sirviera mandar pagar el costo de la edición [en lo cual concordó]”

“Avelino Alsina, que estaba seguro, como buen industrial en su ramo, de que con aquella estimación de trabajo perdería en vez de ganar, nos pidió que le permitiéramos editar esta obra, porque él quería [...] contribuir [...] a ese fondo [...] para los pobres”.

Recomendaciones. En mucho, el apoyo presidencial que tuvo el proyecto, y que aseguró su éxito, se explica por las características de sus gestores. Vargas tenía 27 años en 1908 y había sido el editor del Boletín Comercial en 1902 (impreso en el taller de Alsina). También había sido agregado en la legación costarricense en Panamá en 1905 y profesor en el Liceo de Costa Rica en 1907; además, era yerno del destacado intelectual y político Justo A. Facio.

Por su parte, Villegas era un militar de origen colombiano, tenía 56 años y, entre otras labores, había sido director del periódico De Todos Colores , que se imprimía en la tipografía de Alsina. Gracias a su esposa, Villegas estaba emparentado con la importante familia cartaginesa Acuña Braun. En su casa vivía una sobrina política que se convertiría en la principal líder feminista del país durante la primera mitad del siglo XX: Ángela Acuña.

Las experiencias y los contactos de ambos editores en los círculos políticos, intelectuales, periodísticos y tipográficos fueron claves para lograr la publicación, que no tardó en ser promovida por la prensa. El Correo de España, del 13 de diciembre de 1908, expresó:

“[Aconsejamos] á nuestros lectores, la adquisición de ésta obra, fundados en dos razones poderosas: es, ante todo, una preciosa colección de notables trabajos literarios [...] y, además, su propósito noble y elevado: el producto de la venta de la obra se destinará á socorrer á los desvalidos en la próxima fiesta de Navidad [...]. Cumple á todos procurar que la generosa empresa de estos escritores tenga el éxito que merece, aportando cada cual su óbolo al beneficio del proyecto”.

Los documentos conocidos no permiten determinar cuán exitoso fue el proyecto ni dejan saber si los recursos que generó socorrieron eficazmente a los pobres; en todo caso, es significativo que no se cumpliera la expectativa de los editores de repetir la experiencia en 1909. Una esperanza en tal sentido fue claramente expuesta en el prólogo de El libro de los pobres , en el cual indicaron:

“Advertiremos, á guisa de paréntesis, que no invitamos á los escritores de la novísima generación, entre los cuales hay algunos que han dado ya muy buenos frutos, y prometen mejores si el estudio no les cansa, porque á estos los reservamos para un segundo libro, que, Dios mediante, haremos á fines del año próximo, con el mismo fin con que se hizo éste”.

Incluidos y excluidos. ¿Cuántos fueron los escritores convocados y con qué criterios los escogieron los editores? Los autores seleccionados fueron 31, todos varones. De ellos, 17 tenían cuarenta años o más; en cuanto a ocupaciones, 11 estaban vinculados con la enseñanza o el periodismo, y 10 eran profesionales, entre los que destacaban los abogados.

El peso político de tales colaboradores se evidencia en que 20 de ellos habían desempeñado –o pronto lo harían– puestos públicos como diputados, jefes administrativos, subsecretarios o embajadores en Estados Unidos y Europa.

Por tanto, la estrategia de Vargas y Villegas consistió en privilegiar la participación de individuos ya consolidados, pertenecientes a los sectores acomodados urbanos y con una sobresaliente trayectoria en el servicio público.

El énfasis en tales atributos explica que, en El libro de los pobres , figuren algunos de inferior talento literario a la par de escritores como Ricardo Fernández Guardia, Carlos Gagini, Aquileo Echeverría, Jenaro Cardona y Manuel González Zeledón ( Magón ).

Además, fueron excluidos los jóvenes intelectuales de la época, con la excepción de Joaquín García Monge y José Fabio Garnier. Sin duda, dos de las ausencias de mayor peso fueron los poetas Roberto Brenes Mesén y José María Zeledón.

Considerar la composición generacional y ocupacional de tales autores facilita entender por qué El libro de los pobres casi no trata de los pobres. De los 31 textos recopilados, únicamente 11 abordan los problemas de la pobreza. La mayoría de las contribuciones se concentró en temas que iban desde cómo se vivía la Navidad en casas de familias prósperas hasta la explotación del río Aguacaliente con fines turísticos, y desde los peligros del alcoholismo hasta el carácter pacífico del conquistador español Juan Vázquez de Coronado.

Un análisis por géneros literarios revela que la pobreza estuvo más presente en las crónicas que en los cuentos, poemas y poesías. Esto sugiere este tema podía ser tratado más fácilmente en términos de evocación, a partir de experiencias personales, que como objeto de creación literaria o de reflexión intelectual.

La distancia cultural existente entre los autores y los pobres, evidenciada en lo anterior, se manifiesta de nuevo en que los escritores tendieron a asociar la pobreza con situaciones generacionales (vejez o infancia), con especificidades étnicas (indígenas) y, al igual que la prensa de la época, con problemas sociales que ameritaban una decidida intervención estatal para su debido control: mendicidad, violencia doméstica y alcoholismo.

Cien años después de su publicación original, una nueva edición de este peculiar libro, publicada por la EUNED, está disponible en las librerías costarricenses.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR

FOTOS

  • Nacion.com

    Ilustración de la portada de El libro de los pobres , elaborada por Tomás Povedano. Iván Molina para LN

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    Ilustración incluida en El libro de los pobres , elaborada por P. Baixench. Iván Molina para LN

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