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Costa Rica, Domingo 13 de julio de 2008

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Música

Un Mozart popular

  Notable Vernon ‘Pibe’ Hine fue un talentoso pianista ‘natural’ que finalmente se desperdició

Mario Zaldívar | mzaldivar@costarricense.cr

Se ha contado la anécdota de que, en una ocasión, el niño Vernon Hine le arrebató la batuta al maestro César Nieto y simuló dirigir una orquesta de gran porte. Este hecho representa la profunda inclinación de un individuo por su vocación musical. Hine no conoció academia, pero su intuición lo llevó a dominar el piano con una maestría poco común.

Vernon Pibe Hine tal vez sea el músico costarricense que más se acerca al mito: pianista eximio, contradictorio, apasionado y autodestructivo.

Hine tuvo la grandeza de los artistas tocados por genialidad y, sin embargo, se entregó a la bohemia trepidante que acabó con sus días antes de lo previsto.

De tanto en tanto, las sociedades devoran a algunos de sus mejores hijos y crean sus propios mitos. México tuvo a Genaro Salinas, asesinado vilmente en Caracas; Puerto Rico vio morir, alcoholizado, al joven Charlie Figueroa; unos años después lo seguiría Héctor Lavoe.

Cuba perdió a su mejor percusionista, Luciano Chano Pozo, bajo una lluvia de balas, en Nueva York; lo mismo le había sucedido al yucateco Guty Cárdenas.

Susy Leiva privó al tango de la mejor voz femenina del siglo XX. Más recientemente, la brasileña Elis Regina se despeñó en el abuso de las drogas, historia paralela a la del caribeño Bob Marley.

Vernon Hine se suma a aquella cofradía de talentos truncados prematuramente; pero su imagen perdura en la imaginación colectiva de Costa Rica gracias a ese roce mítico que nunca tendrá una explicación satisfactoria.

Música en familia. Vernon Hine Zeledón nació en Limón en 1938. Sus padres fueron Vernon Hine Olieri y Virginia Zeledón Castro. Su padre fue pianista de la Orquesta Champion, dirigida en los años 40 y 50 por Víctor Gandini.

Su abuela paterna, Marita Olieri, fue una destacada pianista que llegó a tocar con la Orquesta Sinfónica Nacional; además, fue quien inició al Vernon en la música.

Su abuelo paterno, Enrique Hine, fue un conocido caricaturista de los años 20, y, por esos mismos años, el hermano de Enrique, Luis Hine, se dedicó a la poesía.

Ese breve panorama de la ascendencia del pianista muestra una fuerte raíz artística, que de muchas maneras se manifestó en el Pibe .

Hacia México. En 1955, Vernon Hine llegó a la ciudad de México y rápidamente se involucró en la actividad musical de la gran urbe.

El maestro Agustín Lara le dio una enorme acogida y lo apoyó en obtención de contratos artísticos en diversos centros de diversión.

Su punto más reconocido fue un centro nocturno en la avenida Insurgentes; también actuó en el restaurante Rioma, del cómico Mario Moreno, Cantinflas .

Asimismo, en México, con el sello Orfeón grabó el éxito El tema de la zorra, bajo la dirección artística de Paco de la Barrera. Este disco sonó a lo largo y ancho del territorio mexicano, muestra del enorme talento del pianista costarricense.

La prensa mexicana de aquella época lo consideró “la más joven promesa del piano” (tenía 22 años en ese momento) y le auguraba el futuro más promisorio.

En ese momento, Hine se presentaba en el restaurante Manolo, cerca de la avenida Juárez, alternando con Agustín Lara e Ignacio Irigoyen, el gran organista del dúo Los Bribones. Allí también se presentó junto con Eva Garza, Rebeca y las Hermanas Águila.

Accidente en Cuba. Durante los años 60 fue muy comentada una aventura del Pibe Hine. En Managua, junto con Ray Tico, él había subido a una avioneta que llevaba rumbo a Miami.

La aeronave era conducida por Teodoro Picado, hijo del expresidente de Costa Rica, del mismo nombre, quien estaba exiliado en Nicaragua. De camino, por problemas atmosféricos, la aeronave se desvió y aterrizó sin permiso en territorio cubano.

Aquel incidente provocó la molestia de los dirigentes de La Habana, muy sensibles por la pasada invasión de Bahía de Cochinos y por los sobrevuelos de aviones no identificados, que los gobernantes cubanos consideraban potenciales agresores.

En consecuencia, todos los ocupantes de la aeronave fueron a la cárcel. Fue necesario que el presidente de Costa Rica, Francisco Orlich, enviase al máximo líder del comunismo tico, Manuel Mora Valverde, para que negociara con Fidel Castro la libertad de los artistas y de la tripulación de la avioneta.

Los Ángeles y Nueva Orleans. En 1966, junto a Paco Navarrete, Vernon se desplazó a Los Ángeles, California. Después de una corta temporada en este lugar, se enrumbó hacia Nueva Orleans, donde tocó durante ocho meses en el Bistró Lounge, junto a los músicos costarricenses Rodrigo Sáenz (bajo), Ricardo Sáenz (saxofón) y Ronald Pitaza Gutiérrez en la parte vocal y en la percusión.

En la Navidad de 1967 y hasta finales de enero de 1968, Vernon Hine cumplió un breve contrato en Nicaragua, en el Club 113.

Posteriormente, el Pibe retornó a Nueva Orleans, al cabaret Lamp Lither, donde tocó otra temporada.

Es memorable la presencia del Pibe en 1979 en la isla Contadora (Panamá), donde todos los sábados tocaba para el exiliado Sha de Irán por 1.500 dólares. Por esos años también se presentaba en el hotel Panamá Hilton.

De vuelta a Costa Rica. Después de varios años fuera del país, Vernon Hine se instaló en San José y dio impulso a un movimiento jazzístico al lado de Francis White, Palá , Robalé , Quincho Prado y Juanis Piedra. No pocas veces se incorporó a Ray Tico, en un local cercano al Colegio de Señoritas.

Hine también tocó en el restaurante la Cascada, en Escazú, donde recibía la más alta retribución económica que un artista nacional podía cobrar en ese momento. Es sabido que algunos bares y centros nocturnos de espacio físico muy redu-cido hicieron malabares para introducir un piano y ofrecer a la clientela el arte del Pibe Hine.

De carácter fuerte, a veces un tanto soberbio, el Pibe siguió tocando en diferentes centros de diversión de la capital. También grabó un disco de antología junto al bolerista Jorge Duarte.

En sus años finales, la vida de Hine fue arrastrada por el alcoholismo. Debido a una caída ocurrida en 1993, el músico sufrió un fuerte golpe en la cabeza, y esto le ocasionó la muerte.

El tenor costarricense Gonzalo Castellón recuerda la noche deslumbrante en la que –en el Teatro Nacional– el Pibe Hine interpretó, como solista de piano, el concierto Romeo y Julieta , del italiano Nino Rota, en arreglo del maestro Benjamín Gutiérrez y con el acompañamiento de la Orquesta de la Universidad de Costa Rica. Entre el público estaba el célebre pianista espa-ñol Joaquín Achúcarro, quien, casi a gritos, felicitó al Pibe Hine por tan brillante interpretación.

Destacados músicos de nuestro país coinciden en que Vernon Hine fue un virtuoso del piano, y en que su oído musical –sustituto de la formación académica– guiaba todos los movimientos de sus manos.

Para muchos músicos ticos, el Pibe fue el mejor pianista costarricense de todo el siglo XX en el campo de la música popular.

Así, por ejemplo, el pianista Benjamín Gutiérrez declaró a la revista Proa (28/10/2007): “En mi adolescencia sentía una envidia tremenda de Vernon el Pibe Hine porque tenía oído armónico (no nece-sitó aprender música) y porque poseía una memoria melódica que le permitía tocar una música con solo escucharla una vez, incluyendo los temas clásicos. Ese era un genio. Parece que Mozart fue así”.

EL AUTOR ES ESTUDIOSO DE LA CULTURA POPULAR Y HA PUBLICADO LOS LIBROS ‘COSTARRICENSES EN LA MÚSICA’, ‘IMÁGENES DE LA MÚSICA POPULAR COSTARRICENSE’ Y LA BIOGRAFÍA ‘RAY TICO’.

FOTOS

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    El pianista Vernon Hine Zeledón, más conocido como Pibe , es una leyenda de la música de Costa Rica. Archivo.

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