Costa Rica, Domingo 15 de junio de 2008

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Música

¿Oda a la libertad o himno europeo?

  Coral La ‘Novena sinfonía’ de Ludwig van Beethoven es un mensaje de hondo humanismo

Gonzalo Castellón | tenore@racsa.co.cr

Hace casi veinte años, al borde de la estupefacción, el mundo presenciaba lo que no mucho antes había parecido imposible. En la dividida Berlín, desde el 9 de noviembre de 1989, jubilosas multitudes derruían el fatídico Muro.

Poco después, en la misma capital alemana, el director norteamericano Leonard Bernstein encontró otra forma de hacer historia: reunió músicos de las cuatro potencias aliadas durante la guerra mundial y de ambas Alemanias (aún no formalmente reunificadas) en un histórico concierto celebrado originalmente en la Philharmonie (lado occidental) y repetido en la Schauspielhaus (lado oriental) de Berlín.

Para ambos conciertos, celebrados respectivamente los días 23 y 25 de diciembre, ejecutose la Novena sinfonía en Re menor ( Coral ), de Ludwig van Beethoven. A tono con el júbilo germánico y universal, el maestro Bernstein sustituyó el verso Freude Schöner Götterfunken (Alegría, bella chispa de los dioses) por la fórmula Freiheit Schöner Götterfunken, polémica y no descartada versión que reemplazaba alegría por libertad .

Puede debatirse la justeza de aquel cambio, mas no así la trascendencia de la Oda a la alegría de Friedrich von Schiller y de la revolucionaria música que creó el genio de Bonn, sobre todo porque dicha mágica fusión constituye hoy, de manera oficial, el himno de un continente: Europa. Sin embargo, ¿puede serlo en verdad?

Identidades. La identidad de un himno nacional es una cuestión del alma de un pueblo o –al decir de Richard Wagner– “un espejo de su carácter”. Por ello, un himno transnacional o un canto de tal carácter puede llegar a ser un incendiario canto de lucha –como la bella y melódica Internacional –, pero difícilmente asumirá la identidad particular de una zona geográfica.

Muchos himnos nacionales han obtenido su inspiración de gloriosas páginas de célebres compositores. Entre otros, citemos el himno alemán ( Das Lied der Deutschen ), que recoge un tema de Franz Joseph Haydn; el brasileño, curiosamente similar a un pasaje de Donizetti; la segunda parte del hermoso himno salvadoreño, asociable con Meyerbeer, y el melancólico Leitmotiv del himno del Estado de Israel, presente en el Moldau de Smetana.

En vía inversa, otros temas nacionales se han incorporado en obras del repertorio musical: la Marsellesa y el himno ruso zarista dentro de la Obertura 1812 de Tchaikovsky, y la Marsellesa en el inmortal ‘Lied’ Die beiden Grenadiere (Los dos granaderos), de Robert Schumann.

Por lo demás, existen temas musicales que han devenido tácitamente en expresiones de carácter nacionalista. Así, para algunos, el celebérrimo coro Va pensiero , del Nabucco, de Verdi, es el auténtico himno nacional de Italia, hasta el extremo de que el popolo italiano lo cantaba a coro en todas las ocasiones posibles, en demérito del Fratelli d’Italia o Inno di Mamelli , oficial hasta fecha reciente.

Otro tanto ocurre en Inglaterra con la Procesión de los nobles (Marcha N°1 de Pompa y circunstancia , de Elgar) y con el popular Rule, Britannia!, cuya solemnidad ha llegado a desplazar frecuentemente al tradicional God save the King .

Himno no nacional. A partir de la reunificación germana y de la caída del Muro de Berlín, se ha robustecido la idea de identificar la Oda a la alegría (del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven) con un himno paneuropeo.

Independientemente de la histórica performance de Bernstein, el texto de Schiller posee una rara universalidad que lo identifica con los ideales europeos. Para muchos, habrían sido entonces Beethoven y Schiller quienes empuñaron el primer mazo que derribó el muro divisor, construido en 1961 por la prosoviética Alemania oriental.

¿Cuán auténtica es la expresión Freiheit (libertad) usada por Bernstein? Para saberlo, habría que recordar la historia. En la Viena beethoveniana, la censura imperial pesó siempre sobre cualquier expre-sión política que se asociara con la palabra libertad o con el género artístico que la proclamase.

Así, dos óperas de Mozart sufrieron dicha represión: uno de los cortes afectó al coro de los sirvientes de Nozze di Figaro ; el otro, a la invitación del Don Giovanni a bailar, en la que se proclama Viva la libertá! Ambos fueron tachados de revolucionarios y proscritos de las performances imperiales.

Por ello, es admisible considerar que la Oda propuesta por Schiller no fuese únicamente una incitación a la alegría, sino un cifrado mensaje revolucionario.

En todo caso, la célebre melodía construida sobre texto de Schiller ha sido objeto de utilización por diversas tendencias políticas o culturales. (Un partido político costarricense se la apropió como su himno, repetido en plazas públicas.)

En 1965, en la Rodesia racista, y para evitar las acometidas contra el apartheid , la minoría de ascendencia británica incorporó la Oda como himno nacional en sustitución del God save the Queen , inutilizable luego de la independencia del país (Rodesia se convirtió en Zimbabwe en abril de 1980). Dicha declaración acarreó enérgicas protestas europeas. Estas no podían tolerar que la más afortunada página de un auténtico revolucionario, Beethoven, fuese escudo de un gobierno que pisoteaba los derechos humanos.

No solo europeo… Volviendo al tema, conviene examinar el proceso iniciado en Estrasburgo en 1953 y que ha ido incorporando nociones cada vez más comunitarias. Ya desde 1972, el Comité de Ministros del Consejo de Europa había propuesto la adopción de la gloriosa melodía como himno.

La más acertada fórmula unificadora tal vez haya sido la acordada por el Consejo Europeo. En 1984, este declaró “encarnación de la Idea Europea” a la melodía de Beethoven. En el mismo año, en las reuniones efectuadas en Fontainebleau, se gestó el informe Adonnino (por Pietro Adonnino, representante de Italia), en pro de la unidad continental.

Al aprobar el Consejo Europeo el informe Adonnino , en 1985, declaró implícitamente himno europeo a la Oda a la alegría , de acuerdo con su lema In varietate concordia .

Ahora bien, ¿debe el texto de dicho himno entenderse como el original alemán de Schiller o ha de incorporarse la palabra libertad, que utilizó Bernstein? Esta interrogante aún no tiene respuesta y tal vez nunca la tenga, a despecho del intento de Peter Roland de establecer un texto común y en latín: Est Europa nunc unita .

Contra la voluntad de quienes pretendan apropiarse de la inextinguible y divina chispa del Elíseo –al decir de Schiller– los ideales de fraternidad, alegría, libertad y universalidad no serán privativos de una circunscripción geográfica. La Oda a la alegría (o, si se quiere, a la libertad ) no será jamás patrimonio de un grupo, de un territorio o de una idea. Nadie reclamará jamás la imprescriptibilidad de sus derechos de autor.

EL AUTOR ES INTÉRPRETE LÍRICO COSTARRICENSE. DE 1995 A 1999 FUE DIRECTOR DE LA COMPAÑÍA LÍRICA NACIONAL. ES ABOGADO Y PROFESOR EN LA UCR.

FOTOS

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Ludwig van Beethoven (1770–1827) en un retrato de 1820 hecho por el pintor Joseph Karl Stieler. Wikicommons

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Friedrich von Schiller (1759-1805), en un retrato de 1794 pintado por Ludovike Simanowiz. Arts and Humanities Resource Center

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El director de orquesta Leonard Bernstein (1918-1990) en un retrato de 1971. Colección de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

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Bella

novedad

Existen esbozos de Beethoven para poner música a la Oda a la alegría . El más conocido data de 1798, aunque nunca se concluyó. A partir de 1823, Beethoven dio cima a su intento: de las ocho estrofas de ocho versos, cada una con un coro de cuatro, el compositor utilizó solamente las tres primeras, lo cual excluyó automáticamente dos de los aspectos esenciales del poema schilleriano: el vino y el sufrimiento. La utilización de coro y solistas en una sinfonía resultó totalmente inusual en 1824, año en el que Beethoven dio a conocer su más conocida obra sinfónica. A no dudarlo, la instrumentación tradicional le resultaba insuficiente para el mensaje de hermandad que trasuntaba la obra y que se extraía del poema de forma explícita: “Uníos, millones de seres, […] hay un buen Padre”.

Bernstein

en Internet

La versión de Leonard Bernstein de la Oda a la libertad está en http://www.youtube.com/watch?v>6K4635W4roY&feature>related

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