Costa Rica, Domingo 25 de mayo de 2008

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Música

Mora inolvidable

  Herencia Ricardo Mora nos legó composiciones emblemáticas de nuestra música popular

Mario Zaldívar Rivera | mazalri@hotmail.com

Para los muchachos que durante los años 70 vivíamos en el barrio Iglesias Flores (oeste de San José), la presencia de don Ricardo Mora – Reka Mora– , era tan familiar como la de su esposa, Carmen Víquez. Ambos estaban unidos por el hermoso bolero Carmen , del maestro.

El barrio Iglesias Flores tenía un equipo de futbol de primera categoría; quienes no llegábamos a ese nivel, formamos el Deportivo Ricardo Mora, en honor al ilustre vecino. Con la camisa negra y amarillo, participamos de torneos en la ya desaparecida cancha de Barrio México.

Todos los días, entre las nueve y las diez de la noche, don Ricardo descendía de un taxi frente a la cantina El Gran Sesteo, cerca del viejo Puente Torres, y bajaba la escalinata de cemento que une la carretera que va hacia La Uruca con el barrio Iglesias Flores.

Días de radio. De baja estatura y contextura gruesa, el artista era retraído y silencioso para la masa, pero cálido con los amigos. Se balanceaba un poco al caminar, sin alardes.

En el barrio Iglesias Flores vivieron otros músicos tan calificados como Rafa Pérez, Solón Sirias, Carlos María Hidalgo, Didier Villegas, Edgar Chaves, Mario Romero y Oliver Vásquez.

Allá por 1928, en el cantón de Puriscal, el niño Ricardo Mora había empezado a lidiar con la guitarra, herencia de su padre, fabricante artesanal de esos instrumentos. Ricardo también incursionó en el violín y en el bugle: todo esto estimuló su oído musical y puso en marcha la sensibilidad de gran compositor.

Ya en San José, hacia mitad de los años 30, Ricardo Mora se presenta en los programas de La Voz de la República , de radio San José, y se incorpora a los conjuntos musicales.

Esa es la época de gran influencia de la música cubana, particularmente del son y sus derivados, como el bolero-son, que el Trío Matamoros ya había desarrollado en la isla. Después, con el auge del trío Los Panchos, fundado en 1944, Mora organiza e integra el Trío Azul, con Adriano Estrada y Carlos Troz.

En 1939, don Ricardo inicia su carrera de compositor con cuatro boleros; sin embargo, su escasa formación musical lo obliga a buscar al maestro Gilberto Murillo para armonizar esas canciones. Murillo se sorprende de la capacidad del joven Mora y lo induce a mantenerse lejos de los métodos académicos, para no “contaminar” su creación espontánea.

Noche y paz. En diciembre de 1939 se grabó por primera vez su bolero Noche inolvidable , en la voz del niño Eduardo Blanco, grabación realizada en la emisora Radio Para Ti. Con el paso de los años, ese bolero se convirtió en la pieza emblemática de del bolero en Costa Rica.

La llevaron al acetato reconocidos cantantes. Son memorables la versión de Rafa Pérez, hecha para perdurar; la de Gilberto Hernández, para discurrir en las rocolas de los bares; la de Sadia Silou, preferida del autor; la de la orquesta francesa Caravelli, para pasearse por el mundo como una joya del cancionero costarricense; la de Julio Jaramillo, para asombrar a los melómanos suramericanos; la de Jorge Duarte, la más sobria y profunda; y una que solo cabe en los cajones de los coleccionistas: la borrosa versión del original, grabada por Eduardo Blanco en 1939.

Durante los años 50, con la arrolladora presencia del bolero en toda América Latina, las melodías de Ricardo Mora fueron grabadas por cantantes y tríos de fama continental: Bienvenido Granda, Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Los Tres Reyes (de México), la brasileña Sadia Silou, la peruana María de Jesús Vásquez, la mexicana Eva Garza y la chilena Linette Acevedo.

Después de la guerra civil de 1948, los bandos figuerista y calderonista quedaron muy divididos. El país estaba políticamente fracturado, pero uno de los elementos que tendió vínculos durante los años subsiguientes fue la música de Ricardo Mora.

El artista tomó distancia de las banderías políticas y se concentró en su producción musical. Nada de su vasta producción alude a conflictos políticos, sociales o económicos; su obra está marcada por el amor, por el desamor, el abandono. Algunas veces, por excepción, el paisaje es el protagonista de la melodía ( Lindo Sarapiquí , El Mirador , Allá ).

Entonces, sin distingos de colores políticos, todo el país cantó Calla, corazón; Recuérdame; Carmen; Ya no quiero que vuelvas, Noche inolvidable y ¿Por qué me engañas, corazón? Durante los años siguientes, cuando vino el proceso de reconciliación política, esta música siguió cumpliendo un papel apaciguador.

Ricardo Mora se dedicó a la fabricación de guitarras; instaló su taller en el barrio La Dolorosa (de San José), donde se mantiene bajo la tutela de otro propietario. Hoy, sus guitarras son piezas de colección por su origen y calidad, y también por provenir de un taller mítico, donde se reunían grandes músicos y cantantes nacionales y foráneos con periodistas, escritores y bohemios.

Ricardo Mora inventó dos ritmos: el guarí y el garabito, nombres de ascendencia indígenas. Su estructura musical se orienta hacia las formas del folclor, hacia los aires de la danza ya muy superados. Esos experimentos solo quedaron como una referencia anecdótica.

El gran compositor Otto Vargas recuerda que, hacia 1958, en el taller de guitarras, sentado en un banco de carpintería, el maestro Mora tarareaba sus composiciones, y don Otto las anotaba. De ahí surgió uno de los discos más exitosos de nuestra música: Rafa Pérez interpreta a Ricardo Mora .

El acompañamiento correspondió a la Orquesta Murillo, dirigida por Otto Vargas, para Discos Arpa. Tal fue el éxito que se lanzó una segunda emisión (INDICA) y una tercera (Sony Music).

Don Ricardo falleció en San José el 9 de marzo de 1994. En su memoria, la Asociación de Compositores y Autores Musicales estableció el Premio Reka Mora. El maestro, proclive al anonimato y a la humildad, vive hoy en nuestra memoria gracias a sus hermosos boleros.

FOTOS

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Ricardo Mora fue un destacado bolerista y luthier nacional. Archivo

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