LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 30 de noviembre de 2008

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Historia

Voluntarios ticos de la libertad

  I Guerra Mundial Una exposición recuerda a los soldados ticos que lucharon por Francia

París es un hervidero de idealistas latinoamericanos cuando estalla la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914. Entre ellos se encuentra un joven costarricense nacido en Santo Domingo de Heredia, de poco más de 20 años y 1,60 m de estatura, que estudia aviación civil en un aeródromo de las afueras de la capital francesa.

Cuando, pocas semanas después, a orillas del río Sena, Tobías Bolaños Palma se engancha en la Legión Extranjera, se convierte en el primero de una serie de ticos y franco-ticos que, como “Voluntarios de la libertad”, combaten, sufren o mueren en los frentes de la Gran Guerra.

Bolaños es herido en la campaña de invierno y regresa a Costa Rica en 1917 cosido de cicatrices, con el pecho lleno de medallas y una pierna menos, a causa de la caída de su avión de guerra Morane.

Bolaños y una veintena de combatientes vinculados a Costa Rica figuran en los anales de la conflagración, que terminó el 11 de noviembre de 1918. Ahora, en recuerdo de esos y otros soldados, el Museo Nacional de Costa Rica presenta la exposición La Gran Guerra, 90 años después: Ticos en lucha por la paz . La muestra es patrocinada por la Embajada de Francia y permanecerá abierta hasta el domingo 14 de diciembre.

Por amor a Francia. La exposición ilustra las causas y los efectos de la guerra en Europa, hasta rematar en las vicisitudes de los combatientes ticos y franco-ticos, muchos de cuyos descendientes aportaron cartas, libros, fotografías, medallas, diplomas, armas y otros objetos que recogen sus historias.

Por ejemplo, se recuerda a José Basileo Acuña, llamado “el poeta que fue a la guerra”. En 1914, Acuña era un joven de 19 años que estudiaba medicina en Inglaterra cuando escuchó el llamado de su conciencia y, contra el criterio de su familia, se incorporó a la Legión Extranjera en mayo de 1916, como enfermero militar.

José Basileo rescató y curó heridos, y permaneció en la Legión Extranjera durante 33 meses hasta el 16 de febrero de 1920. Pequeño pero fornido, Acuña desplegó gran valentía bajo el fuego enemigo, lo cual le valió siete citaciones meritorias en la orden del día, que se reflejan en otras tantas estrellas en su Cruz de Guerra.

Acuña llevó un diario de guerra en el que demostró ya las virtudes literarias que años más tarde lo harían merecedor del Premio Magón, tras haber traducido con elegancia varias obras de teatro y sonetos de William Shakespeare.

En la entrada correspondiente a los combates de Crevecoeur, Acuña describió al capitán del Tercer Batallón: “Un viejo legionario, de tez curtida por los soles de África, de facciones enérgicas marcadas, sin embargo, por la mano implacable del sufrimiento, que todo lo descolora; de bigotes bien poblados que caen sobre la boca como plantas marchitas, ojos azules y perspicaces, iluminados por el mal humor y la cólera”.

Después de la guerra, Acuña obtuvo un inmenso prestigio intelectual y consolidó una monumental biblioteca. En el 2007, unos cinco mil libros fueron donados por sus herederos a la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica. En su casa de Curridabat, patrimonio histórico y arquitectónico de Costa Rica, Acuña era un imán que atraía a lo más granado del pensamiento costarricense.

Santo popular. El carácter caritativo de otros voluntarios costarricenses se reflejó en la participación del médico Ricardo Moreno Cañas, una especie de “santo” popular para muchos costarricenses, quienes suelen rezarle una oración para pedir curaciones.

Moreño Cañas estudiaba medicina en Suiza y, al graduarse en 1915, se encaminó a París, donde ejerció su legendaria habilidad en el Hospital Auxiliar N.° 511; allí operó a heridos graves provenientes de los frentes de batalla.

Cierta vez, Moreno Cañas salvó la vida de un escultor, quien, agradecido, confeccionó un busto de bronce de don Ricardo. Esta obra es una de las pocas pertenencias que se conservaron de él después de su asesinato en 1938 en San José.

Según algunos testimonios, Moreno Cañas era un excelente deportista y ganó la primera maratón de Costa Rica, de 1910. También impulsó la construcción del anterior Estadio Nacional durante su gestión como diputado. Para muchos, se perfilaba como futuro presidente del país.

Tanto José Basileo Acuña como Ricardo Moreno Cañas recibieron, en su madurez, la Legión de Honor de la República Francesa, una de las condecoraciones más apreciadas internacionalmente.

EL AUTOR ES EL PRIMER CONSEJERO DE LA EMBAJADA DE FRANCIA EN COSTA RICA. PARA REDACTAR ESTE ARTÍCULO RECIBIÓ LA COLABORACIÓN DEL PERIODISTA GERARDO BOLAÑOS.

FOTOS

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    Ricardo Moreno Cañas como auxiliar médico en la primera fila, segundo de derecha a izquierda. Museo Nacional para LN

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    Costarricenses veteranos de guerra. De la derecha a la izquierda aparecen Sadi Laporte (hermano de Noë), André Cournalé y Noël Laporte. Museo Nacional para LN

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    Emile de Mézerville, veterano en la Primera Guerra Mundial. Museo Nacional para LN

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Desde

el pasado

La exposición La Gran Guerra, 90 años después: Ticos en lucha por la paz se exhibirá hasta el domingo 14 de diciembre en el Museo Nacional. Los horarios para visitar las salas de exposición son de martes a sábado, de 8:30 a. m. a 4:30 p. m., y los domingos de 9 a. m. a 4:30 p. m. Los lunes permanecen cerradas.

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