LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 5 de abril de 2009

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Literatura

La quema de Judas

  Burlas y veras Una antigua tradición de la poesía popular aún se añade a la Semana Santa

Dionisio Cabal Antillón | cantares1856@costarricense.cr

Dionisio Cabal Antillón

Una medianoche de marzo de 1905, frente al atrio de la Catedral de San José, se repartía una herencia: A los grandes abogados, / las leyes del embudo, / los documentos rezagados, / la gasa con el nudo. / Los jueces han de alegar / por la parte que les toca, / pues todo se ha de entregar / y es que la cosa es poca… (Fragmento del Testamento de Judas . San José, 1905).

Así, con la voz prestada de un coplero popular, Judas Iscariote disponía de sus bienes poco antes de ser incinerado.

Los dicterios populares consagran una condición de maldito: ¡Sos un Judas! ¡Beso de Judas! ¡Lengua de Judas! En el mundo cristiano, su nombre genera una instintiva repulsión. Por esto, llama la atención que en nuestro país existan el cerro Judas, la punta Judas, el poblado de Judas. ¿Por qué? ¡Sepa Judas!

El celo religioso intenta eludir la fatídica invocación asociada a su nombre y para ello apela al inocente san Judas Tadeo

Judas siempre alude a la traición. Existe una “metáfora botánica”, oreja de Judas , que tampoco lo salva. Se trata de un hongo comestible y medicinal. En Costa Rica se dispersa desde Golfito (en el Pacífico) hasta Gandoca (en el Atlántico). Crece a la largo de la cordillera Volcánica, en Guanacaste y en la zona norte. Su apelativo científico es Auricularia aurícula.

El nombre peyorativo oreja de Judas es legado de los abuelos peninsulares pues, en España, dicho hongo nace en árboles de saúco (o sauco), y fue uno de estos arbustos el que Judas escogió para ahorcarse, según una creencia popular.

Vieja tradición. Entre nosotros, la “quema de Judas” se remonta al siglo XVII. La fe de los bisabuelos les hacía vivir la Semana Santa con tan sincera contrición que no pocos enfermaban a causa del sentimiento de culpa; empero, transcurridas los actos de la Pasión de Nuestro Señor, la quema de Judas era un desfogue.

El norteamericano Thomas Francis Meagher (ardiente partidario de William Walker) visitó nuestro país entre marzo y mayo de 1858 y fue uno de los primeros cronistas de una “quema de Judas”:

“Era la madrugada del Domingo de Pascua […]. La plaza estaba atestada de gente, así como la espaciosa explanada y las gradas de la catedral […]. Se erguía una horca monstruosa […]. De la cruceta del palo colgaba un lío de ropas asquerosas: había un gorro de dormir colorado, una camiseta de franela amarilla de rayas negras y con las mangas puestas en cruz, unos calzones rotos y unas botas mohosas […].

“Todo estaba lleno de buscapiés, carretillas y triquitraques, y dentro de los calzones había una bomba del más duro cartón, repleta de combustibles. ¡Aquella era la efigie de Judas Iscariote! El simulacro del traidor estaba allí, colgado al despuntar la aurora […].

“En un abrir y cerrar de ojos, hubo una explosión espantosa. La bota voló hecha tiras, brotaron llamas del estómago, la bomba estalló convirtiendo los calzones en una lluvia de harapos chamuscados, de las costillas partieron cohetes zumbando, los brazos en cruz fueron arrebatados por una racha de azufre, el gorro colorado salió disparado al cielo, perdiéndose de vista.

“Todo eso ocurrió en menos de dos minutos y en medio del redoble de los tambores, de los alaridos agudísimos de los muchachos, del canto de los gallos, de los ladridos de los perros, de las risitas entre dientes de las modestas señoritas y señoras, de la cháchara de los loros, de una granizada de piedras y de la gritería, maldiciones y regocijo estrepitoso de militares y paisanos, clérigos, indigentes y patricios”.

Para entonces, la tradición era muy antigua. Como ejemplo baste el sainete de Joaquín Oreamuno, estrenado en Cartago a inicios de 1809, en el cual se quema a Judas-Napoleón a manera de apoyo a la lucha de España contra Bonaparte y al retorno de Fernando VII al poder (conservamos la ortografía):

Señor ya teneis aqui / el Judas traidor y osado / que si aquel vendio a Jesús / este ya tenia entregado /al peligro y al desprecio / a nuestro Rey don Fernando. / Ya se convirtio en zeniza / Napoleón tan bien nombrado / Bonaparte. En esto paran / los traidores y malvados (Joaquín Oreamuno: Loa n.º 4 . 1809.)

Herencias burlonas. No menciona Meagher un elemento clave en la quema de Judas: la lectura del “testamento”. Gracias a este, la quema se volverá un divertido exorcismo social, recurso que los copleros populares usarán en pro de la justicia.

Aparte de la chota contra cualquier vecino, el cadalso de Judas devendrá escenario donde la voz revela deudas y exhibe pecados sociales de importantes personajes, quienes merecen ser, por sus malos actos, “herederos de Judas”.

Las quemas se han anticipado de la aurora del Domingo de Resurrección a la medianoche del Sábado de Gloria.

El encargado busca un punto alto junto al monigote del vil traidor, que había sido paseado por el pueblo, en burro o caballo (hoy, en moto o automóvil) para recordar a los fieles la ocasión del espectáculo.

En irregulares cuartetas, antes de morir quemado, Judas “beneficia” a sus “allegados”:

A los hermanos Gutiérrez / por ser todos tan pelones / les dejo como Chelles / un billar y cuatro jones. / A don Rómulo el ricazo / “de corazón en las manos” / le dejaré por herencia / el monopolio de granos. (Fragmento del Testamento de Judas . Paso de la Vaca, San José, 1913.)

Reelaborados año tras año, antiguos textos eran formatos que se adaptaban a las necesidades:

A Julia y Elías Montero / que no se pueden llevar / les dejo un par de garrotes / para que puedan pelear. / A mi suegro Aniceto Coto / alambique pa’l guarito / y cuando queramos sacar / le damos vuelta al clavito. (Fragmento del Testamento de Judas . Cachí, Cartago, 1903.)

En 1870, la Imprenta del Porvenir, en Alajuela, publicó un célebre Testamento de Judas; pero, hasta hoy, algunas comunidades defienden el espacio para la tradición, el animus jocandis (ánimo de risa) es la licencia que escuda la buena fe de los poéticos pirómanos frente a personas reales.

¿Morirá la tradición? En 1987, el sacerdote Walter Howell tuvo su herencia: Le dejo las navajillas / que me encontré en el Rastro, / pa que se corte el desorden de barba / y no se parezca a Fidel Castro ... ( El Informador de Escazú . Mayo de 1987.) (La verdadera grafía tradicional es Escasú , pero esto es otra historia…)

Años después, el actual presidente del INS también tuvo su parte: Mi curul en la Asamblea, / que siempre estuvo vacía, / se la dejo a Memo Constenla / que hace tiempo la quería. (Fragmento del Testamento de Judas . San Antonio, Escazú, 1992.)

Pese a todo, la tradición puede tener sus días contados. A la Iglesia Católica la tienen sin cuidado la quema y el testamento de Judas, al igual que otras manifestaciones de la religiosidad popular, pero no a ciertas autoridades. Por ejemplo, en el 2008, la quema fue prohibida en el cantón de Santa Ana para evitar “desmanes”.

Es verdad que alguna gente aprovecha la quema de Judas para atacar físicamente a personas y bienes, pero esto también ocurre en los partidos de futbol, y nadie desea suprimirlos.

Lo ideal es conservar una tradición popular que se mantenga dentro de la convivencia civilizada, sin “granizada de piedras”. Más vale que las personas se sientan libres de expresar sus sentimientos, como hizo el sacerdote Joaquín García Carrillo, poeta y cuartetero en su Testamento de Judas de 1870 en San Ramón:

En un rincón de la tierra / hay un hombre, que atrevido, / ha dicho públicamente / que este pueblo está dormido. / Le vamos a probar a este hombre / que está errado en su cartel, / le vamos a probar lo que somos / y que valemos más que él. / No nos dejemos vencer / si caminamos unidos / que la unión hace la fuerza, / no lo olvidemos, amigos.

FOTOS

  • Nacion.com

    La quema de Judas, ilustración para una crónica de un viajero estadounidense del siglo XIX, según se reproduce en Tropical Travel , libro del autor nacional Juan Carlos Vargas. EUCR para LN

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