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Costa Rica, Domingo 30 de agosto de 2009

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Teatro

‘El Arlequín’ sale a escena

  Hito en las tablas El Teatro de Cámara del la UCR llamado ‘El Arlequín’ marcó una época en la Costa Rica de los 50

Patricia Fumero Vargas | patricia.fumero@ucr.ac.cr

En 1950, el San José de los tranvías y las carretas apacibles era una ciudad atravesada por el campo, o quizá un campo con momentos de ciudad. ¿Qué suerte esperaría allí a los ilusos que se lanzaran a crear un grupo de teatro considerado “moderno”? Tal aventura existió, duró y se llamó el Teatro de Cámara de la Universidad de Costa Rica “El Arlequín”.

Recordemos que la Universidad de Costa Rica (UCR) surgió en 1940 como un renacer de conocimientos en todos los campos y también en las artes y la cultura para el desarrollo de Costa Rica.

Así, en 1950, el Teatro Universitario (TU) inició funciones, y, poco después, una Cátedra de Artes Dramáticas, orientada a profesionalizar a los jóvenes actores. Desde la UCR se privilegió la participación de estudiantes en los montajes del TU, y este se convirtió en el medio donde se aplicaría todo lo aprendido en las aulas.

Precisamente, la contratación de actores para los montajes del TU fue uno de los puntos más debatidos. El director del TU, Luccio Ranucci (1953-1956), contrató actores experimentados, pero sin formación académica ni asociados a la UCR, y esto produjo malestar entre las autoridades universitarias. Estas desalentaron tales contrataciones, lo que dejó sin trabajo a los actores cercanos a Ranucci.

Ranucci respondió con un proyecto de teatro de cámara profesional que estaría bajo el patrocinio de la UCR y se denominaría El Arlequín . Este proyecto se inspiró en uno similar llevado a cabo en Guatemala y del que Ranucci tuvo conocimiento.

Aquí, el grupo dispondría de una relativa independencia económica y gozaría de un mayor margen para contratar actores no académicos. Así, según consta en el acta del Consejo Universitario (CU) del 18 de julio de 1955, Ranucci expresó que de esta forma se proveería trabajo a “artistas meritorios,” quienes encontrarían “en esta iniciativa un decente e interesante medio de vida que no gravaría económicamente a la UCR”.

Una vez que el proyecto fuera solvente, se resarciría a la UCR el dinero invertido para independizarse. En el fondo, la propuesta de Ranucci procuraba que la UCR financiase con fondos públicos la creación de El Arlequín, como una entidad privada.

Quejas. La iniciativa fue aprobada por el CU y financiada por el Ministerio de Educación. Como teatro de cámara de la UCR, El Arlequín se inauguró el 9 de noviembre de 1955 en una casa ubicada en la calle 9, entre las avenidas Central y Tercera. Para el acto, el rector Rodrigo Facio invitó –a una función privada al CU– a personalidades oficiales y a periodistas. Facio deseó así mostrar el destacado papel que la UCR cumplía en materia cultural.

Sin embargo, lejos de resolverse, los problemas relacionados con los proyectos teatrales de la UCR se agudizaron tras la inauguración de El Arlequín. En efecto, otros grupos de teatro aficionado, creados y promovidos por la política cultural de la UCR, consideraron que estaban excluidos del TU.

Tal fue el caso de un grupo de teatro aficionado, asociado a la Facultad de Filosofía y Letras, formado por Lenín Garrido, Virginia Grütter, Celina García, Román F. Porras, Annabelle de Garrido, Jean Moulaert, Albertina Moya, Antidio Cabal, Ana Antillón y Ruth Feinzag.

En una carta dirigida a Facio, solicitaron que se les permitiera presentar teatro moderno, de cámara y experimental, y compartir los espacios hasta ese momento reservados para el TU. La nota, firmada por la escritora Virginia Grütter, evidenciaba descontento por la conducción del TU y, a la vez, una creciente escisión dentro del sector cultural de la UCR.

Antes de responder, Facio preguntó al decano de la Facultad de Filosofía y Letras sobre la naturaleza y la calidad del grupo. El decano contestó que no tenía el apoyo de la Facultad, pese a que eran buenos actores. Añadió que no habría problema en que usaran la sala de El Arlequín para ensayos y presentaciones.

La respuesta de Facio indicó que no era conveniente para los intereses de la UCR “la creación de dos Teatros Universitarios”.

Igualmente, el rector Facio propuso crear un nuevo reglamento para el TU, que integrara los esfuerzos e intereses de los distintos grupos teatrales. Con esta reorganización, se procuró dar al TU una orientación más académica.

En desacuerdo con lo anterior, Ranucci –también jefe de la Cátedra de Artes Dramáticas– renunció al TU y a sus labores docentes en abril de 1956, pese a que el CU lo instó a no hacerlo.

Otra iniciativa. Una semana después de la renuncia de Ranucci, Enrique Macaya y Carlos Monge Alfaro presentaron el Reglamento de Teatro Universitario . Mientras se buscaba un nuevo director, se consideró conveniente seguir con las actividades de El Arlequín, en especial porque permanecía vigente el contrato de arrendamiento del local del teatro.

La renuncia de Ranucci motivó a Jean Mouleart a proponerse como director del proyecto El Arlequín. Mouleart expresó su disposición a trabajar “durante tres meses de prueba ad honorem […] bajo la vigilancia de la UCR, y sometido a la autoridad de la Comisión de Teatro”.

Mouleart propuso reorganizar el TU, alternar las presentaciones de El Arlequín con otros grupos, y que en dos de las salas del local se realizaran conciertos de música, conferencias, teatro de marionetas y exposiciones permanentes de pintura. La UCR aceptó su propuesta, ahora bajo el mandato y fiscalización de la Asociación del TU, dirigida por Lenín Garrido.

La duración del nuevo proyecto fue corta. En diciembre de 1956, se recomendó eliminar la subvención al TU y a El Arlequín por los problemas financieros que sufría la UCR.

Ante la imposibilidad de que el proyecto prosiguiese sin la subvención, se decidió rescindir el contrato de alquiler del local de El Arlequín y se acordó distribuir sus muebles y enseres entre las facultades y departamentos que los requirieran.

El fin. Ante la noticia, Garrido, Moulaert y Guido Sáenz hicieron una propuesta para utilizar El Arlequín entre enero y febrero de 1957. El éxito logrado con la presentación de la obra My Three Angels llevó a Garrido a solicitar que se demorase el traslado del mobiliario y del equipo del teatro hasta finalizar el contrato de arrendamiento, con la finalidad de “ensayar y presentar dos programas que ya se están preparando”.

El grupo que apoyaba a Garrido estaba mayoritariamente constituido por personas que promovieron la salida de Ranucci.

La respuesta de las autoridades universitarias fue positiva y pospusieron el cierre de El Arlequín para abril de 1957. Cinco días después del cierre, y debido a los conflictos surgidos con el grupo de teatro aglutinado alrededor de Mouleart y Garrido, la UCR acordó “hacer de conocimiento del público que […] se desliga del teatro de Cámara El Arlequín [el cual] quedará bajo el patrocinio de un Comité”.

Al tiempo que la UCR se desligaba de El Arlequín, el comité indicado organizó una compañía teatral vinculada con Mouleart y Garrido, la que ofreció comprar el mobiliario por un 60% de su valor original. Sin embargo, tres años después, apenas habían pagado cien colones.

En tales circunstancias, la UCR buscó un último arreglo con los nuevos miembros de El Arlequín. Ante la imposibilidad del resarcir a la UCR lo adeudado, se logró un acuerdo para que el local fuese utilizado por el TU para efectuar presentaciones y descontar la deuda.

Nuevas investigaciones nos revelarán cuán experimental fue el teatro que presentó El Arlequín al separarse de la UCR, y, con base en ello, sabremos cuál fue su aporte al teatro costarricense en la segunda mitad del siglo XX.

LA AUTORA ES HISTORIADORA; INTEGRA EL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DEL FUTURO LIBRO TEATRO UNIVERSITARIO DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA (1950-2010) .

FOTOS

  • Nacion.com

    Directiva del Arlequín, Premio Áncora de 1973. Aparecen, en el orden usual, Daisy de Sáenz, José Trejos, Irma de Field, Jean Moulaert, Clemencia de Stanley e Ismael Vargas. Archivo

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