LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 30 de agosto de 2009

/ÁNCORA

Librero

Librero: Tu oscuro relato hacia la sombra

 Carlos Francisco Monge

  Fábula umbría

 Poesía

 Editorial Costa Rica

 Pedidos: 2253-5354

Gabriel Baltodano Román

g.baltodano@racsa.co.cr

Para una nariz terca y envejecida como la suya, los frutos de la encina sólo pueden deparar un amargo perfume; sin embargo, Bousoño escribe: “Tiene, después de todo, algo de dulce / caer tan bajo: / en la pureza / metafísica, en la luz / sublime de la nada”. En “Recuerdos de estudiante”, poema incluido enFábula umbría , la voz lírica afirma: “yo contemplo sus manos, su rostro encallecido, / su nariz imperfecta; / yo recuerdo por él su juventud tan piadosamente evocada / en sus versos de entonces, en sus muros, / de lances y deseos”.

En el claustro, el maestro enseña: la vida se asemeja a la palabra pues ambas pueden tener sentido o carecer de este. El nuevo poemario de Carlos Francisco Monge,Fábula umbría, está compuesto por tres secciones y un total de cuarenta y cuatro textos. Esta interesante obra desarrolla una metáfora de base: el oficio de vida es como la escritura. El punto de enlace entre estos dos conceptos se sitúa en el motivo de la “oscuridad”. Con esto, en la complejidad de los conocimientos deparados por la lengua literaria, pero también por la incertidumbre y nimiedad de la existencia humana.

En esta obra, la vida corre como la tinta por una cuartilla. Su único objeto consiste en completar una historia de sombras, un relato torpe, cuyos personajes tienen el anonimato y la pequeñez por méritos.

Se trata entonces de la concatenación de dos tramas análogas: por un sendero, marcha el hombre ordinario; sentado junto al muelle, sin apartarse, aguarda el poeta menor, el académico, aquel que se repliega sobre la lectura y comprende que la tradición lo desdeña. “¿Por qué escribir entonces? / Tal vez este papel, hace un instante en blanco, ha nacido a la vida / y al sentido”, responde.

En “Poema del encino”, se pregunta el hablante: “¿Y qué fluye en las venas / sino un verdor como acabado y persistente, / una marca serena de los ríos / que atravesados una vez nos dan / ansiedad y esplendor, contemplación y fuga, / un claror y rumoroso aroma?”.

Las estaciones no se suceden, sólo regresan; en el interior de la duda, sobrevive la conciencia lozana y pertinaz. Otra inquietud: “Dónde ha de estar aquel que conocí, / hace ya treinta, cuarenta años quizá; / el majecillo torpe, un poco triste / inseguro del tiempo”.

Ante el mar, gran reloj de arena, ensimismado, el hablante confiesa: “Yo soy tan solo un verbo, un sofisma, / una grieta invisible en el balcón; / tú, en cambio, no careces de nada: / de rutas implacables, de sonoros fulgores / de imperfecciones tuyas, solo tuyas, / sin historias, sin nombres, sin secretos”.

Admirado por las finas aliteraciones de los poetas difíciles, el hablante recuerda la marea. Como las aguas de una añeja costumbre, la lengua roza con amor el dichoso litoral de la memoria, la luz turbada y la sombría ceniza. Con el encuentro, se desvanece el hombre.

“No es el tiempo quien llama, / ni los ecos fugaces, ni las redes lanzadas / a este mar que huye y vuelve; [advierte el yo lírico] / es la piedra, este barro / quieto, ceremonioso, allegadizo; / ese cuerpo arrogantemente caído / hacia la ruina, pero espejo inerte”.

Los destinos de las piedras y de los seres humanos se relacionan. Las primeras, roídas por el aire o la lluvia, se limitan a existir de una manera fosca. No obstante, en sus grietas se halla el recuerdo de la eternidad. Con las personas, ocurre algo un tanto similar: cada época deja huellas, temores y angustias.

A pesar de todo, la vida reverdece. En el poema titulado “La lección”, el hablante, un curtido profesor, anuda su corbata frente al espejo. En la imagen descubre al joven oculto, que “respira, fulgente, danzando entre las sombras”.

Incluso, a veces, prevalece el humor, único remedio contra la condición humana y la página vacía. Así, el poema titulado “Nada” se inicia de la siguiente manera: “Voy a escribir un poema en veinte líneas, / veinte no más; / que nada diga”, y concluye: “Un poema ya a punto de acabar / que nace, crece, corre así y, de pronto, / termina, acaba, finaliza ya”.

FOTOS

  • Nacion.com

ADEMÁS EN ÁNCORA
Áncora
Desde 1972, Áncora es la revista cultural de La Nación. Los domingos ofrece variada información y análisis sobre literatura, teatro, danza, cine, artes plásticas, lingüística, arte culinaria, filosofía, ciencias, libros y otros campos de la cultura.
Ámbitos
Este suplemento que se publica todos los sábados tiene como objetivo informarle sobre temas como construcción, arquitectura y urbanismo; pero también sobre esos detalles que hacen de su espacio un ámbito único y acogedor.
Proa
Reportajes, semblanzas, relatos, crónicas y entrevistas se mezclan en esta publicación dominical dedicada a resaltar el ángulo humano de la noticia y a interpretarla.
Teleguía
El mundo de la televisión y el entretenimiento en una revista semanal. Teleguía le ofrece cada domingo un reportaje de un programa o artista de la televisión nacional o internacional. Además, de todos los chismes faranduleros con El Topo.
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS