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Costa Rica, Domingo 13 de diciembre de 2009

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Historia

Neutralidad con matices

  En la práctica El gobierno de León Cortés favoreció a los sublevados contra la República Española

Ángela Núñez Aberturas | anapjes@yahoo.es

“El gobierno ha seguido, en materia de inmigración, una política definida y rígida en lo que se refiere a la inmigración inconveniente e indeseable y, en consecuencia, habrá que aplicarla inflexiblemente ante cualquier intento que se haga para el ingreso en el país de los emigrados españoles poco deseables por diversos conceptos”.

Tal fue la respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica sobre la posible llegada de refugiados republicanos españoles. El texto consta en una carta de agosto de 1939 remitida a la representación de España en Costa Rica; se conserva en el Archivo Nacional. Su contenido revela la posición práctica que el gobierno costarricense adoptó ante la Guerra Civil española (1936-1939).

Oficialmente al margen. La contienda se vivió con auténtica pasión en una Costa Rica sumida en un momento de cambio y la sociedad se dividió según los bandos enfrentados en España.

Algunos historiadores costarricenses defienden que el presidente León Cortes Castro (1936-1940) mantuvo una posición de absoluta neutralidad ante la guerra en España. Son los casos de Carlos Calvo Gamboa en su obra León Cortés y su época (EUNED, 1982) y de Luis Sáenz Elizondo en su tesis El presidente León Cortés Castro, del liberalismo al reformismo .

De hecho, como explica Calvo, el presidente Cortés no reconoció, durante la guerra, ni al gobierno legítimo de Manuel Azaña (instalado en Madrid) ni al rebelde de Francisco Franco (en Burgos), que sí recibió, en cambio, el reconocimiento de los gobernantes de Guatemala, El Salvador y Nicaragua a los cinco meses de iniciarse la lucha.

Incluso, en diciembre de 1936, en la Conferencia Panamericana de Buenos Aires, la delegación costarricense promovió una declaración “por la paz de España”, aunque su trascendencia fue meramente simbólica.

De fronteras adentro se llegó a ordenar a los maestros que no comentasen, durante las lecciones, los sucesos de España para no herir sentimientos en una sociedad que seguía con gran interés, pero muy dividida, los acontecimientos.

Ciertos matices... Por tanto, hay motivos para afirmar que el Poder Ejecutivo costarricense mantuvo oficialmente una actitud de expectativa y neutralidad ante la Guerra Civil. Sin embargo, no es un secreto la tendencia ideológica de León Cortés.

En múltiples ocasiones, el presidente había manifestado ser un “sincero anticomunista” y simpatizaba con Anastasio Somoza García. El lema de su campaña electoral había sido Orden, paz y trabajo , consigna similar a los programas del fascismo europeo.

En la práctica, esas inclinaciones políticas habrían matizado la postura oficial de neutralidad defendida por su gobierno.

Tal es la opinión que defiende Rosa María Pardo Sanz, del Departamento de Historia de la UNED de España, en su artículo América Latina y la Guerra Civil Española. Costa Rica, un estudio de caso.

Pardo afirma: “Se guardaron siempre las formas jurídicas, sin perder nunca de vista la actitud de Washington. Entretanto, se procuraba favorecer al bando ideológicamente más próximo en la batalla de la propaganda que se desarrollaba sobre suelo costarricense […]. Por eso, mientras los simpatizantes del bando nacionalista gozaron de plena libertad para convocatorias y manifestaciones, los grupos pro republicanos sufrieron todas las trabas legales que penaban al comunismo”.

En el mismo sentido se expresa Ángel Ríos Espariz, sacerdote agustino que residió durante 15 años en Costa Rica y que escribió su tesis sobre el tema para el Departamento de Historia de la UCR:

“Bajo una capa de neutralidad que oculta el temor a que las pasiones se desbordasen entre los individuos de la colonia española y los elementos más politizados de los grupos políticos y sindicales, León Cortés y su gobierno no midieron con la misma vara a unos y a otros”.

Para justificar sus afirmaciones, ambos investigadores se refieren a hechos. Por ejemplo, mencionan la respuesta que el gobierno de León Cortés dio al conflicto que se produjo en la representación diplomática española en Costa Rica durante la Guerra Civil.

La Legación Española. Al iniciarse la lucha (julio de 1936), el titular de la Legación era Gonzalo de Ojeda y Brook. En noviembre de 1936, se mostró abiertamente adepto al bando de los sublevados.

El gobierno de la República destituyó a Ojeda y envió como representante a Luis Güell Nieto, quien en vano buscó el reconocimiento del presidente Cortés.

Rosa María Pardo documenta cómo, “desde enero de 1937, el gobierno costarricense suspendió relaciones diplomáticas con el gobierno de la República […]. Desde julio de ese año se reconoció la validez a los pasaportes expedidos en Burgos o por la representación franquista oficiosa en Costa Rica, ignorando definitivamente al representante republicano”.

León Cortés nunca recibió ni a Luis Güell ni a su sustituto, Antonio de la Villa.

Por el contrario, Ojeda (representante oficioso del régimen de Franco) “disfrutaba de todos los privilegios y atribuciones consulares de un agente comercial, aun careciendo de su acreditación como tal” y contaba con el respaldo de la Sociedad de Beneficencia y de las órdenes religiosas, que realizaron una labor muy activa en la recaudación de fondos para el bando de los sublevados.

Intelectuales y refugiados. Otra de las actitudes que objetarían la neutralidad oficial del gobierno de León Cortés fue su postura ante la entrada de intelectuales y refugiados españoles.

Según recoge Ángel Ríos, “se niega la entrada al país de escritores españoles republicanos, como León Felipe, amigo de Mario Sancho e invitado por él a pasar unos días en Costa Rica.

En su libro España heroica , Vicente Sáenz habla también de los casos de Luis Quer y Boule y María Teresa León, esposa de Rafael Alberti. A todos ellos se les negó la entrada por ser extremistas, es decir, peligrosos para la ideología costarricense”.

Por el contrario, detalla el propio Ángel Ríos –aludiendo a las protestas de Manuel Mora ante Cortés–, sí son admitidos emisarios de Franco, como Luciano López Ferrer, quien llegó a Costa Rica a finales del 1936 enviado por el gobierno de Burgos en misión de propaganda y de captación de fondos, y el recitador y reconocido falangista José González Marín.

También está documentado cómo, en 1937, imitando la actitud de México, el Comité Pro República de Costa Rica quiso traer niños españoles al país. Sin embargo, la iniciativa no pudo concretarse pues el gobierno de León Cortés puso condiciones estrictas:

“La llegada de los niños españoles sólo se permitirá en aquellos casos en que asumieran la responsabilidad de sostenerlos debidamente personas o familias de reconoci-da solvencia moral y material”, rezaba un comunicado publicado en La Prensa Libre el 2 de junio de 1937 y recogido por Ángel Ríos.

Si cabe, más llamativa es la respuesta del ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica a los representantes del legítimo gobierno de España sobre la posible llegada de refugiados republicanos, extraída por Rosa María Pardo del Archivo Nacional de Costa Rica y que se reproduce al principio de este artículo.

Así mismo, en la práctica, la neutralidad oficial de León Cortés fue contradicha por las declaraciones de sus ministros y diputados oficialistas durante los encendidos debates que se realizaron en la Asamblea Legislativa sobre la Ley de imprenta , sobre los bombardeos ejecutados por los franquistas contra ciudades, y sobre el apresamiento del primer diputado comunista costarricense Efraín Jiménez Guerrero, defensor del gobierno de Madrid.

Costa Rica reconoció al gobierno de Francisco Franco el 3 de abril de 1939, inmediatamente después de que lo hicieran los Estados Unidos. Al fin, la inmigración de trabajadores, intelectuales y artistas republicanos se orientó a otros países, como México y la Argentina; muy pocos llegaron a Costa Rica.

LA AUTORA ES PERIODISTA española E INVESTIGADORA EN HISTORIA DE AMÉRICA POR LA UNED DE ESPAÑA.

FOTOS

  • Nacion.com

    Los “niños de Morelia” posan con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas. Para recibir huérfanos de guerra e hijos de combatientes republicanos españoles, el presidente de Costa Rica León Cortés puso como condición que se hicieran cargo de ellos “personas o familias de reconocida solvencia moral y material”. Fundación Españoles en el Mundo

  • Nacion.com

    León Cortes Castro, presidente de Costa Rica entre 1936 y 1940. Archivo

  • Nacion.com

    León Felipe poeta español aliado a los republicanos y a quien le fue vedado el ingreso a Costa Rica. Wikicommons

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