LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 11 de enero de 2009

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Música

La cantante de los pies descalzos

  Los Machucambos La costarricense Julita Cortés fue y es una leyenda de la música iberoamericana

María Lourdes Cortés | marialcortes@correo.co.cr

Años sesenta. Era la época del ye-ye , del twist y el rock and roll . En París, Brigitte Bardot brillaba por su erotismo mientras confesaba “j’adore les Machucambos”. Estos formaban un trío de músicos aficionados que pusieron a bailar a Europa con canciones como La bamba y Pepito, mi corazón . La voz sensual que los hizo inolvidables fue la de una costarricense: Julia Cortés.

Ya desde la primera noticia periodística sobre el trío, en noviembre de 1958, se destacaba su inconfundible presencia, sus piernas desnudas y su cara de campesina, descrita como “fea y sana”.

Esta “campesina” se convirtió en un rostro frecuente en los periódicos de la época, en la vedette de la música sudamericana en Europa. Julita empezó a ser presentada como aristócrata pues era nieta de un expresidente de un pequeño país latinoamericano (León Cortés), y pronto se la comparó con otros mitos de la escena francesa, como La Mistinguette y Josephine Baker.

En el Barrio Latino. La historia que terminó siendo una leyenda se inició en el corazón del Barrio Latino. Una noche de bohemia, Julita, quien no tenía ni 20 años, se encajó un vestido de charro y se puso a cantar junto a un peruano y a un español. El mexicano miembro del grupo no llegó al espectáculo, y lo sustituyó. La combinación resultó un éxito, y el trío, llamado al principio Acapulco, no tardó en convertirse en Los Machucambos.

A finales de los años 50, Julia Cortés estaba muy lejos del destino que la esperaba. Había viajado a Italia como funcionaria de la Embajada de Costa Rica en Roma y ahí conoció a un joven pintor, César Valverde. Este le presentó a un pintor italiano, Romano Zanotti, quien luego fue parte del grupo.

L’Escala era un pequeño bar en el Barrio Latino y el centro de la música latinoamericana en París. Allí iban a tocar intérpretes que después se hicieron célebres, como la chilena Violeta Parra y el argentino Atahualpa Yupanqui. En L’Escala coincidieron quienes formarían los Machucambos: a los amigos Julia Cortés y Romano Zanotti se les unió el español Rafael Gayoso.

La cultura latinoamericana causaba furor en Francia y su tradición musical les sirvió de impulso. El trío obtuvo un éxito inicial con La bamba y Duerme, negrito , nunca antes grabados en Europa; pero el despegue verdadero vino con una gira por Francia y sus colonias de ultramar: Túnez, Argelia y Marruecos.

Recorrieron más de 150 ciudades con un espectáculo destinado a dar a conocer el folclor latinoamericano, realizaron un disco y obtuvieron el Gran Premio de Francia a la mejor grabación. Aún no eran un producto comercial, pero la experiencia les dio la oportunidad de conectarse con las nuevas generaciones. Desde ese momento, y hasta la hoy, no hay un solo francés que haya vivido su juventud entre las décadas del 50 y del 60 que no recuerde con nostalgia a Los Machucambos.

De Pepito a l’Olympia. A su regreso a París, el director de una disquera popular asistió a una de sus presentaciones y los contrató para grabar en serio. Era el año 1959 y el disco ganó el gran premio de la Academia Francesa. Dos años después, el mismo productor los instó a que probaran suerte con la música bailable y que compitieran con el mambo y los ritmos de moda.

Como no tenían con qué rellenar la segunda cara del pequeño acetato de 45 revoluciones por minuto, el trío tomó un rock and roll titulado Pepito y convertirlo en chachachá. Lo demás es historia.

Casi 50 años más tarde, los jóvenes que vivieron el fenómeno aún lo recuerdan y lo tararean con la misma emoción: Pepito, mi corazón, Pepitín, Pepitón. Pepito de mis amores...

En dos meses escaló al primer lugar en Francia y así se mantuvo durante más de nueve meses. Su impacto arrastró a Europa y Turquía e incluso llegó al número 19 de la revista Billboard , en los Estados Unidos.

De ahí en adelante, el trío continuó con la música bailable, y el éxito se convirtió en un fenómeno de masas y de discos.

Esa fórmula permitió romper las perspectivas estrechas de la música folclórica y acercarse a una audiencia masiva que creció de la mano de la industria discográfica, la radio y la televisión. Por supuesto, el paso siguiente fue saltar a los grandes teatros franceses y europeos.

Adquirieron el mítico espacio de L’Escala, en el Barrio Latino, pero nunca tocaron en él, porque era un lugar demasiado pequeño para la dimensión de sus espectáculos. Julita Cortés requería un escenario acorde con su movimiento expansivo y su creciente carisma. El sitio escogido fue el teatro de variedades más importante de Francia: El Olimpia. En 1962, llenaron por primera vez el célebre auditorio, en un ritual colectivo que continuó a lo largo de la década.

“¡Ella era todo!”. Cuarenta años después, en una entrevista que me concedió para un libro en preparación, Julita se sinceró: “(Nos) sucedió lo que le pasó a Ricky Martin, que con una canción idiota ( Livin la vida loca ), fascinó a todo el mundo y, ¡boom! , se hizo famoso”.

Julia Cortés y Los Machucambos grabaron unas 700 canciones, 50 discos de larga duración y unos 80 sencillos, pero ella nunca se explicó su éxito ni se lo tomó en serio. Lo vivió igual como empezó a cantar: por gusto, como un golpe de suerte en una noche de bohemia en el Barrio Latino.

Los Machucambos fue el primer grupo europeo en grabar música latinoamericana con un sonido contemporáneo, aprovechando la tradición cultural del continente como un todo, sin importar las diferencias geográficas.

Sin embargo, como dice el dicho, el éxito se va tan rápido como llega. En el 2000, delante de su impresionante colección de recortes de prensa, fotografías y recuerdos, Rafael Gayoso explicó cómo terminó: “¡Era todo! ¡Julia!, la que tenía la voz, la que tenía la presencia en escena, la que tenía todo. ¡Sin Julia no había Machucambos!

“Julia fue la piedra de base de Los Machucambos. Por su talento de cantante, que no sé de dónde le venía, porque no lo perdió en ningún sitio; por su belleza y por su presencia escénica, era la base del grupo. Nosotros, Romano y yo, no hacíamos más que completar la presencia de ella, con nuestras voces y arreglos musicales, que era la parte que me correspondía; pero sin Julia no había Machucambos.

“La prueba es que cuando llegó un día en que, por diferentes razones, nos separamos, nos costó mucho poder seguir nuestra profesión. Ella nos hizo y nos deshizo”.

La larga muerte. En 1972, Julia se desmayó en un teatro de Bruselas, la capital de Bélgica, y dejó de cantar. Se le diagnóstico meningitis, y Rafael, su esposo, así como los padres de Julita, decidieron enviarla a Costa Rica para que se recuperase y recobrara su energía.

En realidad, Julia Cortés había decidido no volver a Los Machucambos. En nuestro país grabó un disco y se presentó acompañada por el trío Los Millonarios. Ese fue el preludio de un largo silencio. Se recluyó en su casa en Escazú y se convirtió en una mujer común y corriente.

Los Machucambos continuaron sin ella, pero nunca alcanzaron el éxito anterior. En cada espectáculo, los asistentes buscaban afanosamente los pies desnudos de la inconfundible Julita Cortés. En las tres décadas siguientes, más de diez cantantes intentaron sustituir a Julita, algunas veces con dos intérpretes a la vez, sin recuperar el esplendor pasado.

En el 2000, Julita me dijo: “Es curioso. Yo no he perdido la voz, lo que perdí fueron las ganas de cantar”. El 15 de junio del 2004, 33 años después de no reunirse en un escenario, Julia Cortés y Los Machucambos se presentaron en el Auditorio Nacional. Su voz no había cambiado.

Dos años después se le encontró un cáncer en la garganta, y la cantante de los pies desnudos no volvió a cantar. Su vida se fue apagando lentamente, y, el pasado 21 de noviembre, sin que casi nadie se diera cuenta, Julia Cortés, la mujer que fue una leyenda en Europa, murió.

FOTOS

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    Julita Cortés murió el pasado 21 de noviembre. María Lourdes Cortés para LN

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    Rafael Gayoso y Julita Cortés cosecharon gran parte de sus éxitos en París. María Lourdes Cortés para LN

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    Los Machucambos se formaron en el Barrio Latino, de París. Ellos eran Rafael Goyoso, Julita Cortés y Romano Zanotti. Archivo

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