LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 14 de junio de 2009

/ÁNCORA

Historia

Morir fusilado

  Venganzas En la Centroamérica del siglo XIX era habitual que líderes muriesen por represalia política

Rafael A. Méndez Alfaro | ramendez@uned.ac.cr

Hacia fines de setiembre e inicios de octubre de 1860, por vía del fusilamiento y ante un batallón castrense, morían dos héroes centroamericanos que hacía apenas cuatro años habían encabezado las tropas que se enfrentaron al ejército filibustero.

Juan Rafael Mora Porras (expresidente de Costa Rica), José María Cañas (general salvadoreño) e Ignacio Arancivia (militar chileno adepto a Mora) dejaban su último aliento en la lengüeta de arena del Pacífico llamada Puntarenas.

Sus muertes fueron resultados de una forma de morir representativa de ciertos hombres de Estado caídos en desgracia en Centroamérica y en Hispanoamérica: el fusilamiento.

Legalidad. Para que semejante recurso fuese posible, la pena de muerte debía ser legitimada en las constituciones políticas de los países del istmo.

En Costa Rica, la pena de muerte estuvo vigente hasta 1877, cuando, durante el gobierno de Tomás Guardia, se suprimió el artículo que habilitaba esa posibilidad.

Mora, Cañas y Arancivia murieron como consecuencia de un fallido intento de golpe de Estado ejecutado contra el gobierno de José María Montealegre, que a su vez arribó al poder mediante otro golpe, llevado a cabo un año atrás.

La decisión de su fusilamiento provino de un amañado tribunal militar, así como de un inusitado Consejo de Gobierno convocado para esos efectos.

Unos días antes, y en la misma forma, moría el invasor norteamericano William Walker en el puerto hondureño de Trujillo. Walker, enemigo de Juan Rafael Mora, venía haciendo incursiones militares desde 1856 en distintos puertos de la región, sembrando zozobra y angustia. Había protagonizado múltiples combates y escaramuzas ante los ejércitos del área.

El fusilamiento de Walker daba por finalizada la penosa experiencia filibustera en la región, así como la pretendida intención –solapada en un primer momento y manifiesta luego– de expandir el domi-nio de los esclavistas del sur estadounidense hacia el istmo.

Igual suerte correría el líder unionista centroamericano Francisco Morazán. En San José, el 15 de setiembre de 1842, veintiún años después de que en Guatemala se firmase el acta de independencia de España, perecían fusilados el general hondureño, acompañado de Vicente Villaseñor, militar salvadoreño.

Dos meses antes, Morazán había entrado por el sector pacífico costarricense trayendo consigo a 500 hombres, provenientes del puerto de La Unión, en territorio cuzcatleco.

En pocos días llevó a cabo un fulminante golpe de Estado contra el gobernante Braulio Carrillo, gracias a la complicidad de Vicente Villaseñor, hombre de confianza de Carrillo, a quien este había designado para repeler la presencia del caudillo unionista. Esta traición se conoce como el Pacto del Jocote y tuvo como escenario un sector de Alajuela. Quizá por este particular, la muerte llegó a los dos en lugar y circunstancias similares.

La experiencia del gobierno del líder hondureño fue efímera, y su final, precipitado. Quienes en la región admiraban a Morazán y su causa unionista –y no eran pocos– lamentaron el fusilamiento del general invasor en suelo costarricense.

Entre quienes causó profunda conmoción la muerte de Morazán se encontraba Gerardo Barrios, héroe y gobernante salvadoreño que sirvió por largo tiempo a las órdenes del caudillo hondureño.

A la larga, la muerte se asomó a Barrios siguiendo similar ruta: el fusilamiento. Después de participar y vencer en notables batallas y de llevar una reconocida prosperidad a la nación cuzcatleca hacia mediados del siglo XIX, Gerardo Barrios conoció el tortuoso camino del exilio.

En suelo costarricense fue capturado el gobernante caído en desgracia y, sin demasiado protocolo, trasladado a su patria. En El Salvador, luego de enconadas disputas internas, los enemigos de Barrios determinaron su futuro: moriría fusilado.

Vidas cortadas. Presidentes o militares de oficio, aventureros en busca de gloria, hombres de Estado en el exilio…: ninguno de ellos vio la ancianidad arribar a sus vidas. William Walker no llegó a los 40 años. Juan Rafael Mora no estuvo cerca de los 50. A su muerte, su esposa, Inés Aguilar Coeto, estaba encinta, y aún se encontraba sin bautizar su hijo menor, Camilo, así llamado en honor del padre de Mora.

Otras figuras de renombre aquí mencionadas, apenas superaron la barrera de las cinco décadas. Francisco Morazán contaba 50 años cuando ejecutó su última aventura. Como fue su voluntad final, sus restos terminaron reposando en tierras salvadoreñas, tan amadas por el general hondureño.

Gerardo Barrios alcanzó los 52 años. José María Cañas, del mismo origen de Barrios y su compañero en los ejércitos de Morazán, tenía 51 años cuando un presuroso Consejo de Gobierno decretó su muerte.

En la Centroamérica del siglo XIX, todos ellos vieron el ocaso de sus vidas ante pelotones de fusilamiento. También así se “hacía” la historia en aquellos tiempos.

FOTOS

  • Nacion.com

    Fotograma de la serie ‘Gesta del 56’, que ilustra el fusilamiento de William Walker. La serie se transmite los lunes a las 8:30 p. m. por Canal 15. Canal 15/UCR para LN

Poco

a poco

La pena de muerte fue desapareciendo con los años en las constituciones o en las leyes del istmo. La primera abolición se produjo en Costa Rica en 1877. Mucho después, en 1957, ocurrió lo mismo en Honduras . En 1979, Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional anuló la pena de muerte en Nicaragua . En El Salvador , la pena capital se abolió en 1983 para los delitos comunes; la última ejecución se había producido en 1973. La pena de muerte está vigente aún en Guatemala .

ADEMÁS EN ÁNCORA
Áncora
Desde 1972, Áncora es la revista cultural de La Nación. Los domingos ofrece variada información y análisis sobre literatura, teatro, danza, cine, artes plásticas, lingüística, arte culinaria, filosofía, ciencias, libros y otros campos de la cultura.
Ámbitos
Este suplemento que se publica todos los sábados tiene como objetivo informarle sobre temas como construcción, arquitectura y urbanismo; pero también sobre esos detalles que hacen de su espacio un ámbito único y acogedor.
Proa
Reportajes, semblanzas, relatos, crónicas y entrevistas se mezclan en esta publicación dominical dedicada a resaltar el ángulo humano de la noticia y a interpretarla.
Teleguía
El mundo de la televisión y el entretenimiento en una revista semanal. Teleguía le ofrece cada domingo un reportaje de un programa o artista de la televisión nacional o internacional. Además, de todos los chismes faranduleros con El Topo.
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS