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Costa Rica, Domingo 8 de noviembre de 2009

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Literatura

Versos secretos, amistad confesa

  Mutua presencia En ‘Repertorio Americano’ incluyó poemas del humanista mexicano Alfonso Reyes

Alberto Enríquez Perea | enriquezperea@yahoo.com

Entre las más de ochenta colaboraciones de Alfonso Reyes en el Repertorio Americano (1919-1958), hay dos poemas que vale la pena recordar cuando se acerca el quincuagésimo aniversario de la muerte del humanista mexicano (27 de diciembre). El primer poema apareció en forma anónima, pero, años más tarde, Eugenio García Carrillo (hijo de don Joaquín) reveló el misterio; el siguiente poema sí llevó la firma de Reyes.

Ambos poemas se publicaron en ediciones bien cuidadas, joyas bibliográficas, y los textos enviados por Reyes acaso se encuentren en el archivo de don Joaquín García Monge, uno de los tesoros de la cultura costarricense.

Letrilla-protesta. El primer poema apareció el 26 de febrero de 1927 bajo el título de “No puede ser”. Llamó la atención en su tiempo y lo evoca en el nuestro.

Muchos se preguntaron quién era el autor; el editor, García Monge, sólo dijo que se lo habían enviado desde París y que ignoraba quién lo había escrito. Tampoco trajo título, de modo que García Monge le puso “No puede ser”. Los bien logrados versos de esta copla eran una protesta contra el intervencionismo en Hispanoamérica:

“Que Kellogg el ‘pacifista’ / sea muy largo de vista, / bien puede ser; / mas que América no entienda / que aquella paz es contienda, / no puede ser. / Que a Díaz, por ser infante, / le den tutor Almirante, / bien puede ser; / mas que Sacasa el adulto / no lo tome como insulto, / no puede ser.

Ese poema “anónimo” recuerda una letrilla de Luis de Góngora que comienza así: “Que pida a un galán Minguilla / cinco puntos de jervilla, / bien puede ser; / mas que calzando diez Menga / quiera que justo le venga, / no puede ser”.

En un artículo publicado 46 años después en la revista Capilla Alfonsina e intitulado “Día de Reyes”, García Carrillo recordó la carta que recibió su padre de parte don Alfonso, del 2 de septiembre de 1953. En la misiva, Reyes afirmó:

“Por 1927, recibió usted de París, y las reprodujo en su Repertorio , ciertas coplas políticas que comenzaban: ‘Que de México la fragua’ y que tenían por estribillo: ‘Bien puede ser - no puede ser’. Tengo la impresión de que las atribuyó a todos menos a su verdadero autor, que soy yo. Recordará usted que se imprimieron en un plieguecito en París. Cuidó de la impresión el Abate de Mendoza”. A esta información proporcionada por Reyes, don Eugenio añadió: por esos “días gobernaba en Estados Unidos Coolidge, y en México Calles. En Nicaragua, Adolfo Díaz pedía a gritos la intervención americana”.

La poesía de Alfonso Reyes no era muy bien conocida por los lectores de Repertorio Americano . En 1919, en el sexto número del reciente semanario, había aparecido “El descastado”, versos desoladores que dan cuenta de su ánimo.

Alejado de su patria, de sus familiares y en la más absoluta pobreza, Reyes escribió: “La Necesidad, maestra de los herreros, / madre de las rejas carcelarias y de los barrotes de las / puertas; / tan bestial como la coz del asno en la cara fresca de la / molinera, y tan majestuosa como el cielo”.

Asimismo se había conocido su poema dramático Ifigenia cruel , en el que Reyes escribió: “Porque un día, al despegar los párpados, / me eché a llorar, sintiendo que vivía, / y comenzó este miedo largo, / este alentar de un animal ajeno / entre un bosque, un templo y el mar”.

En la Argentina. A finales de 1927, Reyes era embajador de México en la Argentina. Entre muchos proyectos estaba el de crear unos folletos: los Cuadernos del Plata. La “muchachada argentina” le había pedido que hiciera una revista, pero esto no lo convenció por el puesto diplomático que desempeñaba.

Sin embargo, los jóvenes escritores insistieron y le recordaron que, en España, Reyes había colaborado en la revista España ; que, con Juan Ramón Jiménez, había fundado la revista Índice y la Biblioteca Índice; que, junto con José Moreno Villa y Enrique Díez Canedo, había editado los Cuadernos Literarios de la Lectura, y que había comenzado la Colección Universal de Calpe. Así pues, querían que la huella de Alfonso Reyes quedase también en la Argentina.

Así fue como don Alfonso pensó hacer “unos folletos lindos y elegantes, para esas cosas pequeñas que uno hace, que están tan en el gusto de la época, que uno no se atreve a publicar aisladas por pequeñas, que tampoco quiere mandar al revoltijo de las revistas, y que se pudren en el cajón esperando el libro misceláneo donde han de aparecer confundidas con otras cosas. Este folleto poema equivale a lo mejor de la revista”.

En los Cuadernos del Plata pensaba publicar autores como Pedro Henríquez Ureña, Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes, Oliverio Girondo, Julio Torri y Genaro Estrada, y también a pintores, como Norah Borges, Diego Rivera y Silvina Ocampo.

Así pues, se distribuyó el trabajo: Reyes quedó como responsable de lo literario, y Evar Méndez de la labor editorial. Francisco Colombo sufragaría los gastos. En el comité editorial de los Cuadernos del Plata figuraron Méndez, Borges, Xul Solar y Ricardo E. Molinari.

Reyes empezó a correr las invitaciones y a solicitar el apoyo de sus amigos escritores para conseguir los textos necesarios.

El primer número de Cuadernos del Plata apareció el 26 de julio de 1929. Incluyó Seis relatos , de Ricardo Güiraldes, con un poema de Alfonso Reyes y una fotografía. El poema se llama “A la memoria de Ricardo Güiraldes” y consta de cuatro partes.

Humanista pleno. Es muy probable que un ejemplar de Cuadernos del Plata le haya llegado a don Joaquín pues Reyes siempre lo tuvo presente. “A la memoria de Ricardo Güiraldes” se reprodujo en las páginas del Repertorio Americano tomado de la bella edición de 300 ejemplares, hecha a mano en papel off-set y tirada en la empresa Lithotipo Fluminense (de Rio de Janeiro), con data del 27 de marzo de 1934.

El Repertorio Americano incluyó un fragmento de la cuarta parte del poema:

“Llegaste cuando yo no estaba y cuando vine habías partido, / y nuestra alianza quedó encinta de todo lo que pudo haber sido. / Tal vez te recogieron, como en tu cuento al trenzador, / arrugando con crispada mano la carta en que te dije adiós. / Hoy, tus ecos juntando, te alzo una estatua de reflejos, / y por la señal de tu planta te voy campeando desde lejos. / Cada uno me habla de ti con un elogio diferente: / puedo pensar que, sólo contigo, se me murió mucha gente”.

Pasó un buen tiempo para que volviera aparecer la clásica poesía de Alfonso Reyes en San José, donde se imprimió por primera vez una de sus obras mayores: Visión de Anáhuac .

A mediados de 1949, Repertorio Americano publicó el poema intitulado “Alfonso Reyes a sus amigos”; comienza así:

“Saber, amigos, pretendo, / ya que me premiáis así, / ¿qué mérito halláis en mí / porque voy envejeciendo? / Mas, si envejecí, ya entiendo / el premio que he merecido: / bastante causa ha tenido, / amigos, vuestro fervor, / pues el mérito mayor / del viejo es haber vivido”.

Son versos escritos para agradece a los intelectuales que trabajaban en el Fondo de Cultura Económica y quienes le obsequiaron una hermosa plaquette conmemorativa por sus sesenta años de vida.

En prosa y verso, sus obras nos dicen por qué a Alfonso Reyes se le llama humanista, y por qué se lo recuerda tan cariñosamente a cincuenta años de su muerte.

FOTOS

  • Nacion.com

    Detalle del altar dedicado a Alfonso Reyes que se ubica en el Instituto de México, en Costa Rica. Mario Rojas

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    Manuscrito del poema Lamentación de Navidad . Alicia Reyes

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    Manuscrito del poema Lamentación de Navidad . Alicia Reyes

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