LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 15 de noviembre de 2009

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Literatura

Costa Rica en ciencia ficción

  Al día Nuestros escritores cultivan ya uno de los géneros literarios propios de la modernidad

Iván Molina Jiménez | ivan.molina@ucr.ac.cr

En 1908, León Fernández Guardia (hermano de Ricardo, el historiador) publicó un cuento titulado “El número 13,013”, el cual supuso una combinación de varios géneros literarios de dudosa reputación: el de terror, el policíaco y la ciencia ficción. En ese relato, un doctor, de apellido M, se vale de procedimientos hipnóticos para retrasar la muerte de un hombre que ha ganado 20.000 pesos en la lotería y apropiarse de esa considerable suma.

Ciertamente, este cuento no fue la primera obra publicada en Costa Rica que incursionaba en la ciencia ficción. En 1899, el guatemalteco Máximo Soto Hall había dado a conocer El problema , una novela cuya trama se sitúa en 1928, cuando Centroamérica está próxima a consumar su ineluctable anexión a Estados Unidos.

En una línea similar, pero con un final diferente, Carlos Gagini publicó, en 1920, La caída del águila , en la cual varios hombres, con diferentes recursos y habilidades, derrotan a las fuerzas militares estadounidenses. El líder del grupo es un costarricense descendiente de Juan Rafael Mora.

Desatención. De manera casi previsible, el análisis de estas dos novelas se concentró en su dimensión política. Aunque algunos investigadores reconocieron fugazmente la influencia de Julio Verne en Soto Hall y Gagini, optaron por centrar el análisis en torno a la problemática del antiimperialismo, sin interesarse por explorar lo relacionado con la ciencia ficción.

La desatención indicada no es excepcional. Desde la primera mitad el siglo XIX se ha producido ciencia ficción en América Latina, y algunos de los más conspicuos escritores del subcontinente han incursionado en tal género; sin embargo, la investigación al respecto ha sido tardía.

Sólo muy recientemente, algunos estudiosos de la literatura, como Juan Carlos Toledano, Rachel Haywood y Yolanda Molina Gavilán, entre otros, han empezado a identificar, clasificar y analizar esos materiales. Para Costa Rica, una tarea de este tipo ha sido iniciada por el físico estadounidense, Daniel W. Koon.

Por tanto, es probable que, a medida que los investigadores literarios costarricenses renueven sus enfoques y objetos de estudio y profundicen en el conocimiento de la literatura nacional, se amplíe la lista de obras de ciencia ficción publicadas antes de 1950 y se precisen las posibles conexiones entre ellas.

La importancia de esa tarea puede apreciarse en el siguiente caso. En el 2008, la EUNED publicó una segunda edición de la novela corta El Dr. Kulman , dada a conocer en la Costa Rica de 1926 por el sacerdote catalán Ramón Junoy.

En esa novela, un médico inventa un procedimiento para recuperar los recuerdos después de la muerte. En la contraportada de la edición del 2008, se resaltó la novedad de que en esta novela se entrelazan la ciencia ficción y un argumento policíaco. Evidentemente, se dejó de lado que esa combinación ya estaba presente en el cuento de 1908 de León Fernández Guardia.

Nuevas incursiones. Para la segunda mitad del siglo XX, las incursiones de autores costarricenses en la ciencia ficción son ligeramente mejor conocidas. Los nombres más frecuentemente mencionados son los de Alfredo Cardona Peña y Alberto Cañas. Curiosamente, sus relatos en este género han tendido a ser categorizados como literatura fantástica por parte de los investigadores literarios en Costa Rica, pese a que Cardona Peña es reconocido por estudiosos extranjeros como un importante escritor de ciencia ficción, y uno de los cuentos de Cañas, “El planeta de los perros”, fue incluido en la Primera antología de la ciencia ficción latinoamericana , publicada en Buenos Aires en 1970.

A partir de entonces, más autores –ahora también, autoras– han experimentado con la ciencia ficción. Sin pretender ser exhaustivos, podemos citar los nombres de Fernando Durán Ayanegui, Louis Ducoudray, Fabián Dobles, Carmen Naranjo, Linda Berrón y Luis Bolaños.

En la década de 1990, la ciencia ficción empezó lentamente a ampliar sus espacios. En 1994, la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica publicó una primera antología parcial de la ciencia ficción costarricense. Ese mismo año, Una sombra en el hielo , novela corta de Laura Quijano Vincenzi, fue galardonada con el Premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica, que la publicó en 1995.

Finalmente, en 1996, con el sello de la EUNED, empezó a circular una antología de cuentos editada por Roberto Sasso y Pablo Rojas y titulada C. R. 2040 . Entre los autores incluidos figuran Fernando Leal, Francisco Quesada, Michael O’Reilly y Alí Víquez. Este último volvería a incursionar en la ciencia ficción con “Anonimátic”, un relato incluido en su libro A medida que nos vamos conociendo , publicado en 1998 por la Editorial Costa Rica.

En el siglo XXI. La ciencia ficción costarricense adquirió un nuevo auge en el primer decenio del siglo XXI. En el 2003, en Buenos Aires, Alberto Ortiz publicó la novela Azor y luna ; y, en el 2007, dos nuevas novelas de ciencia ficción fueron publicadas en Costa Rica: Diez días de un fin de siglo , de Emilia Macaya, y Telémaco (primera obra de una trilogía en proceso) de Jessica Clark.

Además, en el 2008 se estrenó Destino las estrellas , drama de Miguel Rojas. Conviene destacar que Macaya ya había debutado en el género con “Una historia”, cuento incluido en la antología de 1994.

Más recientemente, la EUNED –la entidad de su tipo que más ha apoyado la publicación de obras de ciencia ficción en el país– ha dado a conocer Deus ex machina , que reúne dos novelas cortas de Daniel Garro. Ambas destacan por un estilo claro y ameno y por una inteligente administración del suspenso, de modo que el libro puede resultar atractivo para lectores jóvenes.

Igualmente, la EUNED está próxima a publicar Posibles futuros , una nueva antología de cuentos de ciencia ficción en la que participan escritores ya conocidos, como Quijano Vincenzi y Clark, al lado de otros que se inician en el género, como Antonio Chamu, Laura Casasa y David Díaz.

Uno de los aspectos más interesantes de esta antología es que combina las dos tendencias principales que han caracterizado la ciencia ficción producida en Costa Rica: la que incorpora escenarios y problemas locales, y la que se ubica en lugares y tiempos sin relación con los límites nacionales.

Actualmente, la ciencia ficción costarricense es cada vez más visible, se ha ganado un espacio en algunas de las principales editoriales del país y ha pasado de manifestarse en relatos ocasionales a hacerlo en novelas, antologías y obras de teatro.

Asimismo, continúa con su esfuerzo por darse a conocer en el exterior. En el 2008, “Por siempre otro”, un relato de Quijano Vincenzi, fue incluido en la antología española Fabricantes de sueños . También en ese año, el drama El pescador de corazones , de Rojas, fue premiado en los Juegos Florales de Quezaltenango.

De hecho, parecen haberse dado ya las condiciones para que se emprenda la necesaria tarea de preparar una primera antología de la ciencia ficción costarricense, con un estudio crítico que contextualice debidamente la producción que hasta ahora se conoce.

En fin, quienes escriben ciencia ficción en Costa Rica han comenzado a reconocerse, a identificarse públicamente con el género, a convocar a distintas audiencias de lectores y a aventurarse más allá de las fronteras costarricenses.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. HA PUBLICADO VARIAS COLECCIONES DE CUENTOS DE CIENCIA FICCIÓN.

FOTOS

  • Nacion.com

    Primera antología de la ciencia ficción latinoamericana , publicada en Argentina en 1970.

  • Nacion.com

    Azor y Luna (2003), de Alberto Ortiz.

  • Nacion.com

    Telémaco (2007), de Jessica Clark.

  • Nacion.com

    Diez días de un fin de siglo (2009), de Emilia Macaya.

  • Nacion.com

    Carlos Gagini, autor de La caída del Águila . Iván Molina para LN

  • Nacion.com

    Máximo Soto Hall, autor de El problema . Iván Molina para LN

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