LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 22 de noviembre de 2009

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Historia

Un costarricense en la Revolución Mexicana

  Amigo y testigo Rogelio Fernández Güell participó de la lucha por democratizar a México

Pedro González Olvera | pgonzalez@sre.gob.mx

La lista de los directores de la Biblioteca Nacional de México parece otra Rotonda de Personas Ilustres. Si uno la examina, le llamarán la atención un nombre y un país: Rogelio Fernández Güell y Costa Rica. Contemos ahora la historia de esa presencia, nacida de la amistad y el heroísmo.

La Revolución Mexicana se inició el 20 de noviembre de 1910: hace cien años. Sobre ella se han escrito miles de páginas, y muchos de sus autores son extranjeros o, por decirlo de otra manera, no nacidos en México. Algunos escribieron como testigos de ese primer movimiento social del siglo XX porque fueron a ver in situ lo que ocurría en México o vivían ya en el país.

Entre esos testigos se menciona al norteamericano John Reed, quien en 1913 convivió con Pancho Villa y su ejército en el norte de México, lo que luego plasmó en su libro México insurgente .

Sin embargo, antes que él, otro periodista y escritor fue también testigo de primera línea y vivió una experiencia tanto o más intensa que la de Reed pues a él le tocó convivir con el iniciador de la revolución, el llamado “apóstol de la democracia”, Francisco I. Madero.

Ese periodista e intelectual fue el costarricense Rogelio Fernández Güell.

Dos testimonios. Como producto de esa vivencia, Fernández Güell, además de conocer también a Villa, dejó dos textos para la posteridad.

El primer escrito es un breve ensayo que defiende a Madero de sus detractores, quienes lo consideraban incapaz de reemplazar a Díaz; por el contrario, Fernández Güell pasa revista a pasajes de la vida del revolucionario mexicano para concluir que Madero tenía las cualidades suficientes para ser considerado un verdadero estadista, de la talla del presidente indígena Benito Juárez. Este texto lleva justamente el título El moderno Juárez. Estudio sobre la personalidad de Francisco I. Madero .

El segundo texto es mucho más amplio y narra las impresiones de Fernández Güell obtenidas durante los años que pasó al lado de Madero; además, relata el desarrollo de la Revolución Mexicana desde los postreros años del régimen porfirista, incluidas las fiestas por el primer centenario (1910) de la independencia, hasta el asesinato de Madero, ya presidente de México, por los esbirros del traidor general Victoriano Huerta. Su título original es Episodios de la Revolución Mexicana .

Ambos escritos fueron luego publicados en 1973 en un solo volumen por la Editorial Costa Rica y con una introducción de Víctor Manuel Arroyo.

Como bien cuenta su principal biógrafo, Eduardo Oconitrillo García, al contrario del norteamericano John Reed, Fernández Güell no fue a México con el objetivo de escribir una crónica de la revolución maderista pues ya se encontraba en territorio mexicano desde 1906.

Fernández Güell incluso había conocido a diversos funcionarios del régimen de Porfirio Díaz, y de manera destacada al ministro de Relaciones Exteriores, Ignacio Mariscal, quien le tomó tal aprecio que lo nombró cónsul de México en Baltimore, Estados Unidos.

El costarricense renunció luego a ese cargo porque una nueva ley hacía obligatorio que todos los representantes consulares tuvieran la nacionalidad mexicana, y Fernández Güell se negó a adoptarla, no por falta de amor a la que consideraba su segunda patria, sino por sus intensos vínculos que, a pesar del tiempo y la distancia, guardaba con su país natal.

Amigo del pueblo. De Baltimore retornó a México y, ya iniciado el movimiento revolucionario con Madero a la cabeza, creyó que este sería uno más de los levantamientos armados que de cuando en cuando reprimía el gobierno porfirista.

El mismo don Rogelio escribió: “Jamás le di importancia al movimiento de Madero, participando del error general que atribuía un inmenso poder al gobierno del Presidente Díaz”.

No obstante, Fernández Güell compartía algo de particular importancia con Madero: su apego a las doctrinas espiritistas. Esa coincidencia de principios –más que la común pertenencia a logias masónicas– lo llevó a tratar de convencer a Madero de que hacer una revolución iba en contra de las creencias de ambos, basadas en el pacifismo y el amor a la humanidad.

Sin embargo, diversos acontecimientos –en especial el asesinato de los hermanos Serdán por las fuerzas porfiristas– hicieron que Fernández Güell dudase de lo que había creído por un buen tiempo: que Díaz era un gobernante sabio y con claridad de miras y que dirigía con mano firme los destinos de su nación hacia la modernidad muchos años pospuesta.

Dudando también de la legitimidad de los medios armados para alcanzar la democracia, Fernández Güell logró una entrevista con Madero. De entrada, con sólo intercambiar unas palabras con él, se convenció de que era el hombre que México necesitaba para iniciar una nueva etapa en su historia.

Fernández Güell tomó entonces una de las decisiones más importantes de su vida en lo que a México se refiere: unirse al movimiento revolucionario, pero desde la trinchera del periodismo.

Para ello, junto con algunos otros maderistas, fundó el diario El Amigo del Pueblo y lo dirigió casi exclusivamente a hacer proselitismo a favor de Madero. Este accedería la Presidencia el 6 de noviembre de 1911.

Eduardo Oconitrillo acierta cuando dice que el talento literario y la cultura de Fernández Güell fueron factores importantes para que, a la hora de designar a los funcionarios que lo acompañarían en su gobierno, Madero pensara en don Rogelio como la persona idónea para dirigir a Biblioteca Nacional. Así, se convirtió en la primera persona no nacida en México (por su apego a este país no puede ser considerado extranjero) en estar a la cabeza de tan relevante institución.

De hecho, en la galería de directores de la Biblioteca, que hoy es parte de la Universidad Nacional Autónoma de México, aparece su nombre y una breve nota biográfica que deja constancia de este hecho, a pesar de algunos errores en los datos consignados.

Deuda pendiente. El golpe de Estado comandado por Victoriano Huerta –pero bajo la batuta del embajador norteamericano Henry Lane Wilson– acabó con el intento democrático de Francisco I. Madero, quien fue asesinado por el traidor.

El golpe militar originó nuevos episodios de la revolución mexicana y obligó a muchos partidarios del legítimo presidente a dejar México por los graves riesgos que su vida corría.

Don Rogelio salió de México pues estaba consciente de que el régimen golpista lo tenía entre sus enemigos. Partió dejando abandonados propiedades y varios de sus escritos inéditos, que se perdieron para siempre.

Fernández Güell retornó a Costa Rica para insertarse en la política nacional y –en una especie de vida paralela– para repetir el martirio de su gran amigo mexicano, como si hasta en eso quisiera seguirlo. Como sabemos, Rogelio Fernández Güell murió el 15 de marzo del año 1918 en Puntarenas, a los 34 años.

México está en deuda con Rogelio Fernández Güell. A pesar de la buena factura que lo caracteriza, su libro es casi desconocido hasta entre los estudiosos de la Revolución Mexicana. Todas sus fichas biográficas en fuentes mexicanas, incluida la de la Biblioteca Nacional, cometen el error de aseverar que murió en la ciudad de México en 1918, y poco se habla de él cuando se hace un recuento de los actores y testigos de la revolución de 1910 no nacidos en México.

Por ello, el centenario de la Revolución Mexicana es una buena oportunidad para que su figura sea reivindicada por los organizadores de los festejos ya iniciados. Sirvan estas líneas para contribuir modestamente a tal propósito.

EL AUTOR ES JEFE DE CANCILLERÍA de LA EMBAJADA DE MÉXICO Y DIRECTOR DEL INSTITUTO DE MÉXICO EN COSTA RICA.

FOTOS

  • Nacion.com

    Rogelio Fernández Güell (1868-1918), periodista y escritor. UNAM

  • Nacion.com

    Exhumación de los restos de Rogelio Fernández Guell del sitio donde fue sepultado (en Buenos Aires de Puntarenas) junto con Carlos Sancho, Jeremías Garbanzo y Joaquín Porras. Biblioteca digital del SINABI (sección Fotografías) .

  • Nacion.com

    Dos libros sobre un personaje: una edición costarricense de recuerdos de Fernández Güell (izq.) y una biografía escrita por Eduardo Oconitrillo. Archivo.

  • Nacion.com

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