Cuenta la historia que una vez se reunieron todas las cualidades y defectos de los seres humanos. Cansada de los bostezos del aburrimiento , la locura propuso jugar al escondite. La intriga alzó la ceja, mientras la curiosidad comenzaba a disparar preguntas.
“Me tapo los ojos, cuento hasta un millón y ¡salgo a buscarlos!” dijo la locura . La alegría empezó a dar saltos, arrastrando consigo a la duda y la apatía ; la verdad prefirió no esconderse, mientras la soberbia afirmaba que era un juego muy tonto. El egoísmo halló un sitio sólo para él y la generosidad comenzó a ceder a otros cada escondite que encontraba.
La locura se afanaba con su conteo: saltaba por los números de tres en tres y de cinco en cinco; avanzaba por los números pares y luego se devolvía enumerando los impares. Para cuando alcanzó el 999.999, el amor –que aún no había encontrado su escondite– dio con un hermoso rosal y se hundió entre sus flores.
“¡Un millón!” soltó la locura y emprendió la búsqueda. A tres pasos dio con la pereza , y poco más allá, incapaz de recordar de qué se trataba el juego, al olvido ; reflejada en un lago se topó con la belleza , y con la pasión en el cráter de un volcán; la envidia apareció a la sombra del triunfo .
Uno a uno fueron saliendo todos los talentos y defectos. Empero, el amor seguía sin aparecer. A punto de darse por vencida, la locura divisó el rosal y corrió a mover sus ramas. Entonces se escuchó un alarido de dolor. Era el amor , con sus ojos heridos por las espinas. La locura se volvió loca; lloró, corrió en círculos sin parar y, finalmente, le imploró perdón y le prometió ser su lazarillo. Por esto, desde aquel lejano día, el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.
Esta historia es contada por José Bermejo y Ana Martínez en su libro Motivación e intervención social .
Mente maravillosa. John Forbes Nash nace el 13 de junio de 1928 en Bluefield, Virginia (Estados Unidos). Su padre es ingeniero eléctrico, y su madre, profesora de inglés y latín.
El joven Nash comienza a leer a muy temprana edad y pronto revela su condición de superdotado para las matemáticas. Arrogante y poco sociable, a los 12 años empieza a realizar experimentos químicos en el sótano de su casa.
Allí se dedica a la fabricación de explosivos en compañía de los únicos dos amigos a los que permite el acceso. Todo el asunto termina en tragedia: uno de los chicos muere en una explosión accidental y el otro es enviado a toda prisa a una academia militar.
Tras el colegio, John recibe una beca para estudiar química en el Carnegie Institute of Technology. Pronto es convencido de optar por las matemáticas y se gradúa en 1948, tras solo tres años de estudios.
Entonces parte a obtener su doctorado en la prestigiosa Universidad de Princeton merced a una escueta carta de recomendación de su profesor R. J. Duffin, que decía: “Este hombre es un genio”. En Princeton coincide con figuras como Albert Einstein y John von Neumann, pionero de la teoría de juegos.
El genio no asiste a clases: se dedica a pensar y a recorrer los pasillos de la facultad silbando melodías de Bach. En 1950 obtiene el doctorado en Matemáticas con su tesis Juegos no cooperativos , que ocupa apenas 27 páginas.
El texto desarrolla la noción de “equilibrio de Nash”, un modelo que tendrá una influencia extraordinaria en campos tan dispares como las negociaciones comerciales, la biología evolutiva, el análisis de tráfico vehicular y las relaciones laborales.
Alicia. En 1952 es profesor en el Instituto Tecnológico de Massachussets (ITM), con poco éxito: sus alumnos se quejan de sus abusivos métodos de examen y su predilección por temas irrelevantes o demasiado avanzados.
Su genialidad y aislamiento le hacen malas pasadas: inventa un juego (conocido como “Nash” en la época y hoy llamado “Hex”) que hace furor en el claustro. Luego asombra a todos al idear una técnica sorprendente para resolver ecuaciones diferenciales en derivadas parciales.
Empero, se descubre que un joven matemático italiano (Ennio De Giorgi ) ha resuelto en paralelo el mismo problema y que ha publicado la solución unos meses antes. Asimismo, Hex tiene un antecedente en un juego inventado en forma independiente por el matemático danés Piet Hein en 1942.
En 1955 conoce a Alicia Lardé, una estudiante de física nacida en El Salvador. Lardé asiste al curso de cálculo avanzado que imparte Nash y es una de 16 mujeres entre los 800 estudiantes del ITM.
Alicia y Nash se casan a inicios de 1957. No hay luna de miel pues el novio se encuentra en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, obsesionado con la hipótesis de Riemann (uno de los problemas más famosos de las matemáticas).
A pesar de que logra avances notables en esta materia, el esfuerzo lo lleva al límite: Nash oye voces, busca mensajes secretos en los números y dice que los extraterrestres se comunican con él por medio del periódico The New York Times . Pronto se le diagnostica esquizofrenia paranoide.
Alicia debe asumir la durísima decisión de someterlo a la terapia de shock con insulina. Los colegas de Nash escriben entonces una carta al hospital en la que piden que cuiden su mente “por el bien de la humanidad”.
Nash comienza una seguidilla de internamientos en centros psiquiátricos. Argumenta que toma en serio las ideas sobre extraterrestres pues “vinieron a mí de la misma forma que las ideas matemáticas”.
Su fama crece y la Universidad de Chicago le ofrece un puesto muy prestigioso, pero Nash lo rechaza aduciendo que está destinado a convertirse en emperador de la Antártida.
La locura domada. John Nash pierde su trabajo en 1959. Creyendo ser perseguido por criptocomunistas, viaja por Europa, donde intenta conseguir el status de refugiado político. Alicia se divorcia de Nash en 1963, pero lo sigue cuidando a lo largo de la década.
Paralelamente, sus antiguos colegas le consiguen ayuda psiquiátrica. Comienza a tomar drogas antipsicóticas y a mejorar lentamente. En 1970 se reúne con Alicia y regresa a Princeton (donde se mantiene hasta el día de hoy).
En la década de 1980, un Nash en extremo introvertido es conocido como El Fantasma (por las fórmulas que deja en las pizarras de las aulas vacías).
Para 1990 sorprende a todos con nuevas aportaciones y una lucidez calificada de “milagrosa”. Nash señala que su recuperación no es debida al uso de medicamentos, sino a su esfuerzo por rechazar las ideas delirantes mediante el raciocinio.
En 1994 recibe el Premio Nobel de Economía por sus análisis pioneros en la teoría de los juegos no cooperativos. Alicia Lardé y John Nash vuelven a casarse el año 2001.
En su discurso de aceptación del Premio Nobel, Nash describe su recuperación como un proceso de rechazo de ideas delirantes, en particular “del pensamiento orientado políticamente, como una pérdida inútil de esfuerzo intelectual”.
Sin embargo, lo mejor fueron sus palabras de agradecimiento para Alicia. Se cuenta que John Nash cerró los ojos por un instante y trató de rememorar su primer encuentro en los jardines universitarios: él, montado en su bicicleta, dibujaba el símbolo matemático del infinito; ella estaba de pie junto a un rosal.
EL AUTOR ES CONSULTOR TRANSDISCIPLINAR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA.
FOTOS

John Nash (1928), matemático estadounidense creador de la teoría de los juegos no cooperativos. Peter Badge/Wikicommons

Retrato de matrimonio entre John Nash y Alicia Lardé, en 1957. Wikicommons
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