LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 6 de septiembre de 2009

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Historieta

Los modernos ‘tlacuilos’

  Influyente La historieta mexicana renovó las formas y los significados del noveno arte

Oscar Sierra Quintero | oscarsierra4@gmail.com

Don Jorge Barrantes, exejecutivo de la antigua distribuidora de La Casa de las Revistas , nos recordaba la entrevista que, a comienzos de los años 80, tuvo con una funcionaria del Ministerio de Hacienda, entidad que había subido los impuestos a los libros y revistas importados, como consecuencia de la grave crisis económica que vivía el país.

–¿Recuerda las revistas con las se inició usted en sus primeras lecturas? –le preguntó don Jorge a la funcionaria.

Luego de reflexionar por unos instantes, su interlocutora le respondióó con cierto aire de añoranza:

–Hummm… Recuerdo el placer con el que leía las historietas de La pequeña Lulú, Gasparín, El pato Donald…

–¿Ve usted la importancia que tienen las “cómicas” en la iniciación del gusto por la lectura en los niños? –añadió don Jorge–. ¿No cree que, para fomentar el hábito de lectura en los pequeños, se deben quitar los impuestos a este tipo de publicaciones?

Días después, y por mediación de la citada funcionaria, se eliminaron los impuestos a las historietas importadas, entre ellas las que desde México traía la empresa que don Jorge representaba.

El paraíso de las historietas. Junto a la Argentina, México es el país de Hispanoamérica donde el arte de la historieta ha alcanzado altos niveles de desarrollo artístico. En ambos países es un importante renglón de la industria editorial.

El origen de la afición de la población mexicana por el “noveno arte” tal vez resida en ciertos dibujos precolombinos. Partes de las jerarquía maya y azteca eran los tlacuilos , artistas de consignaban la historia y los conocimientos (ciencia, arte, medicina, arquitectura, etcétera) bajo la forma de coloridos dibujos.

Tales obras constituían la escritura jeroglífica de estas importantes culturas mesoamericanas. Se dibujaba en libros de papel de amate y en tela de maguey, llamados ‘códices’ por los españoles.

El “globo” con coletilla que contiene los diálogos en las historietas modernas se inspira en las volutas de colores que, en los códices mayas, emergían de la boca de los personajes representados.

En los tiempos de la conquista, los misioneros aprovecharon los recursos “audiovisuales” de los tlaculilos para ayudarse en la evangelización de los indígenas. Esta experiencia demostró ya la utilidad didáctica de esta particular forma de comunicación.

Tiempos modernos. El arte de los tlacuilos se pierde desde el siglo XVI hasta el año 1880, cuando aparecieron, en México, las ilustraciones del catalán Eusebio Planas, incluidas en las cajetillas de cigarrillos de El Buen Tono.

Años más tarde, la historieta fue parte de los semanarios humorísticos Caras y Caretas, El Ahuizote, Pretronio, Kikiriquí y Arlequín. La historieta Lupito fue obra del caricaturista costumbrista Andrés Audiffred.

El gran éxito que tienen estas historietas hizo que los editores de periódicos y revistas incluyeran los “comics strips” (tiras cómicas) distribuidos por los grandes “sindycates” norteamericanos. Sin embargo, algunas veces no llegan a tiempo las tiras cómicas de los Estados Unidos.

Ante ello, el director de El Heraldo de México pidió a Salvador Pruneda que dibujase una historieta para su periódico. De esta forma, en 1921, nació la exitosa serie Don Catarino y su apreciable familia , la que despertó el interés de los lectores en obras de factura nacional.

Con el fin de estimular la creación de nuevas series, el periódico El Universal organizó un concurso que dio a conocer a creadores como Juan Arthenac ( Adelaido el Conquistador ), Hugo Tilghman ( Mamerto y sus conociencias ) y Jesús Acosta ( Chupamirto ). Se dice que Chupamirto fue la inspiración de Cantinflas , personaje creado por el actor Mario Moreno Reyes.

Esas historietas sientan las bases de lo que llegaría a ser el arte de la historieta mexicana del siglo XX.

La edad de oro. A partir de la década de 1930 surgieron publicaciones como Torbellino, Rancho Alegre, Cruz Diablo, Paquito y Chamaco Grande , que dieron la oportunidad a nuevos y talentosos autores. En 1936, en una de ellas, el dibujante Germán Butzé lanzó la serie Los supersabios , historieta que marcó el primer gran hito de la historieta mexicana del siglo XX.

Años más tarde, Gabriel Vargas creó La familia Burrón , digna representante de la historieta mexicana por excelencia, la que –en opinión de muchos– convirtió a Vargas en el mejor historietista mexicano hasta hoy.

La industria de la historieta mexicana sufrió un declive a comienzos de los años 50. No obstante, en esa década, varios guionistas y dibujantes crearon sus propias editoriales y lanzaron exitosas publicaciones, como Memín Pinguín , de la autora Yolanda Vargas Dulché, y Santo, el enmascarado de plata (híbrido entre historieta y fotonovela), de José G. Cruz.

La historieta educativa. Los recursos expresivos de la historieta mexicana, generalmente utilizados solo para divertir, fueron aprovechados por una nueva generación de autores para fomentar la cultura y la educación entre el público a inicios de los años 60.

Entre esas nuevas historietas destacan Chanoc: Aventuras de mar y selva , del guionista Pedro Zapain y el dibujante Ángel Mora, con un trasfondo dedicado a defender el ambiente.

Por esa misma época, la Editorial Novaro lanzó historietas educativas, como Vidas ilustres, Joyas de la mitología, Leyendas de América, Estrellas del deporte y Epopeya . Esta serie contó con la asesoría del escritor y poeta costarricense Alfredo Cardona Peña.

A mediados de los 60, el contrapunto de la historieta didáctica lo dio Eduardo del Río, Rius , con su serie Los supermachos y, años más tarde, con Los agachados . Este prolífico autor creó una verdadera revolución en la historieta mexicana y mundial pues presentó temas de profundidad, pero en forma amena y jocosa. Rius alcanzó un éxito arrollador entre el público y despertó incluso el interés de los círculos intelectuales.

Exponentes de las recientes generaciones –como Óscar González Loyo (autor y editor de la historieta Karmatrón )– ofrecen hoy otras propuestas, a tono con las renovadoras tendencias de la historieta contemporánea.

En los últimos años, la elevación de la historieta a la categoría de “novela gráfica” viene a dar la razón a don Jorge Barrantes cuando –con su fino olfato de librero profesional– consideró la historieta un modo fundamental de comunicación en el fomento del amor por la lectura entre jóvenes y adultos.

EL AUTOR ES DIRECTOR DEL MOVIMIENTO ARTÍSTICO LA PLUMA SONRIENTE & LA PLUMA COMIC

FOTOS

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    Portada de la serie Aventuras de la vida real . Oscar Sierra para LN

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    Reproducción de la imagen de un tlacuilo. Nótese la coletilla que sale de su boca, a modo de los globos de diálogo de las historietas actuales. Oscar Sierra para LN

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    La familia Burrón , de Gabriel Vargas. Oscar Sierra para LN

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    Portada de Los supermachos , de Rius. Oscar Sierra para LN

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    Memín Pinguín , de Yolanda Vargas Dulché. Oscar Sierra para LN

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