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Costa Rica, Domingo 10 de enero de 2010

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Música

Canciones del alma pura

  Punto de cruce En Costa Rica, la ‘canción de arte’ se ha basado en inspiraciones populares

Manuel Matarrita Venegas | manuel.matarrita@ucr.ac.cr

La música es parte esencial de nuestra vida “porque los cantos dan alegría”, añade uno de los versos de la composición Morena linda, de Adán Guevara, musicalizada por el guanacasteco Saturnino Cubillo. En efecto, las canciones son las manifestaciones culturales más simples y, a la vez, las más genuinas, de los pueblos del mundo. Desde luego, nuestro país no ha sido la excepción.

A lo largo de nuestra historia, la creación de canciones ha sido tanto formal como espontánea. Por un lado están las canciones folclóricas , composiciones anónimas transmitidas oralmente a través de las generaciones. Luego tenemos las canciones populares y las canciones típicas , que son parte también del acervo musical y cuyos autores son conocidos.

La estrecha diferencia habida entre esos géneros estriba en que las canciones típicas utilizan temas, ritmos y esquemas musicales autóctonos de nuestra región, mientras que las canciones populares pueden servirse de elementos de otras latitudes.

También cabe mencionar las canciones escolares , obras creadas para el uso en el salón de clase; reúnen cualidades específicas en sus aspectos musicales, temáticos, didácticos y hasta ideológicos.

Por último –y es la clasificación que más nos ocupa aquí–, tenemos las canciones artísticas . Estas integran un género más estilizado, dirigido por lo general a cantantes líricos y a la sala de conciertos.

Europa y Costa Rica. Habitualmente, la canción artística se ha concebido como una obra para voz sola con acompañamiento de piano. Su gran apogeo tuvo lugar en la Alemania del siglo XIX con los Lieder de Franz Schubert, Robert Schumann y Johannes Brahms. Géneros similares surgieron más adelante, como la chanson francesa de Gabriel Fauré y Henri Duparc, y la tonadilla española de Enric Granados.

Muchas de las canciones costarricenses que consideramos típicas fueron en realidad creadas según el concepto de canción de arte; es decir, con el formato de canto con acompañamiento al piano. Podemos citar como ejemplo la célebre Caña dulce, de José Daniel Zúñiga, obra que incluso sugiere un solo obligado de violín en el interludio.

Se establece entonces una clara diferencia con las canciones tradicionales y folclóricas que utilizan otros recursos instrumentales. Parafraseando nuevamente Morena linda, muchas de esas últimas nacieron “al sonoro cantar de la marimba y al acorde compás de la guitarra”.

Aunque es imposible detectar cuando se inició un desarrollo sostenido en la creación de canciones en Costa Rica, a continuación echaremos un vistazo a los creadores formales de nuestro país que incursionaron en la composición de canciones de arte a partir del siglo XX.

Los primeros. Las canciones creadas por los compositores costarricenses de la primera parte del siglo XX se caracterizaron por ser diversas. Estas podrían apreciarse casi indistintamente como canciones escolares, típicas o artísticas, tanto por su formato musical como por la función que cumplían.

Dentro de esa primera generación de compositores figura Alejandro Monestel (1865-1950). Aunque fue un autor más dedicado a la creación de música sacra, nos legó canciones como su Ave María y La cosecha (con texto de Manuel González Zeledón, Magón .)

Julio Fonseca (1885-1950) destaca con composiciones como el himno Cantata a la música y La garza herida (ambas obras con texto de Rogelio Sotela), Mañanitas de mi tierra y Amor ti chiedo , mientras que José Joaquín Vargas Calvo (1871-1956) será sin duda recordado por sus canciones Alborada y La Nochebuena .

José Daniel Zúñiga (1889-1981) fue uno de los pioneros más importantes en la composición, recopilación y publicación de música para el ámbito escolar. Él nos legó verdaderas canciones de arte como Caña dulce, Auroral, El boyero y Oración de duelo .

Otro prolífico compositor de canciones de arte fue Julio Mata (1899-1969). El autor de las zarzuelas Toyupán y Rosas de Norgaria escribió un importante número de canciones, como Lira de cristal (para soprano de coloratura y flauta obligada), Campana mayor, Dime, ensueño, dime, Amor del alma y Preludio místico .

El estilo de Mata es claramente de corte romántico, y en ocasiones utiliza ritmos como el fandango y el bolero.

Arte complejo. La segunda mitad del siglo XX trajo una generación más interesada en canciones para la sala de conciertos, lo cual se refleja en una mayor complejidad en la escritura y el lenguaje musical.

Ricardo Ulloa Barrenechea (n. 1928) es quizás el primer compositor nacional que ha escrito varios ciclos de canciones; o sea, de obras agrupadas bajo un mismo tema, o de obras con textos de un mismo autor. Sobresalen los ciclos Poesía y cristal y Ángel del camino (ambos de 1971, con textos del propio Ulloa), Donde habita el olvido (de 1972, con textos del poeta español Luis Cernuda) y Canciones de amor, soledad y tierra (1985).

Esos ciclos fueron estrenados por importantes cantantes líricos nacionales, como la soprano Amelia Barquero, la mezzosoprano Julia Araya y el bajo Claudio Brenes.

Rocío Sanz (1934-1993) fue una compositora costarricense que radicó en México e introdujo un nuevo lenguaje en la composición de nuestro país. Su ciclo Canciones de la noche (con textos de su propia autoría) fue compuesto hacia 1976, y la soprano María Luisa Rangel lo estrenó con gran éxito en el Carnegie Hall de Nueva York. Digna de mención también es su hermosa canción A unos ojos , sobre el poema homónimo de Rubén Darío.

Dolores Lola Castegnaro (1900-1971) fue otra compositora nuestra establecida en México. Su vena creativa fue de carácter más popular, y artistas de la época grabaron sus composiciones. Dentro de sus canciones sobresalen Sueño de amor, La casita, Panis angelicus, Ojos perversos y Lasciate amare.

Uno de los más importantes contribuyentes a la canción de arte en Costa Rica fue Félix Mata (1931-1980). Su producción no fue tan copiosa como, por ejemplo, la de su padre, Julio Mata, pero Félix tuvo un acercamiento muy importante al género, tanto en la línea vocal como en la escritura pianística.

La mayoría de sus canciones utiliza poesía de Julián Marchena, tales como La despedida, Vuelo supremo y el ciclo de las tres Marinas . Destacan asimismo Elegía y Primavera , con poemas propios.

Mencionaremos finalmente las tres Canciones para soprano y orquesta de Benjamín Gutiérrez (n. 1937), así como las canciones de Luis Diego Herra (n. 1956) con textos de Jorge Debravo.

Afortunadamente, en la última década se ha realizado un esfuerzo sostenido, en especial de parte de la Universidad de Costa Rica, por rescatar, ejecutar y publicar este valioso patrimonio de canciones nacionales.

Finalicemos con unos versos de la composición Mis canciones, de José Daniel Zúñiga. A pesar de la aparente ingenuidad de sus palabras, ellas reflejan mucho de la esencia de este arte:

“Son mis canciones / el alma pura / de mi país; / a veces cantan, / a veces lloran, / como el amor. / Por eso van cantando / con alegría o con dolor, / estas canciones mías que son / las flores del corazón”.

EL AUTOR ES DOCTOR EN MÚSICA Y CATEDRÁTICO DE LA UCR. HA EDITADO EL LIBRO-RECOPILACIÓN ‘CANCIONES POPULARES COSTARRICENSES’ (EUCR).

FOTOS

  • Nacion.com

    José Daniel Zúñiga (1889-1981), en una imagen de los años 70. Olman Alfaro para LN.

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    Ricardo Ulloa (1928), en una de sus exposiciones, pues también es pintor. Manuel Matarrita para LN.

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    Dolores Castegnaro (1900-1979) fue una creadora nacional de canciones de arte. Manuel Matarrita para LN.

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    Félix Mata (1931-1980), compositor costarricense. Manuel Matarrita para LN

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    Partitura de Oración de duelo , del compositor Rogelio Sotela. Manuel Matarrita para LN

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