LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 10 de enero de 2010

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Testimonio

De la ‘Voz de la Manzana’ a la voz de la UCR

  Los orígenes La Radio Universitaria ha cumplido sesenta años de lucida existencia

Enrique Angulo Zeledón | enrique.angulozeledon@gmail.com

Esa noche de noviembre de 1949, el profesor Elliot Coen y yo estábamos listos para bajar la cuchilla de la electricidad que daría vida a la Radio Universitaria, y así fue: los tubos se encendieron, los controles marcaron que había radiofrecuencia en el aire, y los tubos comenzaron a zumbar al son de la sinfonía El emperador . La Radio estaba en el aire.

Los elementos del transmisor estaban montados en estantes de madera que pertenecieron al Laboratorio de Física de la Universidad de Costa Rica (UCR), ubicados en una pequeña bodega frente a las aulas de Microbiología, en el sótano del edificio de la UCR, en el barrio González Lahmann.

Al final del corredor, en un rincón del Laboratorio de Física, estaba mi hermano Rolando con otros estudiantes de odontología, frente a una pequeña consola y un tocadiscos de 78 revoluciones por minuto. Unos discos anunciaban: “Esta es la TIUCR en la frecuencia A. M. de 1.235 kilociclos, Radio Universitaria, en su primer día de prueba”.

En la segunda planta, un grupo de alumnos de Ingeniería solía estudiar en las noches. Entre ellos estaba Walter Sagot. Corriendo subí y le dije que la radio estaba en el aire. Walter tenía un automóvil y de inmediato me dijo: “Veamos hasta dónde llega la estación”.

En su auto paseamos por San José escuchando los compases de El emperador , disco que nos había prestado el profesor Carlos Salazar Herrera. Llegamos hasta La Sabana, y la estación seguía oyéndose.

Así fue la primera transmisión, que ese día fue de dos horas.

Reciclaje. Un año antes, el profesor Gonzalo González me había llamado para que sirviera de asistente en el Laboratorio de Física que ahora estaba a cargo del ingeniero Elliot Coen. Él me enseñó un cuarto que tenía gran cantidad de partes de estaciones de radio que habían sido cerradas durante o después de la revolución del 48. Me explicó que deseaba usar esas partes en una radioemisora de la UCR y que el rector, Rodrigo Facio, tenía mucho interés en ese proyecto.

Poco después, con la ayuda de un Radio Handbook para radioaficionados y de la revista Radio Electronics , comenzamos Cohen y yo a construir las primeras etapas de amplificación de radiofrecuencia.

Comenzamos adaptando un oscilador de los que usaron los equipos de radio de los bombarderos aliados en la Segunda Guerra Mundial. Había mucho equipo sobrante de esa guerra de los años 40, que la Embajada de os Estados Unidos había regalado a la UCR.

Se encontraban tubos de formas muy extrañas, y gran cantidad de transformadores, condensadores y bobinas. Entre esos equipos había un transformador muy grande y profesional, de modulación, de la marca UTC, una de las mejores.

Desarmamos esos equipos para disponer de resistencias, condensadores y tubos, y para rearmarlos siguiendo las instrucciones del Radio Handbook y de las revistas que teníamos. Fue así como se comenzó a construir la emisora.

Cuando estábamos construyendo el equipo de transmisión, nos visitaba el señor Perry Girton, dueño de un almacén de radio situado frente al parque Central de San José, diagonal a la emisora La Voz de la Victor. Él nos regaló un micrófono y un tocadiscos.

En otra ocasión nos visitó don Gonzalo Pinto, dueño de la radioemisora Alma Tica, y nos dio una lección de cómo debíamos construir la bobina final y de su relación con el condensador final (relación llamada valor Q ). Si el valor de Q era muy alto, la estación ocuparía un gran ancho de banda e interferiría la transmisión de estaciones vecinas; en caso contrario, ocuparía un espacio de banda muy angosto.

Voltaje y latas. Cuando llegó el momento de construir el amplificador de audio, usamos los diagramas de la revista Electronics y las resistencias, tubos y condensadores que habíamos obtenido de los equipos desarmados. Entonces no podíamos comprar nada; construíamos con lo que teníamos a mano. Para el amplificador usamos un cajón de aluminio que alguna vez fue un transmisor de un bombardero.

En esta etapa de construcción del amplificador, varias veces nos visitó el señor Hugo Castro, famoso técnico de radio. Él atendía algunas estaciones, como Atenea y Musical. Don Hugo una vez desarmó totalmente el amplificador de audio que habíamos construido y lo volvió a armar. El sonido final fue realmente asombroso.

La construcción de la bobina final fue un caso notable. En ese entonces, Elliot Coen vivía cerca del barrio Don Bosco y tenía, en el sótano de su casa, un taller muy bien montado, con sierras, equipo de soldadura y otros elementos. En ese sótano construimos la bobina final y acondicionamos el condensador de la última etapa del transmisor.

En esa fase final, cuando instalábamos las partes de amplificación de la radiofrecuencia, se hacía necesario proteger los tubos para que no se escapase tal radiofrecuencia: todo estaba montado en estantes de madera y no había protección metálica.

Entonces, como protección, se nos ocurrió usar tarros vacíos de leche en polvo Klim; había muchos en mi casa porque mi hermano menor, Carlos Darío, de muy corta edad, se alimentada con esa leche.

Las etapas finales de la amplificación requerían voltajes muy altos, de 2.400 voltios, y por esto fuimos a las Compañías Eléctricas para que nos regalasen un transfor-mador de los usados en la calle para reducir el voltaje de distribución.

Usamos al revés el transformador para aumentar el voltaje; o sea, conectamos el secundario a 110 voltios y obtuvimos, en el primario, los 2.400 voltios que necesitábamos.

Todos a una. En cierto momento teníamos casi lista la emisora, pero nos faltaban la antena y la tierra, elementos fundamentales.

Afortunadamente, cerca de la UCR se desmantelaban unas canchas de tenis que tenían torres metálicas de unos tres metros de altura, usadas para la iluminación. Fue sencillo lograr que nos regalasen dos torres y nos las llevaron hasta el frente de la UCR. El problema era subirlas a la azotea.

Don Rodrigo Facio nos autorizó a pedir ayuda a los porteros, y, con cuerdas y gran esfuerzo, las subimos a la azotea. Ahora faltaban el cable que uniera las torres y llegase hasta la estación transmisora, y el cable para construir la tierra.

Obtuvimos ese cable de las Compañías Eléctricas, que nos regalaron todo un rollo de cable de trole usado, del tranvía que aún corría por la avenida Central. Con ese cable, más unos aisladores que también nos habían regalado, construimos la antena y la tierra, que asentamos en el patio trasero.

El 29 de noviembre de 1949 salió al aire la emisora por primera vez con música y locutor; pero, claro, está, antes habíamos hechos pruebas de cada etapa.

A veces algo salía mal y había que reconstruir totalmente esa etapa. Mi hermano Rolando es testigo de que, en una ocasión, ajustando un condensador, toqué una línea de alto voltaje que me tiró al suelo.

En los primeros días encendíamos la estación a las cinco de la tarde. Pronto aparecieron locutores voluntarios, además de mi hermano Rolando. Eran estudiantes de odontología y vecinos del Laboratorio de Física. Entre ellos recuerdo a Müller Peña y Ospino Varón; con otros, pronto crearon una programación.

También participó Lilliam Ortuño, que tenía un programa de música clásica y quien llevaba sus propios discos. A su vez, mi hermano Rolando creó una hora infantil a las seis de la tarde.

Cada vez que llegaba, don Carlos Monge, vicerrector de la UCR, nos preguntaba cómo iba “la Voz de la Manzana”, pero que no importaba pues él podía oírla ya que vivía en el cercano barrio Luján.

Pocos meses después, el Consejo Universitario nombró a de director de la Radio a don Carlos Salazar Herrera, quien a su vez designó secretaria a Marujita Huertas. Entonces tuvimos recursos para acondicionar la cabina de transmisión y un pequeño estudio.

A partir de ese momento, la estación comenzó a crecer hasta llegar a ser lo que hoy es en día: una emisora-orgullo de la Universidad de Costa Rica y del país.

EL AUTOR ES INGENIERO CIVIL Y MIEMBRO DE LA JUNTA DIRECTIVA DEL CONAVI.

FOTOS

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    El ingeniero Enrique Angulo Zeledón es uno de los creadores de las instalaciones técnicas de Radio Universidad. Mario Rojas

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    Revista técnica norteamericana de abril de 1951. Mario Rojas

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