LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 24 de enero de 2010

/ÁNCORA

Librero

A favor de la memoria

 Marjorie Ross

  Conjuro al olvido

 Poesía

 Marimar Comunicaciones

 Diseño y Producción de Ricardo Alfieri, Gráfica Génesis

 Pedidos: 2235-2311

Andrés Fernández

andfer1@gmail.com

Conjuro al olvido es el título del último libro de Marjorie Ross: el último porque se trata, sin duda, de una de las más prolíficas autoras costarricenses, y una cuya obra se ha decantado por la investigación, en especial de nuestro patrimonio culinario, pero que ha incursionado con igual acierto y sensibilidad, también en la poesía y en la narrativa.

En esos géneros precisamente, ha publicado en particular Aguafuertes (1969) y Jaguar alado (2000) en poesía, y El secreto encanto de la KGB. Las cinco vidas de Iósif Griguliévich (2004) en narrativa, mas este dentro de lo que se llama literatura sin ficción .

Por su parte, la singularidad de Conjuro al olvido reside en conjugar a su modo esas dos vertientes literarias de la autora. Según ha expresado ella misma en público, libro de poesía, Conjuro fue naciendo poco a poco, testimonio de impotencia ante la realidad, durante la investigación que respalda su relato de las vidas de Griguliévich y que atraviesa transversalmente casi todo el siglo XX.

Siglo de peregrinaciones a la nada, la autora atravesó con él sus aristas de los más distintos trazos: nacionalistas, étnicas, religiosas, ideológicas o simplemente malvadas, entre otras que se dicen igualmente válidas razones para acabar con la esperanza, para suprimir las migajas de los sueños humanos con un mundo, si no mejor, al menos mejorable.

Al toparse con todo ello, fue naciendo este libro, conjuro, no como fórmula mágica para lograr el olvido, sino ruego encarecido de que la memoria sobre esos hechos de sangre y de dolor no se pierda, no caiga en el vacío de la historia.

Inefables todos, no obstante muchos de ellos tienen nombre: son los Auschwitz y los Gulag, Hiroshima y Vietnam, el África central y el sur de América; son las dictaduras, las invasiones imperiales, las guerras civiles y las prisiones sin distingo de signo, designio de maldad todas ellas:

me tapo los oídos

y aún las oigo

ululan

en sus lenguas

nuestros nombres

Poema a poema, se van revelando: tienen rostro de mujer vejada, ojos de miliciano esperanzado, la fiereza de los puros de sangre, nombre de desaparecido, la impotencia del vencido y la inmortalidad del disidente.

La lírica –intento del lenguaje por decir lo que no puede decirse, según precisa certeramente Emilia Macaya en su prólogo– es el instrumento que Marjorie Ross eligió para exorcizar tanto espanto sentido y, como Virgilio, para guiarnos por él, dantesco recorrido.

Penetro

en el número veinte

del círculo de las centurias […]

Cartografía de errores y de horrores, así el libro va recorriendo todo el globo porque, en todo él, los crímenes arañan el recuerdo de una autora que, en el dolor pero a base de ternura y com-pasión, decide no olvidar y no olvida por ello: conjura al olvido…, poesía que no calla.

Mas no acaba ahí la singularidad del libro comentado porque –objeto diseñado, además– es un libro-arte, de una joya artesanal editada de principio a fin para exaltar el sensible sentido de su contenido poético: doble mérito.

Impreso artesanalmente en serigrafía, todo en su manufactura alude al desgarro de la voz que le da sustento, pero también a la dolida dulzura del canto que no ha renunciado a sí mismo pues los poemas que componen Conjuro al olvido no explican ni replican lo que cantan, y más bien parecen tatuarlo, signo y mancha, en la piel de la página así ilustrada: letras y alambres que hieren, flores que matan.

Por todo eso, en el fondo de su humanidad circular, el libro de Marjorie Ross podría terminar donde se inicia, epigrama de su angustia, testimonio de su tiempo, que es el nuestro… y aún no acaba de horrorizarnos:

resguardo mi lucidez

para darle más luz

a la memoria

Un libro de poesía, de no-ficción , conjuro frente, contra y hacia el siglo que pasó.

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