
Jorge Marino Protti es lo que muchos llamarían una persona excéntrica pues, a diferencia de la mayoría de la gente, a él le apasionan los sismos.
Cuando la Tierra tiembla, lejos de correr asustado, es capaz de tirarse al piso o apoyarse en una pared para sentir más de cerca las ondas que atraen su "curiosidad científica", como califica a su singular reacción.
Protti estudió geología en la Universidad de Costa Rica y sismología en Japón, y desde 1984 labora en el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (OVSICORI), en la Universidad Nacional.
"Los niños de ahora tienen suerte porque están acostumbrados a sentir temblores; en cambio a mí me tocó crecer en los años 60 y 70, cuando no había tanta actividad sísmica. Fue hasta que empecé a estudiar que conocí esto, y me gustó", manifiesta.
Desde entonces, ese gusto se transformó en disciplina. Con su cabello largo atado en una cola, y su vestimenta informal, día a día le sigue los pasos a los fenómenos sismológicos y vulcanológicos, que con frecuencia alertan a la población costarricense.
Gracias a esa dedicación, este año se hizo acreedor del Premio Nacional de Ciencia y Tecnología Dr. Clodomiro Picado Twight, y La Nación lo destacó en el área de la ciencia, por sus investigaciones en la zona de Nicoya.
Hace ya bastante tiempo que en Costa Rica se habla sobre la posibilidad de un fuerte movimiento sísmico en Guanacaste. De hecho, hace más de 15 años que Protti empezó a estudiar ese caso.
Pese a los ataques de personas e instituciones que se oponían a la idea de develarlo, él se propuso seguir adelante.
"Pasó a ser una prioridad académica y personal. Lo más difícil fue acostumbrar a las autoridades gubernamentales al concepto de que se pueden hacer pronósticos, pero había evidencias que sustentaban mi posición", afirma.
Su perseverancia le ha permitido cumplir el objetivo de documentar los cambios sufridos en la zona, dado el comportamiento de las placas tectónicas. "Quiero que mis futuros colegas tengan suficiente información y puedan hacer proyecciones más precisas de las que podemos hacer ahora."
También a él se debe que Nicoya fuera elegida, junto con la ciudad japonesa de Nankai, como sitio de experimento para un grupo de científicos de diversos países.
Precisamente estando en Estados Unidos, reunido con el equipo que tiene su mirada puesta en la península, Protti supo que era parte de los "personajes noticiosos" de este año.
Con modestia atribuye dicho reconocimiento a la institución para la cual trabaja, sin cuyo apoyo asegura que no podría realizar una buena labor.
A sus 37 años, este sismólogo toma tan a pecho su misión, que no le importa el día, la hora, ni el lugar donde se encuentre: "Si tiembla, uno es el primero en llegar al observatorio". Por supuesto, algunas veces los sismos lo obligan a refugiarse bajo el marco de una puerta.
Además, su complicidad con la naturaleza no se limita al trabajo. Junto con su esposa, Anne Marie Mac Affrey, disfruta de ir a observar aves a la montaña, y estas vacaciones las podrán aprovechar para realizar largas caminatas al aire libre... siempre que un temblor no interrumpa su bucólica tranquilidad.
Cada martes, a las 8 de la noche, miles de costarricenses se sientan frente al televisor para ver la serie El Barrio. De pronto, como por arte de magia, las vivencias que allí aparecen se tornan casi idénticas a las suyas, parece como si conocieran sus propios problemas, y un personaje resulta ser "la copia" de algún conocido.
Pero esto no es el resultado de un truco, sino el fruto del esfuerzo y el profesionalismo de Oscar Castillo. El está detrás de cada una de esas historias. Con una vitalidad envidiable, este hombre de enérgica voz dirige a todo el equipo encargado de crear un producto de tal calidad.
Que La Nación haya destacado su contribución a la cultura, tiene sobradas justificaciones.
Entre la vasta oferta de programas -la mayoría extranjeros-, El Barrio es uno de los pocos que busca rescatar la idiosincrasia costarricense.
"Es una serie que trata de reflejar verdaderos valores de esta sociedad: la solidaridad entre vecinos, la unión familiar, el trabajo", dice el cineasta.
A esto atribuye la identificación del público con la serie, a tal punto que lleva ya más de un año al aire, y se encuentra en los primeros lugares de sintonía.
Para él, esta no es más que una forma de cumplir con su responsabilidad social como artista pues "la creación debe trascender el proceso individual".
El valor del empeño puesto en cada capítulo de El Barrio no se queda en su contenido, sino que se convierte en un valioso aporte a la carrera de la producción audiovisual en Costa Rica.
Guionistas, actores, sonidistas, camarógrafos y demás profesionales en ese campo han encontrado apoyo en las iniciativas de Castillo. Las horas y horas de grabación nunca derriban el ímpetu que lo caracteriza, y que se convierte en un aliciente para sus compañeros.
"Desde hace 20 años, estoy tratando de sentar las bases para esta industria; por eso trabajo con tanto rigor", manifiesta.
A pesar del reducido tamaño del mercado nacional, le ha apostado fuerzas, tiempo y dinero a ese objetivo, que empezó a cumplirse cuando hace varios años produjo La segua y Eulalia.
Hoy, con su empresa La Mestiza, ha cosechado una década de experiencia, llevando la batuta en la región centroamericana. El Barrio fue invitado, el pasado mes de octubre, a la XII edición del Festival de Trieste, en Italia.
Este, por supuesto, es también uno de los principales méritos que este año lo hacen merecedor de un reconocimiento.
Para Castillo, este año ha sido bueno, y la mejor forma de celebrarlo fue pasar todo el 24 de diciembre preparando una suculenta cena para su familia.
La principal motivación para comenzar1998 con entusiasmo es la promesa de poder transmitir la teleserie durante un año más. Este sueño lo seguirá cristalizando junto con su esposa, la actriz Maureen Jiménez, quien ha sido una de sus cómplices en el magno proyecto que algunos creyeron irrealizable, y que Oscar Castillo hizo realidad.
Con su estampa azabache, agilidad de escapista y remates de fogonazo, Paulo César Wanchope anotó en las redes del marco deportivo.
Este espigado delantero del Club Sport Herediano se convirtió en genio y figura del campeonato local, de la selección nacional y del equipo británico Derby County.
Con sus jugadas provocó asiduamente durante el año entero el delirio en las graderías.
Después de pasar por un tortuoso 1996, con sanciones, altercados y expulsiones que le etiquetaron calificativos de jugador malintencionado, Wanchope llegó a decir: "Esto no es un lecho de rosas."
La atención que se centraba en su supuesta mala conducta cambió radicalmente este año.
Con una mentalidad goleadora, concentrada y devota a la disciplina, el menor de los tres hermanos Wanchope Watson levó anclas y su oleaje de goles lo han llevado a convertirse en una sensación de la Liga Premier de Inglaterra.
Nacido el 31 de julio de 1976, Paulo vivió una adolescencia dividida entre dos pasiones deportivas, de las que dudaba por cuál decidirse: el balompié y el baloncesto.
Es más, en 1993 viajó durante un año a California donde cursó high school y se dedicó al deporte de la canasta.
Hace dos diciembres, su vida se volcó en la carretera y lo marcó para siempre, pues un accidente de tránsito casi le siega la existencia.
A través de la línea telefónica asegura que lo que más le ha costado del ambiente inglés es acostumbrarse al frío del invierno, que frecuentemente llega a los cero grados centígrados.
Y cuando se le pregunta por su sueño por realizar, responde sin titubeos: "estar en un equipo grande de Europa."
Entre sus compañeros del club de los carneros (así le dicen al Derby County) es conocido como Chope y uno de sus mejores amigos, aparte del compatriota Mauricio Solís, es el jamaiquino Dean Burton.
Exmundialista de Qatar 95, Chope colmó páginas de prensa y espacios deportivos radiofónicos y televisivos. Su entrenador en Inglaterra, Jim Smith, ha dicho de él: "Es el más brillante talento de esta edad que he manejado en 25 años de carrera."
Amante de la música salsa y del cine, Paulo dice sentirse muy satisfecho por su labor y espera que el año venidero le regale un crecimiento en su futbol y más goles con su firma.
Definitivamente el balance deportivo de 1997 cerró en buenos números para el goleador: 11 dianas en la última temporada con el Herediano, 5 en partidos de clase A con la Selección y 11 tantos en la Liga y la Copa inglesas.