Domingo 2 de marzo, 1997



Sombra de abolengo

Any Pérez
Revista Dominical

Ser rico y cafetalero ha sido una sombra para Fernando Ortuño. El abolengo le ha cerrado puertas y lo ha puesto en el blanco de los fantasmas de derechas e izquierdas. Con todo, su currículo exhibe una presidencia ejecutiva, una diputación, la embajada en Washington y una aspiración presidencial. Ortuño quiso ser banquero, y en cambio, jamás ejerció la abogacía para la cual estudió. Su nueva novela, Eulalia, estará pronto en las librerías.

Si este país fuera una caricatura, ¿cómo lo dibujaría?

Como un país de opereta donde nombran a un ministro de Seguridad a quien después secuestran y donde el OIJ está dentro del Poder Judicial, cuando es inconstitucional.

¿A qué hora se da cuenta si le alcanzará o no el día?

Siempre me sobra tiempo porque soy detestablemente puntual y cuando no tengo ocupación me pongo a leer. No veo el porqué a alguien no le alcance el tiempo si lo ha planificado.

¿Qué obra maestra le habría gustado firmar?

Por Pablo Picasso, Rusell, Ortega y Gasset, y me hubiera gustado un poquito del loquito de Nietzsche.

¿Con cuáles regalos deberían llegar unos modernos reyes Magos al país?

Con tres fórmulas: la del balance del presupuesto, la de las pensiones y la de la reducción de la inflación para no castigar más a los trabajadores.

¿Cómo ha escogido a sus amigos?

Me gustan los amigos inteligentes pero, sobre todo, los míos han sido leales en tiempos difíciles.

¿Cuándo ha preferido no tener abolengo?

Cuando estuve en política, porque me lo ha complicado todo. Toda la vida he sido adinerado, pero la fama es que soy multimillonario.

¿Cuál es el mayor fraude nacional?

Que la política ha caído en manos mediocres y eso no es Costa Rica.

¿Cómo huele un buen negocio?

1. Que tenga relación con las otras actividades. 2. Que esté bien concebido. 3. Que esté bien financiado.

¿Por qué es capaz de pagar más con tal de quedar satisfecho?

No pago caprichos, pero si me gusta algo, lo pago.

¿Cómo se chinea?

Disfruto de la vida tomándome un whisky, haciendo tertulia y con buena lectura.

¿Cuál es la mejor flor de su cafetal?

Toda mi finca es como mi novia y me enorgullezco cuando produzco más que mis vecinos por cuidarla bien.

¿Dónde le daría pánico quedarse varado?

Diría que en cualquier camino a una playa en Guanacaste, pero ahora hasta en Desamparados es peligroso.

¿Qué diferencia a la oligarquía de los nuevos ricos?

Quien está seguro de su status no tiene por qué ostentar, pero el nuevo rico parece que necesita hacerlo para compensar su nuevo status. Por eso algunos andan carros más caros que la casa donde viven.

¿Ha habido alguna injusticia histórica contra la oligarquía?

Es cierto que fue la primera actividad que dio prosperidad al país pero, no sé si fue Rodrigo Facio o Beto Cañas, el que inventó la historia negra de que la oligarquía ponía y quitaba presidentes. ¡¿Cuándo han tenido los cafetaleros conciencia de clase?! Si la hubieran tenido no les habrían quitado el poder ni habrían permitido que les pusieran tantos impuestos.

¿En qué no ha logrado ponerse de acuerdo con su esposa?

Llevamos 45 años casados. Ahora estamos a pleito diario por mi fumado.

¿Dónde invitaría a su grupo de amigos a pasar un fin de semana de solteros?

Si nos dieran permiso, al apartamento en Limón porque es céntrico y el cuidador hace unas langostas buenísimas.

¿Con cuál sombra se ha tenido que medir más?

Con la fama de pertenecer a la alta burguesía.

¿Qué programas lo duermen?

No resisto Sábado no se qué y me enferman los comentaristas de fútbol que revolean las erres.

¿Qué institución intervendría?

La Caja y el ICE.

¿Dónde pediría que lo enviaran como embajador vitalicio?

Volvería a Washington, pero no para toda la vida.

Si pudiera intervenir genéticamente ¿qué cualidad les incluiría a las nuevas generaciones?

Inteligencia, coraje y constancia. Cuando se tiene, se alcanzan metas, cuando no, se burocratiza. n






Encapsulado

Sus abuelos, Gaspar Ortuño y Federico Sobrado le heredaron dinero, sí, pero sobre todo el ejemplo del trabajo constante. Fernando Ortuño también les heredó el riesgo y a los 21 años se fue a pelear por el ulatismo con Figueres a la zona sur. "Era muy politiquero. ¡Hasta tuve una pequeña fiebre de socialismo... pero me pasó rápido!".

Allí empezó una carrera política que lo llevó durante la junta de los 18 meses a Washington, como agregado comercial; después el Partido Unión Nacional lo sentó en una curul en 1962. José Joaquín Trejos lo envió de embajador a Washington y, a su regreso, "traté de ser presidente, pero tuve a la burguesía en contra". En 1978, ejerció la presidencia ejecutiva de RECOPE, pero renunció al año. "Estaba tan decepcionado de la política que le dije a mi esposa: `Vámonos a España por un día o un año' y allá nos pasamos seis meses". En la playa de Venidorm germinó la afición que lo mantiene todavía ocupado.

De allí trajo el manuscrito de la novela El armario de caoba, publicado en Costa Rica como Conspiración en el Caribe. Katrópolis, una obra futurista, espera en la gaveta por su edición y Eulalia estará pronto en librerías.

"Roberto Fernández Durán fue quien me enseñó a reescribir, a sintetizar y depurar el lenguaje". Pintar retratos es su otra afición, ahora que ya no practica la caza, la esgrima o el polo , como en su adolescencia.

Fernando Ortuño sigue cultivando café, en Desamparados, pero desde joven diversificó sus intereses con una distribuidora de autos y otras empresas hasta consolidar, junto con su hija Marianella y sus yernos, el Grupo Improsa, propietario de almacenes fiscales, agencias de vapores, de aduanas y un banco.

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