TINTA FRESCA

Yo también soy nica

RODRIGO SOTO



Pero me avergüenzo y pido perdón. Pido perdón por Darío y su poesía encrespada y arisca, que por igual habla a los príncipes y se recita en las cantinas. (Admito que Rubén no hizo otra cosa que seguir los pasos del gran poeta tico Julián Marchena). Pido perdón por la poesía universal de Carlos Martínez Rivas y de José Coronel Urtecho, sin olvidar las novelas de Sergio Ramírez y de Gioconda Belli, traducidas y publicadas en el extranjero solo por el boom de la Revolución Sandinista (circunstancia que desafortunadamente no han tenido los magníficos escritores ticos).

Pido perdón por haber padecido hambre y caminado siete días a través de la montaña para llegar a este país que no es el mío, aunque en las cogidas de café, casi todos sean paisanos, y hasta uno que es nica se pregunta qué pasaría con el grano si no estuviéramos aquí. Para no hablar del banano. Para no hablar de la caña. Pido perdón porque los guardas de las fábricas y los barrios de la ciudad, son en su mayoría paisas, y a ustedes debe de causarles mucha congoja saber que su seguridad depende de personas violentas e incultas como nosotros. Por todas las pulperías y abastecedores que hemos comprado pagando hasta el último cinco, y por las miles de mujeres que cocinan cada día lo que ustedes se comen, les lavan la ropa y le ponen el abrigo a sus chiquitos, pido perdón. Perdón porque nos pagan mucho menos que el salario mínimo, y porque no cotizamos para la seguridad social.

Pido perdón por mi acento. Imagino que cuando me oyen, los costarricenses deben de sentirse incomodísimos. Perdón. Uno no quiere molestar a nadie. Tal vez un día llegue a hablar como ustedes, pero me va tomar un tiempito. Ante todo pido perdón por ser tan moreno y por mis ojos tan negros, por ser medio indio. Es una lástima que en el pasado, a Nicaragua no hayan llegado tantos europeos cultos y bonitos, o que se hayan quedado allá arriba, sin mezclarse con el pueblo, como pasó aquí. Tal vez tendríamos entonces una democracia centenaria y ejemplar.

Pido perdón porque me gusta el beisbol, y porque varios nicas han jugado en las grandes ligas. Y porque el boxeador Argüello perdió el título mundial (aunque, eso sí, antes lo tuvo que ganar). Es obvio que sería mil veces mejor si jugáramos futbol, que es el único deporte que cuenta. Pido perdón porque las Poll nacieron allá y eso mancha su fantástico historial.

Perdón porque tuvimos que hacer una guerra para botar a Somoza y sus socios sucios. Yo sé que matar es de mal gusto, y en general gritar, tirar piedras en las calles, ponerse pañuelos en la cara y todas esas cosas, pero juro que cuando se lo pedimos de buen modo, el tipo nos echó a la cárcel, nos torturó hasta aburrirse y después jugó escondido con los cadáveres. Por eso yo digo que no había otro camino. Pero perdón, mil veces perdón.

Hubiera sido mejor si todo se hace por las buenas, como entre hermaniticos.

Por Augusto C. Sandino pido sincero perdón, pues tuvo el descaro de armar un ejército para combatir a los invasores extranjeros y dar un ejemplo de insumisión y rebeldía. Hizo su trabajo tan bien que espantó la inversión extranjera, y desde ahí empezaron nuestros problemas.

Por las tortillas de Nicaragua pido perdón. Todavía no hemos aprendido a hacerlas delgaditas y de mentirillas, ni disfrutamos de la maravillosa sensación de que se nos deshagan en los dedos mientras las estamos comiendo. Allá somos muy primitivos y las seguimos haciendo grandes y gordotas, como las hacían aquí antes de que llegara el progreso.

Perdón por reír a carcajada limpia y por hablar tan alto. Por juntarnos en los parques para conversar en vez de encerrarnos a ver televisión, como si esto fuera un pueblo cualquiera y no la gran ciudad que en realidad es. Perdón porque nos gusta vivir con las puertas abiertas, y porque tenemos la pésima costumbre de decir lo que nos desagrada en la cara, frente a frente, y no a escondidas y en la espalda.

Perdón porque a principios de siglo, uno de mis bisabuelos se vino de Matagalpa a Costa Rica, hechó raíces aquí, y ahora sus descendientes son una familia encopetada de la clase política, y así sangres y apellidos se mezclaron peligrosamente. Y porque un primillo mío y su amigo enamoraron a dos muchachas turrialbeñas y se casaron y les hicieron hijos. Y así infinidad de veces.

Pido perdón porque el Gran Lago que tiene tiburones, y por el cucurucho azulado del volcán Momotombo, tan alto, combado y horriblemente bonito, con todo y su Momotombito.

Yo también soy nica. De todo me avergüenzo y pido perdón.


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