INFORME ESPECIAL

Controversial ravevolución

Antonio Jiménez Rueda y Néfer Muñoz Solano


Las fiestas rave, que se organizan desde hace un año en Costa Rica, se caracterizan por música electrónica a muchos decibeles, maquillajes estrafalarios, fuerte consumo de licor y la promesa de "absoluta libertad".

Son las fiestas de moda entre quienes están a la moda. Invadieron nuestro país hace tan solo un año, pero su evolución ha ido a la velocidad de la luz. Todos hablan de ellas y quienes asisten a esta nueva diversión no dudan en recomendarle a otros "transportarse" a través de la música, el baile, las luces, el alcohol y, muchas veces, las drogas que ofrece el ambiente rave.

Originarias de Europa, donde forman parte de todo un movimiento musical y filosófico, las fiestas rave en Costa Rica se han convertido en una actividad comercial a la que cada día asisten más personas.

Establecimientos comerciales como bares, discotecas y centros de diversión juvenil han abierto sus puertas al entretenimiento "de fines de siglo", como lo llaman sus seguidores, individuos de estratos medio-alto y alto.

Aunque de primera entrada, el ambiente de un rave da la sensación de una discoteca cualquiera -por el sonido de la música y el juego de luces- basta con detenerse en los detalles y adentrarse en el tumulto para confirmar que dista mucho de un lugar de baile normal.

La música suena a niveles casi ensordecedores y no hay espacio para pausas. No se sabe cuándo se iniciaron ni cuando terminan las piezas que se escuchan... el disc-jockey debe asegurarle a los ravers (así se autodenominan los asiduos clientes) música continua sin interrupciones de ningún tipo.

Un equipo de la Revista Dominical asistió a varios raves, conversó con sus promotores, con asistentes frecuentes a estas fiestas y con especialistas que las analizaron.

Un rave en vivo

El reloj marca las 9; es viernes 30 de enero por la noche. La gente ha comenzado a llegar a un local ubicado en el Paseo Colón. Lucen como una muchedumbre que se ha congregado ahí para dar rienda suelta a sus emociones.

En medio de dos establecimientos comerciales,se abre una entrada: un pasillo oscuro que conduce al corazón del espectáculo. Desde ahí no se divisa mucho pero ya se escucha el sonido cibernético de la "banda".

Para ingresar, es necesario hacer una fila no muy larga y pagar la cuota de ingreso. Detrás de una boletería improvisada, un joven escucha atento el número de entradas que el cliente solicita.

Dos mil quinientos colones es lo que hay que desembolsar para bailar toda la noche y tener derecho a la barra libre, uno de los atractivos que más seducen a quienes participan en los raves. ⋅

La cerveza es la bebida que se consume en mayor cantidad durante las horas de baile, aunque otras bebidas como vodka y guaro también tienen sus "seguidores".

Conseguir algo de tomar no es precisamente fácil. Sobre las dos barras improvisadas se amontona una multitud de jóvenes, todos deseosos de saciar su sed con licor. (Irónicamente, esa misma noche del 30 de enero regía la ley seca de licores en todo país porque el domingo 1º se realizarían las elecciones presidenciales.)

Para entrar en la batalla por una bebida, la gente debe armarse de paciencia. Nadie le cede espacio a nadie; con miradas amenazantes, empujones y hasta patadas, algunos se abren paso entre la multitud, mientras al fondo resuena la música estridente.

La mayoría de los asistentes está bailando. Aquí no es necesario tener pareja; solos o en grupo, el objetivo es descargar energía en un baile que exige mucha entrega física.

Movimientos robóticos de las manos se mezclan con contorsiones seductoras dentro de un mar de luces multicolor, humo y cuerpos que no dejan de expeler sudor. En el local, pequeño e incómodo, hay dos ambientes para bailar; ambos atiborrados de jóvenes.

Ropa inusitada

Una pareja baila en la escalera; un joven observa, cerveza en mano, el panorama desde una esquina y deja escapar de vez en cuando un movimiento al ritmo de la música; una atractiva mujer se luce desde el segundo piso donde todos la ven, ella lo sabe y lo disfruta. A su lado, con camiseta blanca sin mangas y el cabello recogido en dos colas, un joven compite por la atención con bailes rápidos y llamativos.

Tan llamativos como mucha de la ropa y el maquillaje que se ve en estas fiestas. Rostros cubiertos con escarcha, estrellas que resaltan en los pómulos; tonos oscuros pintados sobre los brazos, el abdomen y los labios pintados, tanto de hombres como de mujeres.

Pantalones ajustados, camisetas sugestivas y zapatos de plataforma en colores plateados y fosforescentes cubren partes del cuerpo de muchachas que, en su mayoría, atraen las miradas de los chavalos por sus atributos físicos .

Los hombres son un poco más conservadores: visten en forma más común: jeans, camisetas y suéteres...

Algunos llevan camisetas de marcas deportivas con tonos anaranjados, amarillos o veteados. Otros vienen con maquillaje negro y el cabello teñido. Algunos ojos llegan cubiertos con gafas psicodélicas, con montura negra y cristales de tono ámbar o rojo.

Conforme se acerca la madrugada, el panorama toma matices más radicales.

Los efectos del alcohol son evidentes en muchos: desequilibrio al andar, gente mareada que se recuesta en las paredes y parejas que se enlazan las manos al cuerpo y protagonizan encendidas escenas románticas.

En un costado del pasillo de entrada, una mujer saca de su cartera un pequeño frasco blanco, lo abre y deposita ceremoniosa y diligente unas pastillitas de colores en su mano derecha.

Luego las pone con sigilo en la mano de una mujer que se retira de inmediato.

En el segundo piso, las luces acaloran el ambiente a fuego lento. La poca ventilación y los cuerpos en movimiento se mezclan con un olor diferente, a hierba quemada...

Las secuelas del licor comienzan a hacer estragos en el estómago de más de uno. Es entonces cuando se ve un desfile de muchachos muy jóvenes que salen del local a vomitar en plena acera. A otros ni siquiera les da tiempo, y lo hacen adentro.

Aunque algunos niegan que en los raves se consumen drogas, otros lo admiten sin ambages.

No todos lo hacen, pero su uso no es sorpresa. Es parte de la "libertad" que la mayoría de los asistentes dice encontrar ahí.

El equipo de la Revista Dominical pudo constatar que en este rave del 30 de enero --organizado por dos jóvenes empresarios-- varios particulares que participaban de la fiesta consumían o vendían drogas.

Las "PASTILLITAS"

A esa hora, el rave estaba en su mejor punto. Era alrededor de la 1 de la madrugada. La música electrónica sonaba sin cesar y en un espacio oscuro de la sala, uno de los periodistas logró comprar estupefacientes.

El reportero se acercó a una mujer (que identificaremos como C), quien -acompañada de un joven-descansaba sentada en el pasillo de entrada al lugar. "¿Te acordás de mí?, le dijo, aprovechando que se conocían.

Ella, un poco desconcertada, meditó unos segundos y respondió que sí. Luego se inició una conversación entre ambos; hablaron brevemente de lo que habían hecho en los años que llevaban sin verse.

El reencuentro fue interrumpido por un muchacho norteamericano que quería drogas.

"Es la mejor; traída desde Colombia", le dijo ella en un inglés inseguro y trémulo.

"No me importa; toda es igual", respondió el estadounidense. "No; ¡es la mejor, no te vas a arrepentir!", replicó ella.

El potencial cliente no parecía estar muy convencido y ella no quería que se le escurriera.

"Te voy a dar una muestra; la probás y me decís si la querés comprar", terminó proponiéndole.

Este trato sí le pareció al comprador, quien lo aceptó. El sacó de su pantalón una cajita con pequeños pliegos de un papel similar al conocido como cebolla y le entregó uno a la vendedora.

Ella lo recibió, lo extendió y solícita sacó de un paquete de su bolso, una hierba verduzca, triturada y muy olorosa: marihuana. La puso en el papel, la cubrió y la entregó.

Después de intercambiar numeros de teléfono y algunas impresiones, el joven se marchó.

Ella, cerró la cremallera de su bolso y se apoyó en un instante de silencio.

En ese momento, el periodista rompió el hielo a quemarropa: ¿A cuánto la vendés?

"¢5.000 la onza, pero solo tengo media", respondió como si estuviera hablando de otro tema.

"¿Es buena?", le inquirió.

"Es pura cajeta colombiana y cuesta ¢7.500 la onza pero como yo conozco al que la trae, la doy más barata. ¿La querés?", le dijo C.

"Sí, dame la media onza", dijo el reportero.

C abrió de nuevo su cartera y comenzó a buscar su producto. Entre tanto, no dejaba de hablar de las bondades de su "hierba" y de lo bien que se levitaba con ella.

Cuando la palpó dentro del bolso, miró a los lados para cerciorarse de que nadie los estaba viendo.

Eso era difícil; estaban sentados sobre la alfombra con gente a los lados y con un tránsito constante frente a sus ojos.

C desenvolvió la droga, que estaba compactada en forma de cubo y dijo al periodista: "Poné la mano". El inmediatamente la extendió y la recibió envuelta en una hoja blanca impresa en caracteres arábes.

"¿No tenés pastillas?", interrogó el periodista.

"Sí, claro, tengo un coctel, pero es bastante caro", respondió alentada.

"¿Cuánto es caro?", le preguntó.

De nuevo una interrupción. Esta vez era una joven que andaba en busca de éxtasis, la droga sintética de moda en los raves.

-Sí tengo, pero lo vendo solo en coctel -respondió C.

-¿Que tiene el coctel? -cuestionó la clienta.

-Una pastilla de éxtasis y tres despeed. Todo por ¢12.500.

-¡¢12.500! -expresó sorprendida la muchacha.

Luego se marchó en dirección de un grupo de amigos, a pocos pasos del "puesto de venta", probablemente para consultar sobre la compra.

El reportero no dudó.

-Dame las pastillas -le pidió.

-Pero son ¢12.500 -recalcó C.

-Sí, está bien; las quiero.

Estas últimas palabras fueron casi mágicas, una especie de luz verde que permitió concretar la venta.

Días después, esta "compra" fue analizada en el Laboratorio de la Unidad de Servicio a la Industria, que funciona en la Escuela de Química de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Luego de someter las tabletas a varias pruebas cualitativas por espacio de dos días, el químico Eduardo Obando F., director del citado laboratorio, confirmó en un informe escrito que tanto la pastilla blanca de aparente fabricación casera, como dos pastillas rosadas y una amarilla de menos tamaño, son anfetaminas, un tipo de estimulantes del sistema nervioso que desencadenan en el cerebro la producción de unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores.

Concretamente, las anfetaminas y metanfetaminas actúan sobre la parte del cerebro que controla nuestro estado de alerta y nuestra conciencia. Cuando se consume esta droga, el cerebro libera diversos neurotransmisores, en cuenta las llamadas dopaminas, que al disminuir la fatiga, quitar el apetito y aumentar la sensación de "despierto", hacen que la persona se ⋅ sienta y se vea "acelerada", hiperactiva, con sobredosis de energía.

Como cualquier otra droga, la tolerancia de cada organismo hacia el éxtasis, el speed o el ácido, es diferente, y una sobredosis puede conducir fácilmente a la muerte.

De hecho, el año pasado se reportaron en Alemania 20 fallecimientos por abuso de estas drogas. En su mayoría, se trató de jóvenes menores de 25 años. En Inglaterra, solo por éxtasis, han muerto más de 50 personas desde 1992 hasta la fecha.

La moda de los 90

No obstante, los organizadores de este tipo de encuentros enfatizan que se trata de manifestaciones de paz, unificación y amor.

En Costa Rica, los raves se comenzaron a realizar como fiestas privadas en casas. El primero que se organizó de manera pública fue el 16 de febrero del año pasado en un conocido local de Escazú.

"Llegaron como 250 personas y fue tan exitoso que a los 15 días volvimos a hacer otro", comenta Iside Sarmiento, fundadora del primer grupo promotor de raves en el país, Generación X.

La joven explica que todo comenzó con la idea de ofrecer a los jóvenes una opción diferente de entretenimiento.

Junto con dos amigas, se dieron cuenta de que en el país no existían los espectáculos de música electrónica que ellas habían tenido la experiencia de conocer en diversas estadías en el extranjero.

"La idea de los raves es viajar y transportarse a través de las vibraciones de una música que casi no tiene letra, que en su mayoría es de sintetizadores", apunta Sarmiento.

Según dice, el éxito de estas fiestas estriba en que la gente va y puede bailar como quiera, hablar con quien quiera y vestir como quiera, en un ambiente de libertad total.

"Nosotros crecimos con la televisión, el Atari, el Nintendo y ahora con Internet, vivimos en un mundo electrónico y es obvio que nos guste la música electrónica; somos los zippies , o hijos de los hippies", prosigue.

"Son una expresión de energía sin raza ni edad", indica Ileana Sotela Blen, quien le ha dado a las fiestas locales un carácter internacional al traer a disc-jockeys (DJ's) del extranjero. Sotela enfatiza: "En mis fiestas nunca ha habido drogas." La misma aseveración hace Sarmiento, quien reconoce que lo que sí es imposible es evitar que alguien "se fume un puro" antes de una fiesta.

Los DJ's son un elemento vital de los raves pues son ellos los que provocan que la gente vibre o no. Son los responsables de que en la transición entre un disco y otro no se note y de que el ambiente se mantenga al máximo de actividad.

Su trabajo lo hacen generalmente con tornamesas y discos de acetato, no con discos compactos.

En Estados Unidos, por una noche los D.J.'s pueden llegar a cobrar $3.000, $5.000 y hasta más de $10.000.

Los montos que se pagan en Costa Rica a los D.J.'s "importados" son mucho menores, pero es un hecho que algunas personas han empezado a ver estas fiestas con ojos más que todo empresariales.

"A mí no me gusta este tipo de música, pero organizo raves porque son muy rentables", afirma uno de los jóvenes empresarios que para este efecto renta el local comercial del Paseo Colón, antes citado.

Polémica en el mundo

En Estados Unidos y Europa muchos han adoptado la "corriente rave" casi como un estilo de vida, pero también es cierto que ya estas fiestas han empezado a ser blanco de candentes polémicas.

Por ejemplo, el año pasado en Alemania se organizó en Berlín un rave que sus promotores denominaron Love Parade (Desfile del Amor) . El encuentro congregó a millón y medio de jóvenes.

Al final del maratónico espectáculo, muchos grupos ecologistas alzaron la voz de protesta pues en el parque donde se efectuó la actividad quedaron 150 toneladas de basura.

De acuerdo con la revista germana Der Spiegel , los costos para arreglar los destrozos ocasionados ascendieron a $100.000 (casi ¢25 millones).

Mas Iside Sarmiento asegura que los raves ticos son muy pacíficos.

Sabor sintético

Drogas como la cocaína y el crack parecen ser rechazadas -o menos aceptadas- en este tipo de ambiente.

"La gente prefiere las drogas químicas", confiesa un muchacho que frecuenta los raves. Otra joven que admite no haberse perdido ni uno de los organizados en el país, manifiesta: "La cocaína y el crack no se aceptan porque reprimen a la persona, dan una sensación de ahogo, y en elrave se busca todo lo contrario."

Los estupefacientes sintéticos resultan entonces los favoritos de los raves en todo el mundo. De estos, los más demandados son el éxtasis y el speed.

En Europa, el Instituto de Investigación Max Planck realizó un estudio en el que concluyó que de los 80 ó 150 miligramos que puede contener una pastilla de éxtasis solo una pequeña parte llega al cerebro, pero lo que llega, se dirige al hipocampo del sistema límbico, el sitio del cerebro que rige lo relacionado con sentimientos, recuerdos y emociones.

El nombre científico del éxtasis es MDMA (3,4-Methylenedioxy-n-Methylamphetamyna) y fue inventado por el biólogo californiano Alexander Shulgin, quien muy a menudo repetía: "El MDMA es la penicilina del alma."

Desde 1912, una importante firma farmacéutica la patentó para utilizarla como estimulante del apetito, pero el producto nunca llegó al mercado.

A partir de la década del 80, esta droga se consideró prohibida y a partir de 1987 en algunos países llegó a conocerse con el nombre de all night raves.

Cuando una persona consume éxtasis, sufre el fenómeno de hipertermia, es decir, la temperatura del cuerpo aumenta (hasta 40 ºC, incluso). Con el calor viene la hiperactividad y una necesidad de moverse, también aumenta el pulso y la transpiración.

"Es una droga que provoca fantasías", explica el médico Oscar Ferraro, quien dirige una clínica especial de tratamiento para adictos.

Para el director del Departamento de Sociología de la Universidad de Costa Rica, Jorge Hidalgo González, nuestra cultura enfatiza el pensamiento racional y se reprime el aspecto irracional. Por eso, los raves funcionarían como una válvula de escape.

"La palabra persona viene del latín máscara; ser persona es portar un atuendo y estos jóvenes quieren mostrar una máscara emotiva; buscan los raves porque quieren tener una vivencia, desean salir del mundo reglamentado y urbanizado", razona el sociólogo.

También comenta que al igual que Internet, los raves son un síntoma de la globalización.

El arte de manipular

Sonidos manipulados a través de la tecnología para crear un efecto muy claro en el público que los escucha. Así se podría definir la música techno que enciende las emociones de quienes asisten a los raves.

Los autores de la música de fin de siglo -como la catalogan los ravers- utilizan sintetizadores, computadoras, reproductores de discos compactos y hasta los tradicionales tornamesas para crear sonidos o modificar los ya existentes en piezas de estilos musicales tan característicos de estas fiestas como el Trip-Hop, el Ambient y el Jungle.

Para Marco Morales, creador de esta música en nuestro país, lo que se "toca" en los raves busca sólo una cosa: lograr que las personas se desahoguen hasta el cansancio de su realidad.

"Tiene un ritmo alucinante, cíclico, que emula un viaje a otra estratosfera. Es enajenante", cuenta Morales.

Aunque Morales admitió que el término "viaje" puede ligarse con las drogas, negó que sea necesario consumirlas para "volar" con la música. "Yo no consumo drogas y disfruto la música; pero como en todo, siempre hay gente que necesita incentivos".

¿Qué la distingue? Sus ritmos repetitivos, los sonidos electrónicos, las rápidas velocidades de las mezclas, la ausencia total de letra y su larga duración: el tiempo de una pieza de este tipo excede el promedio y puede alcanzar hasta 12 minutos.

Aunque como producto, la música pararave no es comercial, hay un selecto grupo de creadores que son mundialmente conocidos: Chemical Brothers, Orbital, Goa,Underworldy Prodigy.

Sus discos no se encuentran fácilmente en las discotecas de nuestro país, como sí ocurre en Europa. El precio de cada CD oscila entre ¢3.000 y ¢4.000, y generalmente los costarricenses interesados los compran a través de Internet. Pero Morales insiste en que se requiere de una mentalidad especial para apreciarla. "Es una mente rápida, que haya asimilado la modernidad; es la mentalidad de fin de siglo".

Disfraz anárquico

Colores llamativos, hechuras ceñidas al cuerpo, dibujos sin sentido; moda que va en contra de la moda. Estas podrían ser los elementos que mejor caracterizan los estilos de ropa que se utilizan en los raves.

A continuación ejemplos de atuendos para hombre y mujer que se venden en el país.

Pasos de altura. Zapatos negros, tipo bota, de estilos toscos y con suela tipo plataforma es lo que más utilizan los hombres (¢35.000). El dinero lo llevan en billeteras de colores fuertes.

Mirada burbuja. Aunque las fiestas son de noche, uno de los mayores atractivos de los raves son los anteojos de aros amplios y lentes de color rosado y amarillo, preferiblemente (entre ¢18.000 y ¢20.000).

Traje entero. Jackets que simulan el cuero, de solapas grandes, con diseños geométricos (¢35.000); camisas de colores vivos, frescas de manga corta (¢12.500); y pantalones pegados al cuerpo (¢17.000) conforman el traje "formal" de los hombres en estas fiestas.

Camisetas cyber. Las mujeres prefieren las camisetas ajustadas y pequeñas porque además de ser frescas para soportar el calor, dejan visible parte de su abdomen (¢7.000).

Conjunto espacial. Plateados, rojos, anaranjados o negros, estos conjuntos ceñidos son lo más representativo de la moda rave para mujeres. Algunos están fabricados en látex u otra tela sintética y se combinan con zapatos plataforma del mismo color.

Palabras claves

Estas son algunas frases que, de manera frecuente, se usan en las fiestas rave:

Estar muy freak: Estar nervioso, estresado.

n"Mae, estoy tripiado": Del inglés trip, es decir, viajar; a menudo se refiere al viaje mental que produce la droga.

Estar muy flesh, estar fleshado: Alucinar, estar viendo cosas imaginarias.

"¡No se ofusque!": Tranquilo, no pasa nada; estamos en lo mismo.

Estar transportado: Estar sintiendo la música, el ambiente.

n"Estoy extasiado": Haber tomado mucha droga éxtasis.

"Me siento libre"

Este es el relato de una joven capitalina de 20 años , que frecuenta los raves y aceptó narrar sus experiencias a la Revista Dominical.

"El primer rave que conocí fue el año pasado, en un bar-discoteca de Escazú. Estaba llenísimo; imagínese que hicimos fila una hora. Como solo dejaban entrar con identificación, era increíble ver a toda esa gente con la cédula en la mano. Yo ya era mayor de edad pero había perdido la mía y solo pude entrar gracias a que una amiga pasó primero y me pasó su cédula.

La impresión que tuve esa noche fue que la gente era muy rara; más que vestidos, me pareció que todos estaban disfrazados.

Las muchachas tenían escarcha en la cara y estaban maquilladas con estrellitas, como Kiss, aquel grupo de rock de los 80.

Algunos andaban antifaces y anteojos de cristal amarillo y anaranjado; otros andaban con ropa de plástico de colores muy llamativos.

Lo que me gustó es que nadie me hizo mala cara. Cada uno estaba en lo suyo sin darle importancia al aspecto de los otros, se sentía un espíritu de paz y todos estaban felices.

De ahí en adelante, he ido a todos los raves. El principal motivo por el que voy es porque me siento libre.

Ahí la música es diferente, el baile es diferente, la actitud es diferente; a mí me desestresa muchísimo.

En los raves, la gente casi no habla; te comunicás con movimientos, gestos y algunos a través de las drogas.

Porque, como en todo lado, también hay drogas... Eso sí, no todos las usan."

Viaje a las estrellas

"Las más comunes son la marihuana, el éxtasis y el ácido.

La cocaína no es muy común en este ambiente porque te da una sensación de ahogo. Con la coca, percibís que te están viendo, te sentís acosado y ese no es el fin del rave. Todo lo contrario; lo que buscamos ahí es libertad. A nadie le importa si estás drogado o no; todos nos aceptamos como somos, sin prejuicios.

Los efectos de las drogas son muy diferentes. El éxtasis te produce una sensación de orgasmo; te dan muchas ganas de tocarte vos mismo. Viene en una pastillita o una cápsula de color blanco o rosado. Después de tomarlo, con solo que te respiren cerca sentís rico. Para que se te pase el efecto del éxtasis, tenés que tomar mucha agua o jugo de naranja...

El ácido tiene una reacción distinta. A simple vista parece un cuadrito de plástico de medio centímetro. Cuando te lo ponés en la boca, te produce alucinaciones; estás consciente de que estás viendo cosas imaginarias pero no podés hacer nada.

La primera vez que probé el ácido, sentí las alucinaciones. Afuera de la casa donde estaba el perro ladraba y no sé por qué yo lo confundía con mi novio, es más: hubo momentos en que le dije: `Mi amor, ya te abro la puerta.' En eso me daba cuenta de que estaba alucinando y entonces pensaba: `¡Me estoy volviendo loca!'

Para mí lo mejor del ambiente de un rave es después de las 11 de la noche; me parece que ponen la mejor música y se siente la mejor vibra.

Por lo general, duran hasta las 4 ó 5 de la madrugada. Pero ahí no termina todo. A veces hay lo que llamamos after hour. Nos vamos poquitas personas para una casa y ahí seguimos la fiesta hasta las 8 ó 9 de la mañana.

Para mí, hay un problema con los raves que tienen barra libre porque, como todas las bebidas son gratis, la gente se emborracha, se alborota mucho y algunos comienzan a vomitar dentro y fuera del local. Ese tipo de gente no comprende la verdadera razón de la fiesta."

Buscamos paz

"Eso sí, todas las personas que van a los raves son gente pacífica. Es muy común ver gays y lesbianas, pero nadie les dice nada; todo es parte del espíritu de libertad.

La música casi no tiene letra y cada quien la baila como quiere; no hay una forma única, algunos mueven la cabeza, o los brazos o las piernas...

La gente que va a los raves tiene de 18 años en adelante, incluso hasta 30 años, o más.

En la entrada de algunos raves levantan una lista de personas; si vos querés apuntás tu número de teléfono, y ellos te avisan cada vez que hay uno nuevo.

Estamos viviendo un tiempo nuevo, y la gente nueva necesita experiencias nuevas.

Eso sí: para meterte en esta nota, tenés que ser una persona muy segura de vos. No podés tomarlo como un estilo de vida. Es algo para relajarte, pero no podés relajarte toda tu vida.

El rave es una loquera. Es una manera de gritarde al mundo: ¡Hey, aquí estamos, existimos; somos una minoría pero queremos que nos acepten!"

Colaboraron con esta información Gerardo Chaves, traductor, y el periodista Mauricio Herrera, desde Alemania.


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