Historia

Los primeros lazos con Europa

ENRIQUE TOVAR


Hace 150 años, Costa Rica inició relaciones con Inglaterra, Alemania y Francia.

ocas veces en la historia patria las acciones diplomáticas fueron tan intensas y fructíferas como hace siglo y medio.

A pesar de las distancias geográficas y de la falta de comunicaciones como las de hoy en día, y no obstante las situaciones un tanto confusas e hipersensibles en la Centroamérica de entonces, la diplomacia costarricense se adjudicó una rotunda victoria que, en buena medida, contribuyó a la creación de la República de Costa Rica.

Del 28 de febrero al 12 de marzo de 1848, el Estado de Costa Rica concretó relaciones con Alemania, Francia e Inglaterra.

Bastaron menos de dos semanas para que este pequeño Estado, con apenas 26 años de haber alcanzado la independencia de España, y dentro de un Caribe donde las potencias de la época invadían territorios cada vez que se les antojaba, lograra tender puentes de amistad y respeto al tiempo que se erguía como nación soberana y libre.

Todavía en la atmósfera centroamericana se mantenían fresquísimas y llenas de ánimo las aspiraciones unionistas, y Estados Unidos e Inglaterra empezaban a echarse los primeros pulsos sobre la hegemonía hemisférica, bajo la atenta e imperial mirada de los franceses y los suspiros sin fatiga de una España que todavía se consideraba con derechos en sus antiguos territorios de ultramar.

La necesidad de una protección por parte de una potencia fue un anhelo de varios jefes de Estado, entre ellos del Dr. José María Castro Madriz, quien el 8 de mayo de 1847 asumió la presidencia del país.

Como ello no fue posible, buscó estratégicamente establecer relaciones con las potencias europeas, una forma de neutralizar cualquier pretensión expansionista y una forma de hacer imponer la categoría de Costa Rica de nación independiente y soberana.

Dos semanas de diplomacia

El 28 de febrero de 1848 se estableció el primer convenio de Costa Rica con un país europeo. Eso sucedió en Ciudad Guatemala, donde Federico Chatfield, representante de Gran Bretaña, firmó un tratado de amistad con Costa Rica, representado nuestro país por Nazario Toledo.

Aún no se había secado la tinta del documento aludido, cuando, el 10 de marzo del mismo año y en la misma ciudad, Toledo suscribió un acuerdo similar con las Repúblicas Hanseáticas, las cuales, en 1871, bajo la dirección de Guillermo II, pasaron a formar la República de Alemania.

Con ese empuje, dos días después, el 12 de marzo, se estableció el tratado Toledo-Baradère, también convenio de amistad, comercio y navegación. Para este último, Nazario tuvo que sortear un reclamo de un súbdito francés, Jacques Mercher, quien se consideraba perjudicado por la extinta República de Centroamérica por una cuantiosa suma. Al final, Costa Rica asumió la responsabilidad de cancelarle 7.409 pesos (por ese entonces la moneda nacional y de similar paridad al dólar).

Así, en resumen, pareciera que todo estuvo muy fácil. Sin embargo, las adversidades que hubo que superar fueron múltiples. Incluso, el diplomático Federico Chatfield, de ingrata memoria para muchos centroamericanos, el 3 de noviembre de 1847 le negó facultades a Costa Rica de dictar leyes, no obstante estar separada de la Unión Centroamericana aunque todavía no era república. Esta condición la alcanzó el 31 de agosto de 1848 por iniciativa del presidente Castro Madriz, quien poco tiempo después dotó al país de un símbolo y un pabellón tricolor, apartándose del bicolor del resto de las naciones del istmo.

Posteriormente se sucedieron diversos tratados con esas potencias europeas, fortaleciéndose así las relaciones, excepto con Alemania, con las que se rompieron en dos ocasiones con motivo de las grandes guerras mundiales del presente siglo. n

Diminuta pero inquieta

Pequeñísima, con menos de 100 mil habitantes, con apenas seis ciudades y ocho villas, y cerca de 50 sacerdotes. No era siquiera república y las pocas exportaciones de café -lo único que se enviaba al extranjero- constituían todo un acontecimiento.

Esa Costa Rica posfederada, ya recelosa del resto de Centroamérica, y pre-república, inició hace siglo y medio sus relaciones con Inglaterra -entonces la potencia número uno del mundo-, Francia y las Ciudades Hanseáticas, que muchos años después formaron el imperio alemán.

Entonces apenas daba sus primeros pasos el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Educación, y el primer Liceo para Señoritas. Por otro lado, se hacían las gestiones preliminares ante el Vaticano para que creara la Diócesis de San José y nombrara el primer obispo, lo cual rindió frutos posteriormente, el 28 de febrero de 1850, con la designación de Anselmo Llorente y Lafuente como prelado.

En julio de 1848 llegó la noticia a San José de que en la costa del Pacífico el choque con una ballena hizo naufragar a una embarcación y en agosto el incipiente comercio sufrió un impacto con la fijación de un impuesto del 10 por ciento a la mercadería importada.

En esa época estaban a la orden del día los fusilamientos. Varios homicidas y ladrones fueron ejecutados.

También se mantenían tensas las relaciones con Nicaragua por la falta de una definición de límites fronterizos y por la disputa entre Estados Unidos e Inglaterra por la construcción de un canal interoceánico, el cual se proyectaba realizar por el río San Juan y el Lago de Nicaragua.

El 31 de agosto de 1848 fue fundada la República de Costa Rica y en diciembre del mismo año fueron creados los cantones de San José, Escazú, Alajuela, Cartago, La Unión, Paraíso, Heredia, Barva, Esparza, Liberia, Nicoya, Santa Cruz y Bagaces.

En solo siete meses el presidente José María Castro Madriz tuvo que sofocar seis rebeliones, una de las cuales produjo un total de 21 muertos. Esto llevó al mandatario a presentar la renuncia al cargo, pero el Congreso no se la aceptó. Finalmente, el presidente Castro dejó el puesto en noviembre de 1849, el cual fue asumido el 29 de ese mismo mes por un joven comerciante y productor de café: Juan Rafael Mora Porras.


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