VARIEDAD

¡Pura vida! a la mexicana

Ivannia Varela
Revista Dominical

El popular saludo que caracteriza a los costarricenses tiene sus raíces en una película mexicana interpretada por el cómico y estrafalario actor "Clavillazo"

Desde México nos llegaron el guacamole y los tacos, la algarabía contagiosa de Cantinflas o el romantisismo de las rancheras para matizar las serenatas, pero pocos conocen que el tradicional saludo del ¡pura vida! con el que los ticos han cobrado fama alrededor del mundo, también proviene de la tierra de los aztecas.

Escasas letras se han escrito sobre este tema, sin embargo existe evidencia de que fue a finales de la década de los años 50 cuando algunos costarricenses comenzaron a emplear esta frase que poco a poco se transformó en nuestra principal carta de presentación, sin distinción de edad, sexo o clase social.

El humorista mexicano Antonio Espino Mora, o mejor conocido como "Clavillazo" -quien falleció en 1993- es el posible responsable de que este decir cobrara tanta popularidad, debido a las representaciones teatrales o películas que filmó mientras alternaba los escenarios con los inmortales del celuloide Mario Moreno (Cantinflas), Resortes o Tin-tan.

Y es que cada chiste y ocurrencia de este delgado personaje de traje bombacho y gorra en forma de tres picos, era rematado con frases como "nunca me hagan eso" y por supuesto: "pura vida, nomaaaaaas", recuerda Virgilio Huezo Ruiz, un ciudadano que se ha caracterizado por investigar el origen de algunas costumbres de Costa Rica.

Tan habitual era la expresión "pura vida" empleada por este comediante que el maestro del cine de aquella época, Gilberto Martínez Solares, decidió dirigir el 27 de mayo de 1955 un filme titulado de esa manera, en el cual Clavillazo era el personaje principal, señala José Meléndez, periodista costarricense que desde hace 21 años trabaja como corresponsal internacional del periódico el Excélsior de México y ha escrito algunos artículos sobre la procedencia de esta frase.

De acuerdo con biografía proporcionada por el Centro Cultural Méxicano en el país, la película ¡Pura Vida¡, estrenada en Costa Rica en 1956, narraba las peripecias de un hombre llamado Melquiades que fue expulsado de su pueblo porque traía mala suerte; historia que se repite en su nueva vecindad donde sin tener realmente la culpa es tachado de ladrón y provocador de incendios.

La desgracia de este personaje termina cuando, por esas casualidades de la vida, adquiere un billete de lotería premiado con un millón de pesos.

Imitación "pachuca"

Desde que Clavillazo acuñó su "pura vida", algunos sectores de costarricenses conocidos en la jerga popular como "pachucos" (persona de hábitos sociales y de habla no aceptada por el común de la población) comenzaron a utilizar la frase con mayor frecuencia. A principios de la década de los 70 ya se había generalizado a todo el país.

Así lo sostiene Meléndez, quien cuatro años atrás entrevistó al filólogo Arturo Agčero, miembro de la Academia de la Lengua, el cual le explicó en aquella oportunidad que una de las posibles razones por las cuales esta expresión cobró preponderancia fue el ambiente que caracterizaba a Costa Rica en comparación con el resto de Centroamérica, donde la guerra y el dolor eran una constante.

"La situación en Nicaragua era cada vez más explosiva đantes, durante y después del derrocamiento de la dictadura somocista- y la del resto del istmo seguía calentándose, mientras que Costa Rica recibía oleadas de refugiados y asilados salvadoreños, guatemaltecos y nicaragčenses que contaban trágicas historias de muerte; extrañas a la vida cotidiana del costarricense", comentó Meléndez desde la Habana, Cuba, donde actualmente se encuentra destacado como corresponsal.

Para un país sin ejército desde 1948 el término en mención permitió una vez más a los ticos diferenciarse de sus vecinos y mostrar una manera muy particular de ver el mundo. Es así como mientras que en Nicaragua para otorgarle el máximo valor a algo, se dice que "está de muerte", para los costarricenes está: "pura vida", tal como ha resaltado en varias oportunidades el pintor nicaragčense Alberto Icasa, radicado en e país.

Esta entusiasta expresión se ha quedado grabada en la boca de grandes y chicos, lo cual ha captado la atención del turista que corre a adquirir camisetas u otros artículos donde las ocho letras se encuentren impresas y pueda transmitir el mensaje en otras zonas del orbe.

La popularidad de ese "pura vida" de los ticos ha crecido tanto que los más recientes diccionarios de costarriqueñismos ya la incluyen entre sus páginas como un modismo aplicado para saludar, despedirse, agradecer o simplemente para mostrar admiración hacia una situación, objeto o persona.


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