Variedad

Se buscan delfines

Alejandra Zúñiga V.

Una bióloga marina recorre las aguas del Pacífico Norte costarricense para monitorear y fotografiar las poblaciones de cetáceos que allí habitan.

Allí van", manifestó la bióloga Laura May Collado sin perder la serenidad. Efectivamente, un grupo de 15 a 20 delfines manchados (Stenella attenuata) emergieron de las aguas del océano Pacífico, frente a la playa G,iri-g,iri, en bahía Culebra, Guanacaste.

Veloces y tímidos, los animales salían a la superficie por unos instantes y volvían a sumergirse, mientras la especialista los observaba con detenimiento, más atenta que emocionada. "Es probable que estén comiendo", comentó May, al tiempo que anotaba la posición del hallazgo y se aprestaba a tomar fotografías.

Eran las 7:15 a. m. del sábado 27 de mayo. May y Álvaro Morales, ambos del Centro de Investigaciones de Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR), de la Universidad de Costa Rica, habían iniciado su recorrido 45 minutos antes en playa Panamá, a bordo de una lancha Zodiac.

Su propósito: monitorear y fotografiar las poblaciones de delfines y ballenas que habitan en el Pacífico Norte.

"Aunque se han estudiado en golfo Dulce e isla del Caño, se conoce muy poco sobre ellos en esta zona", aseveró May, quien empezó este proyecto de investigación en las islas Murciélago y bahía Cuajiniquil hace un año, y en marzo pasado incluyó en su área de estudio a bahía Culebra.

Frutos de la tenacidad

Mes a mes, la bióloga recorre en bote esos sitios, por períodos de dos a cinco días en cada oportunidad. Las jornadas arrancan por lo general a las 6 a. m. y se prolongan hasta el atardecer.

En cada ruta establece previamente "transectos", es decir, líneas imaginarias en el océano, y además se ayuda con un sistema de localización por satélite (conocido por las siglas GPS).

Cuando en algún transecto aparecen delfines, la investigadora registra su posición e intenta contarlos. Si es posible, los sigue en el bote. "Me interesa ver qué están haciendo, si están jugando o comiendo, y si en el grupo hay crías, jóvenes o adultos".

También los fotografía para poder identificarlos. Según explicó, la fotoidentificación es una técnica avalada por la Comisión Internacional de Ballenas pues no altera a los animales. Además, es una fuente de información detallada y tiene menor costo que el marcaje, otra técnica utilizada para censar poblaciones de cetáceos.

Las fotografías más representativas son las que captan la aleta dorsal y el lomo de los delfines. En el caso de las ballenas, las imágenes que más información aportan a los estudiosos son las de la parte posterior de su cola, que es lo último que desaparece cuando estos animales se sumergen.

"Se sugiere fotografiar la aleta dorsal porque es la parte que más se ve y la que puede presentar rasguños, cicatrices u otro tipo de marcas. Estas fotos, sumadas a las imágenes del lomo, nos arrojan datos muy confiables", expresó May.

En el transcurso del proyecto, los investigadores han contado con la ayuda de estudiantes y voluntarios, así como de varios pescadores de la zona.

"Se han involucrado mucho; siempre me cuentan cuando ven delfines. Al principio fue difícil, pero ahora creo que me han aceptado; incluso, me siento más segura cuando navego", admitió May.

Quince delfines adultos

La escena es capaz de emocionar a cualquiera, mas para Laura May es algo más que una estampa conmovedora. Cuando tiene la suerte de encontrar a un nutrido grupo de delfines o ballenas, lo consigna como un buen día en su trabajo.

El 27 de mayo, en bahía Culebra, divisó a un primer grupo de cetáceos en el cuarto transecto (frente a playa G,iri-g,iri). Eran entre 15 y 20 delfines manchados de la subespecie costera, la mayoría de edad adulta.

"Estos son más oscuros y tienen muchas manchas blancas en el dorso; los jóvenes, en cambio, tienen pecas pequeñas en la panza, y las crías son de color gris claro", precisó.

El grupo de investigadores navegó en la misma dirección que los delfines durante algunos minutos, mientras los animales parecían estarse alimentando, posiblemente de calamares y peces. Después de apuntar sus características y hacerles varias fotos, continuaron el trayecto por la bahía.

No vieron más cetáceos ese día, pese a que estuvieron durante cinco horas en el mar.

"Resulta imposible saber cuántos animales vamos a ver o si se van a ver bien. Por eso, el recorrido de la mañana se repite en la tarde", afirmó Morales.

Mares fértiles

Parece ser como buscar agujas en un pajar pero May ha logrado ver varias ballenas jorobadas que llegan a la zona para concebir y dar a luz. Inclusive, ha escuchado a los machos cuando cantan durante el cortejo.

Entre los resultados preliminares de la investigación que desarrolla la bióloga, ella menciona la cantidad de observaciones que han logrado hacer a grupos de cetáceos y la conclusión de que los delfines –y principalmente el manchado– son abundantes en nuestro Pacífico Norte.

Además, han creado una base de datos en el CIMAR que incorpora las fotografías tomadas hasta el momento. "Tenemos unas 200, en su mayoría de delfines manchados. Pero la idea es que ese número siga creciendo".

Precisamente con esa finalidad, May ha preparado una guía para que fotógrafos aficionados logren captar imágenes de delfines y ballenas en todo el país, y contribuyan así con el estudio.

Con indicaciones sencillas (por ejemplo, mantener el bote en dirección paralela a la que sigue el grupo de delfines), la bióloga pretende estimular al público para que se incorpore en esta cruzada fotográfica. "La idea es utilizar la técnica de la fotoidentificación en toda la costa Pacífica, y más adelante continuar en el Atlántico", aseguró.

Si usted tiene interés en colaborar o necesita más información, puede llamar al CIMAR (teléfono 207-3201) o enviar un fax al 207-3280.




Casi sirena

Desde niña, supo que trabajaría con animales. Pero fue en la universidad cuando Laura May Collado se decidió por los delfines.

"Mi papá trabajó con compañías bananeras durante mucho tiempo, por lo que siempre vivimos cerca de bosques y de ríos. Desde pequeña, mis mascotas eran armadillos, mapaches y tortugas", relató esta joven costarricense de 29 años.

Al ingresar en la Universidad de Costa Rica, optó por estudiar biología y, específicamente, los mamíferos marinos. Poco después se percató de que, en ese momento, ningún investigador trabajaba con delfines y fue cuando se decidió por esa área de estudio.

Tras el financiamiento

En 1998, obtuvo una beca para llevar cursos de maestría en la Universidad de Portland State, Estados Unidos. Allí trabajó con una de las científicas más reconocidas en materia de cetáceos, Deborah Duffield.

"Yo llegué y le dije que quería aprender lo más posible en el tiempo que tenía, que no me subestimara. Trabajé con ella en el laboratorio y en las aulas, y me ayudó muchísimo; inclusive en la redacción de propuestas para conseguir financiamiento para el proyecto en Costa Rica", recordó.

Pese a esto, los fondos no llegaron rápido. Cuando May estaba a punto de desistir, ganó el Emily Award, un premio internacional para estudiantes de posgrado que entrega la Sociedad de Mastozoólogos Marinos, y por la misma época se le informó que la fundación The Nature Conservancy había decidido otorgarle apoyo financiero a su proyecto.

Fue entonces cuando empezaron sus viajes al Pacífico Norte del país, donde hoy monitorea y estudia a los delfines y ballenas. Estas giras las alterna con su trabajo como instructora de campo del curso de biología tropical y conservación de la Universidad de California, cargo que la obliga a desplazarse periódicamente hasta la reserva de Monteverde.


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