Personaje

Monseñor Thiel el hombre tras el Obispo

Gabriela Rodríguez

Misionero incansable que recorrió el país de extremo a extremo, Bernardo Augusto Thiel, segundo obispo de Costa Rica, tenía alma de zoólogo, cartógrafo, coleccionista de arte y estudioso de los idiomas.

Más que satisfecho se encontraba Bernardo Augusto Thiel comprando las verduras para el Seminario Mayor, cuando el presidente Tomás Guardia lo postuló para obispo de Costa Rica. Tenía 30 años y había llegado al país en diciembre de 1877, durante un viaje desde Ecuador cuyo destino era Alemania, su tierra natal. Pero su "escala" en suelo nacional se prolongó de por vida.

Desde su llegada asumió el cargo de procurador en el Seminario Mayor (entonces llamado Colegio Seminario) y por eso tenía el deber de comprar periódicamente los víveres.

Quienes han oído mencionar a Bernardo Augusto Thiel o han leído sobre él en algún libro de historia, lo recuerdan como el obispo que fue desterrado en la época de los jesuitas. Y pare de contar.

Pero la biografía del segundo jerarca de la Iglesia Católica en Costa Rica de Costa Rica, quien nació en 1850 en Elbelferd, Alemania, tiene muchas otras vetas prácticamente desconocidas.

Hombre que dominaba con fluidez siete idiomas, zoológo aficionado, amante de la cartografía, coleccionista de arte y de objetos indígenas y misionero incansable que recorrió entera la geografía del país, pocos se han interesado tan profundamente por el bienestar de los pueblos indígenas costarricenses y, especialmente, por la población de Guatuso.

En reconocimiento a su empeño por engrosar el archivo eclesiástico de Costa Rica, la nueva sede del Archivo de la Curia Metropolitana –inaugurada el lunes pasado– lleva su nombre. En la puerta principal del edificio, ubicado en un costado de la llamada "iglesia de las Ánimas", en avenida 10, se lee en letras plateadas: "Archivo Histórico Arquidiocesano Monseñor Bernardo A. Thiel".

Uno de los más interesados en aprender sobre la vida de este prelado fue el arzobispo Víctor Manuel Sanabria, de quien algunos dicen que tenía muchas características similares a las de Thiel. Sanabria publicó en 1941 el libro Bernardo Augusto Thiel, Segundo Obispo de Costa Rica. Apuntamientos Históricos.

Más recientemente, la investigadora Ana Isabel Herrera Sotillo, quien desde hace varios años realiza una exhaustiva investigación sobre la historia de la Catedral Metropolitana, ha hurgado en los archivos de la Curia Metropolitana, y ha encontrado allí cartas, cuadernos, apuntes y otra serie de documentos que muestran la faceta intensamente humana de Thiel.

Devoción por Costa Rica

Thiel fue el primero de tres hijos procrerados por José Thiel y Elena Hoffman.

Cursó la enseñanza primaria y secundaria en su pueblo natal y en Francia ingresó al seminario. De ahí fue trasladado a Ecuador y varios años más tarde llegó a Costa Rica donde, además de desempeñarse como procurador del Seminario, se convirtió en profesor de derecho canónico y teología dogmática.

Monseñor Anselmo Llorente y Lafuente, primer obispo de Costa Rica, había fallecido en 1871 y desde entonces su puesto estaba vacante. Por varios años, el padre Domingo Rivas se hizo cargo de la Catedral pero algunos jerarcas de la Iglesia se oponían a su nombramiento como obispo.

Fue en 1879 cuando, para sorpresa de Thiel, Guardia lo propuso para el cargo. De hecho, en una carta que escribió por aquellos días afirmaba que "estaba muy tranquilo comprando papas en el Seminario".

El 5 de setiembre de 1880 Thiel fue consagrado Obispo de Costa Rica y, desde el principio de su gestión, su obra se expandió por todo el país: construyó templos, fundó parroquias y asociaciones de beneficencia y estableció diversas órdenes religiosas (los dominicos, franciscanos, betlemitas y las monjas de Sión).

Entre indígenas

Su labor evangelizadora en los pueblos indígenas figura entre sus mayores méritos. Según cuenta monseñor Sanabria, antes de que Thiel llegara la zona de Guatuso, "de los indios guatusos nadie se acordaba", pues más de un siglo atrás, se frustró el intento del obispo Esteban Lorenzo de Tristán –de Nicaragua y Costa Rica– de entrar cuando uno de los sacerdotes que lo acompañaba murió por varios flechazos.

Thiel emprendió su primera visita pastoral a Guatuso en 1882 con una comitiva de 36 personas, entre ellas, el sacerdote Francisco Pereira, dos indios de Tucurrique para que pescaran con flechas, y un indio guatuso que había sido capturado y vendido anteriormente por los huleros y hablaba español. Este último se desempeñaría como traductor.

"En la crónica de su viaje, Thiel cuenta que al llegar a los palenques no aparecía ningún indígena y era obvio que estaban escondidos porque había comida preparada. El temor de los aborígenes era que nuevos huleros los capturaran para venderlos después como esclavos", precisa Herrera. Cuando finalmente logró acercarse a ellos, llegaron a desarrollar una relación muy estrecha. En total, hicieron cinco expediciones a Talamanca y cinco más a Guatuso.

Tantas visitas canónicas realizó monseñor Thiel por los recovecos de Costa Rica, que dibujó múltiples mapas locales de asombrosa precisión.

También fundó los periódicos católicos El Mensajero del Clero y El Eco Católico, que todavía cicrula.

Gracias a su estrecho contacto con los indígenas, Thiel se enteró de que, tanto en San Carlos como en Naranjo, los habitantes utilizaban una planta para tratar a las víctimas de mordeduras de toboba, una serpiente que en aquella época causaba la muerte de 50 personas por año.

Tras asegurarse de que la hierba poseía en realidad poderes curativos, el mismo Thiel se encargó de divulgar el hallazgo.

Mandó la información a centros científicos de Estados Unidos y Europa y logró interesar al doctor Oscar Liebreich, de Berlín, a quien envió varios ejemplares de serpientes conservadas en alcohol.

El destierro

Thiel vivió una de las épocas más duras para la Iglesia Católica en Costa Rica. Aunque en varias cartas que se guardan de él, el obispo afirma que nunca entendió la razón de su destierro, según el libro de monseñor Sanabria, aparentemente hubo ciertas discrepancias insuperables entre Thiel y el gobierno. Primero se culpó al obispo de influenciar al sacerdote alemán Jodoco Krautwig, quien predicaba contra los liberales. Se le llamó la atención a Thiel pero, como las críticas de Krautwig no mermaron, se le atribuyó al prelado la responsabilidad. Posteriormente, en una visita a la biblioteca de San Ramón, Thiel encontró libros prohibidos por la Iglesia e intentó retirarlos, lo que el gobierno consideró como una intromisión. Por otra parte, los jesuitas, subordinados de Thiel, discrepaban abiertamente con los liberales.

El decreto de expulsión se publicó el 18 de julio de 1884. Monseñor Thiel partió hacia Europa y en su viaje pasó por Estados Unidos. Tras detenerse brevemente en el Vaticano, llegó a Alemania para visitar a sus familiares y regresó al poco tiempo a Centroamérica. Allí, se instaló en Panamá "para estar lo más cerca posible de su querida diócesis".

Entr tanro, el gobierno liberal de Próspero Fernández prohibió establecer órdenes monásticas y comunidades religiosas, ordenó secularizar los cementerios, eliminó la enseñanza de la religión de escuelas y colegios, y restringió el culto público solo al interior de los templos. Además se proclamó la aceptación del divorcio, el matrimonio civil y la libertad de culto.

El destierro continuó hasta 1886 cuando Bernardo Soto asumió la presidencia de Costa Rica y le fue permitido a Thiel regresar.

Su trabajo se prolongó hasta el día de su muerte, el 9 de setiembre de 1901. Tenía 51 años y lo consumía la enfermedad de angina de pecho, condición que se le agravó por el agitamiento acumulado a causa de sus muchos viajes.

Pero los 21 años que duró su misión en el país tuvieron la virtud de multiplicarse en el tiempo y en el espacio; tanto que algunos se atreven a afirmar que la historia de la Iglesia en Costa Rica está dividida en antes y después de monseñor Thiel.




Clamor por justicia

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Con una claridad absoluta y un manejo ejemplar de la economía de aquellos años, Thiel escribió en setiembre de 1893 la llamada Carta Pastoral del Justo Salario, uno de sus más importantes documentos.

En este escrito, que en su momento debió despertar una intempestiva ola de reacciones, el obispo hacía un llamado a los gobernantes y a los dueños de fincas para que pagaran a los jornaleros un salario apropiado.

Para ello analizaba los problemas sociales que enfrentaban las personas de escasos recursos, quienes, según sus propias palabras, no contaban con el dinero suficiente para mantener a sus familias.

La situación era tan crítica que muchos enviaban a sus hijos al mercado para que saciaran su hambre con las cáscaras. Y el café, pese a ser el principal producto de Costa Rica, brillaba por su ausencia en muchos hogares.

En este documento, Thiel también denuncia públicamente la crisis de la moneda costarricense y la injusta repartición de los bienes. Su crítica tiene como base la Encíclica Rerum Novarum, escrita en 1891 por el papa León XIII. n




Apuntes idiomáticos

El alemán fue la lengua materna de Bernardo Augusto Thiel, pero el obispo se desenvolvía con igual fluidez en latín, francés, griego, hebreo, inglés (que aprendió en Costa Rica) y, por supuesto, español.

Imposible le resultaba ocultar su pasión por los idiomas. En un cuaderno encontrado por Ana Isabel Herrera en el Archivo de la Curia, se leen los apuntes que hacía el prelado en relación con ciertas palabras y expresiones coloquiales costarricenses. Junto a cada cual, escribía su significado en alemán o en español. Estas son algunas de esas frases que, recién llegado a Costa Rica y antes de convertirse en obispo, le llamaron la atención. Son apuntes de enero de 1878.

Manosear un objeto v Pasar por alto v Cosa baladí v Poner apodos v Garbo v Cacharro v Quemarse las pestañas v No se me da un comino v Empalagoso v Escuchar con oídos atentos v Echar hondas raíces v Dar muchos vuelcos en la cama v El gusano remordedor de la conciencia v Una larga soga de miseria v Palabras punzantes/picantes v Dejarse llevar a la cólera v Fruncir las cejas v Relámpagos que parten de sus ojosv Ideas enrevesadas y tenebrosas v Prometer el oro y el moro v Matar las horas v Azuzar los malos instintos v Ve uno cosas que le dejan a uno patitieso v Jamás las he visto más gordas v Diquis miquis (escrúpulos vanos) v Esto me hace mella (me causa efecto) v Echar rayos y centellas v Mote (apodo) v Tonto de remate.


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